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Que viajen todos

Luis Agüero Wagner
Redacción
lunes, 21 de enero de 2008, 06:15 h (CET)
Hace unos días un pequeño y casi ignoto partido presentado como de izquierdas, pero paradójicamente regado con dólares de organismos de penetración y coacción al servicio del imperio norteamericano, empapeló muros de la capital paraguaya con su afiche “Que Viajen ellos”, con fotos del presidente Nicanor Duarte Frutos y un influyente senador oficialista, que en ese preciso momento sostenían una polémica con el embajador norteamericano James Cason. Puede interpretarse, por lo tanto, que se trató de un gesto de merecido desagravio al insigne embajador de George W. Bush en Paraguay, en retribución por la generosidad que desde USAID, IAF, NED y otros organismos bajo control de Washington se manifiestan hacia la Casa de la Juventud, ONG que recauda para financiar al grupo en cuestión, el PMas de Paraguay.

El afiche se refería a la emigración masiva que en busca de mejores horizontes económicos realiza buena parte de la población paraguaya desde tiempos inmemoriales, por lo que cabe refrescar la memoria a los responsables de la campaña de afiches sobre la labor en ese y otros temas relacionados del partido Liberal, al que apoyan con sus campañas.

En primer término, viene al caso citar al estadista Eligio Ayala, presidente del Paraguay de 1924 a 1928, quien escribió un libro sobre el tema del éxodo paraguayo titulado “Migraciones”, en el que afirmaba en forma tajante que nunca la emigración fue tan numerosa, ni alcanzó un flujo tan grande como después de la revolución de 1904 (la que puso en el poder al Partido Liberal). Quien fuera uno de los presidentes más ensalzados de la era liberal, atacaba en ese libro a la agrupación que lo llevara a la presidencia de la república afirmando textualmente que muchos obreros rurales, que abrigaban pasiones políticas contrarias a las del partido gobernante (el Liberal) emigraron, amedrentados, aterrorizados, con amargo despecho en el corazón.

Ayala también describe cómo se perseguía por prejuicios y resentimientos políticos en la era del partido al que ahora se encuentra aliado el izquierdista PMas; cómo se expoliaba y se desataban querellas sangrientas en todas partes, por intermedio de caudillos que avivaban la orgía de fanatismos, vejaciones corporales, persecuciones, venganzas, anarquía. Las confesiones de quien hoy es presentado por los historiadores como uno de los más ilustres presidentes del mismo partido al que criticaba en su obra merecen cuando menos ser tomadas en serio.

También vale recordar que Eligio Ayala volvió al país para ser designado candidato único a la presidencia de la república porque no había entonces oposición. La falta de oferta política se debía a la abstención del Partido Colorado, que alegaba con justa causa fraudes perpetrados como norma en los comicios que organizaba el Partido Liberal en aquel tiempo. Por lo tanto, no es Federico Fraude (actual compañero de fórmula del obispo Fernando Lugo) un pionero precisamente en esta costumbre de la política paraguaya, como tampoco es nuevo el exilio económico, como pretende presentarlo con sus coquetos y costosos afiches impresos en desagravio a Mr. Cason nuestro partido izquierdista aliado con el propagandista neoliberal Alfredo Jaegli.

Sería redundante profundizar en el hecho que la ideología que ahora apoyan Camilo Soares y Rocío Casco penetró al Paraguay por la vía del genocidio, perpetrado contra el país en 1870 por la barbarie del colonialismo anglo-brasileño-mitrista. Pero no estaría demás mencionar que desde 1904 hasta 1924 el Partido Liberal legó al Paraguay 17 presidentes, cuando de acuerdo a la Constitución vigente no deberían haber sido más de cinco. Uno de los estadistas que más elogian por lucidez y honestidad los historiadores, Manuel Gondra, no despertaba la misma admiración entre los seguidores del partido Liberal, dado que fue presidente de la república dos veces (en 1910 y 1920) y las dos veces fue derribado a cañonazos por los propios liberales. Tampoco es nuevo, por lo tanto, que los bandos perdedores se organicen para desbaratar las pretensiones de sus adversarios sin retacear sangre ni fuego de metralla, una verdadera constante histórica paraguaya.

A todo lo expuesto podemos agregar que desilusionados de su propio partido Liberal renunciarían al mismo Eusebio Ayala (ver el diario liberal El Pais, 3 de junio de 1938), quien falleció sin retornar a su partido, el mismo Eligio Ayala y hasta José P. Guggiari (El Pais, 24 de agosto de 1938), los referentes que más comúnmente citan los liberales como paradigmas. Quien algo se interese por la historia política paraguaya puede leer alguna vez la Ley 1292 del 31 de Diciembre de 1932, llamada de “Defensa Social”, donde en once artículos y trece incisos sus aliados de hoy consideraban delito la enseñanza, difusión, lectura y transmisión de toda idea que no tuviera el visto bueno previo del régimen. Entre las lecturas prohibidas estaban por supuesto las obras de Marx y Lenin, en la que dicen basarse nuestros amigos de la izquierda luguista para sus andanzas tan publicitadas por los medios de la ultraderecha. Eso por no citar la constitución Nazi que en 1940 impuso un dictador compelido por Washington, tras haber llegado a la primera magistratura como candidato liberal.

En conclusión, lo más coherente que se podría pedir a la agrupación luguista, en honor a la ecuanimidad, sería la impresión de un nuevo afiche donde no falten sus propios candidatos, con la merecida leyenda “Que viajen Todos”.

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Luis Agüero Wagner es escritor, natural de Paraguay.

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