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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El antifaz

Francisco Arias Solís
Redacción
domingo, 20 de enero de 2008, 06:46 h (CET)
“Y pues las palabras,
gastadas perdieron, cual monedas viejas,
el tipo y el precio, basta de palabras...
¡Música maestro!”


Manuel Machado.

No sé si alguien ha dicho que es la ironía un antifaz del pensamiento. Como el antifaz de un rostro humano: antifaz de ironía. Antifaz del pensamiento. O del sentimiento. Quizá también de enamorados. Enamorados de las cosas, de las palabras.

Antifaz para los que no se quieren repetir por no poderse suceder. “Yo me sucedo a mí mismo”, había dicho Lope. Cádiz se sucede a sí misma, sin repetirse. Cada año, cada carnaval.

Sí sé que alguien ha dicho que el que no sabe repetir es un esteta y que solamente el que sabe repetir es un hombre. Se diría, sin embargo, que es un hombre no aquel que sabe repetir o repetirse, sino el que sabe suceder o sucederse. El que sabe lo que sucede cuando nada, o todo, le pasa. Porque hay hombres de repetición como los relojes: que dicen y hacen la misma cosa cuantas veces se quiera. Y aún los hay, como los relojes, de cuco. No son hombres, son máquinas. Y el reloj que nos mide el tiempo, no nos lo dice, no nos lo transparenta como el cristal vivo del poeta, no nos lo da a entender. Porque no nos lo da, nos lo quita. El reloj no nos da la hora, no las quita. Es ladrón del tiempo. “Ladrón del tiempo con disfraz le llamo”, nos dirá Lope.

La historia no es historia, como el reloj, porque se repite, sino como el hombre porque se sucede. La historia no nos quita el tiempo: nos lo da.

Pasar y suceder son diferente cosa. Y creo que en Cádiz, donde no pasa o no pasaba nada nunca, sucede siempre todo. Lo que queda de esta ciudad no es lo pasado de ella o lo pasado en ella, sino lo que en ella está siempre sucediendo.

Todo es casi lo mismo. La gran palabra, la nuestra, la de nuestra época que lo coge y atruena todo ... es la palabra casi. Más breve: palabra-casi, casi-palabra... Aquí, casi en el inicio de un nuevo siglo, casi al comienzo del nuevo año sucede casi todo. Un paro casi general. Una casi seguridad de ser libres algún día, en la cuna de la libertad, donde es casi seguro que se seguirá luchando por la libertad. Pobreza en casi todos los sitios. Drogas que nos sitian a casi todos. Emigrantes que mueren en casi toda la costa gaditana. Políticos casi de centro. El centro casi sin políticos. Partidos casi iguales. La desigualdad casi en todas partes. Vías del tren que pasan casi soterradas. Trenes que casi no pasan por las vías. Unas vías casi inutilizadas y casi a punto de ser de alta velocidad. Una Mancomunidad, la de la Bahía, que no acaba de nacer y está casi enterrada. El casi, en fin, en las cosas más pequeñas. Peñas, que dicen que son casi bares y bares casi vacíos, un palacio de congreso casi estrenado y casi sin utilizar, una ciudad casi sin zonas verdes, casi sin industrias, casi sin viviendas, casi sin habitantes; todo a medio hacer..., hasta en los edificios el casi... Por todos partes un justo medio que no es otra cosa que un casi mal disfrazado. Pues el antifaz es un casi como el espejo mismo. El antifaz no nos tapa el rostro del todo, sino casi. Por eso no engaña a los ojos del todo como la máscara de verdad, sino casi engaña dando al rostro humano una casi verdad más mentirosa que la mentira misma; que la máscara que lo oculta o lo escamotea completamente.

Para los gaditanos ya no debe haber casi que valga. Ni casi verdades ni medias verdades. Debe haber todo o nada. Cara a cara. Y sin antifaz. Y como dijo el poeta: “¿Dijiste media verdad? / Dirán que mientes dos veces / si dices la otra mitad”.

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