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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Escándalo periodístico

Wifredo Espina
Wifredo Espina
@wifredoespina
sábado, 19 de enero de 2008, 04:50 h (CET)
Cada vez más, la política partidista se infiltra en el periodismo. Cada vez más, por tanto, el periodismo está contaminado de partidismo poítico. Y seguimos diciendo, sin embargo, que estamos en democrácia.

Hay que denunciar dos hechos graves que están socavando y adulterando la libertad de información y de expresión en nuestro país. Libertad esencial para que exista una verdadera democrácia.

El primero es el descarado partidismo político de no pocos periodistas, que más que profesionales de su oficio actúan como portavoces – convencidos o serviles - de ideologías o intereses de partidos concretos. En radios, televisiones y periodicos. En tertulias, secciones de opinión e incluso en puestos directivos constatamos,con escandalosa frecuencia, la presencia de profesionales que se comportan como políticos. Y también de políticos que intervienen bajo el disfraz de periodistas.

El segundo hecho grave es la politización partidista de los organismos que teóricamente deberian velar por la transparencia y la ética profesional de los medios de comunicación privados y por la ética, independencia, neutralidad y pluralidad de los medios públicos. No ocurre así, pese a las solemnes proclamas de muchos políticos, del gobierno y de la oposición, a favor del respeto a la libertad de información y de expresión. Són puras falsedades que deberien ser denunciadas con contundencia por los colegios y asociaciones de periodistas –si es que aún no están contaminadas por el mismo virus particista- así como por las facultades universitarias de comunicación – si es que están a salvo de dicho virus.

Estamos viviendo un acontecimiento bochornoso en el campo de los medios audiovisuales de Cataluña, que constituye un ejemplo de lo que denunciamos.

Con motivo del nombramiento del Consejo de Gobierno de la Corporación catalana de Medios Audiovisuales (CCMA) vemos que se está haciendo impunemente en base a “quotas de partido”, como denuncia y lamenta el Consell de l’Audiovisual de Catalunya (CAC). En su informe preceptivo sobre la lista que se le ha propuesto el CAC afirma que no se adecua a “los crirerios de independencia y profesionalidad” que pide el espíritu de la ley promovida por el conseller Tresserras. La lista propuesta, añade el CAC, fruto de transacciones entre los partidos, responde a “oportunitat y estrategia políticas” contrarias al espíritu del legislador. “Los criterios de capacidad e idoneidad profesional –añade- no han sido los que han fundamentado de forma decisiva la selección en el procedimiento seguido para consensuar la lista las personas candidatas”. Pero, pese a ello, incomprensiblemente el CAC ha aprobado dicha lista.

¿Incomprensiblemente? Sería más apropiado decir absurdamente, porque cae en una flagrante contradicción. Contradicción inadmisible, pero perfectamente “comprensible”.
Porque resulta que el mismo CAC responde en su origen al mismo vicio de politización partidista. Sus miembros y su presidente han sido también objeto de negociación y propuesta de los diversos partidos. O sea, que la denuncia (que hay que agradecer) que el CAC hace ahora de la lista para la Corporación de los medios audiovisuales públicos catalanes, se le puede aplicar casi igual al mismo CAC. Esto explica claramente que, pese a todo haya aprobado dicha propuesta que considera viciada y contraria al espírutu de la ley Tresserras.

Estamos, pues, ante unos medios audiovisuales catalanes que seguirán politizados partidistamente, tanto o más que hasta ahora. A no ser que, ante esta gravísima denuncia del CAC y las valientes protestas de los profesionales de dichos medios de comunicación, las personas propuestas renuncien en pleno por un mínimo de dignidad. O que el inteligente conseller Treserras, por coherencia y honor, presente la dimisión.

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Wifredo Espina es periodista y exdirector del Centre d’Investigació de la Comunicació.

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