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Opinión
Etiquetas:   Buñuelos de viento  

Tras la batalla (popular) de Madrid

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
sábado, 19 de enero de 2008, 04:58 h (CET)
Empiezan a pasar las horas y comenzamos a vislumbrar la magnitud de esta batalla, incruenta pero con vencedores y vencidos, que han disputado Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón. Ambos, pero en diferentes magnitudes, han trabajado contra el PP. Se han enfrentado dejando hecha unos zorros la sede de la Calle Génova. Entre unos y otros han disparado duramente contra la línea de flotación del buque que capitanea Rajoy.

Depende de la habilidad de los principales líderes del partido restañar cuanto antes las heridas habidas, conviene pasar página cuanto antes y ofrecerles a los socialistas otro blanco, menos sangrante, sobre el que disparar. El daño está hecho, es hora de disimular y poner los focos en otro punto. Las heridas no son sólo cuestión de un poco de algodón y cuatro tiritas, pero se pueden hacer más o menos grandes en función de los intereses de cada uno, hay que buscar árnica.

Pero también conviene repartir las culpas, también conviene tomar nota de quién ha proporcionado determinados graves titulares, de quién ha entregado armas al rival y quién ha facilitado la tarea de la prensa y los ideólogos rivales. Entre las dos actitudes enfrentadas hay diferencias de honestidad y limpieza que pueden marcar el futuro político de cada uno de los rivales.

Mientras Ruiz Gallardón ha ido siempre a pecho descubierto, ofreciendo públicamente su verdad y manifestando sus intereses con limpieza, Esperanza Aguirre se ha mantenido siempre en la oscuridad, actuando no por propia iniciativa sino en busca de contrarrestar los pasos del alcalde de Madrid. Aguirre ha estado permanentemente con el catalejo dispuesto, vigilando y tratando de poner la zancadilla a quien iba por delante. Se ha mantenido detrás de la iniciativa de Ruiz Gallardón porque lo que le interesaba era torpedear la labor de éste. Su interés no era conseguir determinados objetivos, sino que el alcalde de Madrid no consiguiera los suyos.

Su última maniobra del pasado sábado, yendo en busca de Aznar para buscar su apoyo, no sólo certifica a éste como líder final del partido, sino que demuestran una gran deslealtad hacia Rajoy, mostrando cómo para ella tenían mucha mayor importancia sus intereses que los del PP. La derecha española es, o al menos debería ser, mucho más que Rajoy y Esperanza Aguirre; debería ser una gran casa común en la que cupieran todos aquellos que pudieran sumar votos. Rajoy se ha equivocado doblemente, no sólo por la decisión que ha tomado, aún está por ver que esto cueste voto, sino por tomarla en el peor momento, cuando más daño puede hacer al partido.

Aún así la última responsable es la presidenta de la Comunidad de Madrid, cuyas ansias de poder son tan grandes y tan legítimas como las de Gallardón, pero de las que se ha hablado infinitamente menos, habiendo maniobrado torticeramente para descabalgar al alcalde de la capital, sin importarle el daño que a tan pocas fechas de las elecciones ha causado a su propio partido.

Esperanza Aguirre me recuerda aquel cuento en el que un rey ofreció a dos hombres enemistados la posibilidad cumplir el mayor deseo que tuvieran , pero sabiendo que al último de los dos en pedirlo le correspondería el doble que a su rival. Uno de ellos, un pobre desgraciado que tras grandes dudas y meditaciones no quería que al otro le correspondiera el doble de fortuna, pidió que le sacaran un ojo con tal de que a su enemigo le sacaran los dos.

La pregunta es si en el PP se lo tendrán en cuenta.

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