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El optimismo de ZP no nos da miedo… ¡nos aterra!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 19 de enero de 2008, 04:58 h (CET)
Se necesita tener narices para que, después de un año “horribilis” como el que hemos pasado bajo el gobierno del señor Rodríguez Zapatero, comparezca nuestro Presidente en un acto de su partido, para sacar pecho y vendernos que la economía español está que se sale; argumentando, para justificarlo, que el Estado ha tenido en el 2007 un superabit de más del 2% sobre el PIB. Si no supiéramos como se las gasta ZP cuando se trata de tirarse faroles, quizá nos hubiera podido impresionar tal afirmación; si, tampoco, los ciudadanos de a pie estuviéramos enterados de que la fiscalidad, en lugar de disminuir, ha ido aumentando y que el propio encarecimiento de los productos, si bien ha restado poder adquisitivo a los ciudadanos, ha contribuido a engrosar las arcas del Estado –debido a que cuanto más caro se venda, más IVA recaudado y, en consecuencia, más recaudación para el fisco – y si no tuviéramos en cuenta el brutal encarecimiento de algunos productos y su fiscalidad, como han sido el vino, el tabaco y la gasolina ( que, a pesar de haber subido de forma exorbitante, Hacienda no ha bajado el impuesto sobre ella, sino que lo ha mantenido contribuyendo al encarecimiento global de la economía).

Claro que al señor ZP que, a fines del año pasado, nos prometía mejoras sustanciales en las negociaciones con ETA para este año y prosperidad para todos los españoles bajo su mandato; se le ha de interpretar con reservas y más bien con algo de aprensión, teniendo en cuenta los resultados de sus profecías. Insiste el hombre en querer acusar al PP de instalarse en la teoría del miedo y en querer arrancar votos a costa de alarmar a la ciudadanía. Se equivoca. Una cosa es amenazar con males imaginarios y, otra muy distinta, es apercibir a los españoles de peligros que, cualquiera que tenga dos dedos de sentido común, puede vislumbrar a la vista de lo que han venido haciendo los del PSOE a lo largo de esta legislatura. Si al comenzar su mandato un ZP lleno de aparente humildad y buenos propósitos ofrecía diálogo a la oposición; se ofrecía a continuar la colaboración con el PP en la lucha antiterrorista y hacía gala de un “talento” conciliatorio; la realidad ha demostrado que nada de lo que prometió se ha cumplido, antes bien, en todo el tiempo que viene gobernando su máxima prioridad ha sido hundir al PP; apartarle de la lucha antiterrorista, que se ha convertido en una vergonzosa e inútil negociación (culminada con el más humillante fracaso) y, por si fuera poco, ha dejado aparcado su “talante” para actuar con el más flagrante despotismo, imponiendo la fuerza de sus votos y los de sus sicarios a cualquier intento del PP de oponerse a sus desmanes o hacer alguna propuesta legislativa.

El miedo, el terror y el temor a perder el poder; a quedar desposeído del cargo que alcanzó por medio de una, más que discutible maniobra de descrédito, aprovechándose de un atentado terrorista; quien demuestra tenerlo es el propio señor Zapatero que, llegado el momento de enfrentarse a unos nuevos comicios, no duda en utilizar todos los recursos, artimañas y trucos torticeros para hacer ver que España va bien y no existe crisis económica. Es evidente que durante una parte de la legislatura la economía, como en toda Europa, funcionó bien a causa de que el señor Solbes se limitó a seguir la línea de su antecesor el señor Rato. Ahora, sin embargo, ya no le sirve dejarse llevar por la inercia y, por mucho que intente desmentirlo, España está entrando en una peligrosa deriva que se ha demostrado con un final de año delirante debido a la subida de productos de primera necesidad y por una caída vertiginosa de la construcción, que se ha notado en la Bolsa y en un repentino aumento del desempleo y disminución de cotizaciones a la Seguridad social, a la vez que un aumento de los pagos por el desempleo.

Si esto no fuera suficiente para poner en guardia a la ciudadanía, si nos fijáramos en la marcha de muchas empresas, especialmente inmobiliarias, podríamos confirmar, sin ninguna duda, que los problemas que nos vienen del otro lado del Atlántico están contribuyendo de forma definitiva a alterar la marcha de las mismas. Hoy mismo, mirando la sección económica de un rotativo catalán, hemos comprobado que hay problemas en la empresa Habitat que está en la cuerda floja; Colonial cae en Bolsa otro 4’51% y su filial Nozar estudia vender. Banesto anuncia que reducirá, aún más, las hipotecas y también los préstamos a los promotores (parece que la morosidad se duplicó entre las primeras y se triplicó entre los segundos). ¿Caben posiciones triunfalistas ante datos como estos? Puede que con palabras vacuas pueda engañar el señor ZP a sus incondicionales y a los que se nutren de la generosidad de su gobierno, pero lo que no conseguirá es que traguemos el resto de la ciudadanía, que vemos como nuestros emolumentos cada vez nos obligan a reducir más nuestros gastos imprescindibles y a renunciar a nuestro habitual nivel de vida. Por otra parte, el goteo incesante de reducciones de personal, expedientes de regulación de empleo y de empresas que trasladan su producción a otros países es algo innegable y que, por raro que parezca, parece no hacer mella en nuestros gobernantes.

En definitiva, que si escuchamos a nuestros gobernantes toda va de maravilla y no pasa nada; no obstante, si escrutamos nuestros bolsillos, comprobamos nuestras cuentas corrientes y calculamos nuestros gastos, la perspectiva que se nos presenta a los ciudadanos de a pie no parece ser tan color de rosa; antes bien, nos inclinaríamos a ser más pesimistas. Es por ello que cuando el señor Rodríguez Zapatero, con su sonrisa de hurón, quiere vendernos las excelencias de su gobierno de cuatro años; a muchos se nos encoge el ombligo sólo de pensar que las “excelencias” que nos ha brindado, en compañía de su ramillete de ministros, puedan prolongarse durante otra legislatura. No es que tengamos miedo injustificado, sino que tenemos verdadero terror de cómo pueda acabar España en manos de estos señores si se les deja que pongan en práctica sus desquiciados planes de división del país y consumación de su dirigismo estatal. La ecuación es clara: a más impuestos, menos disponible, menos demanda, menos producción… la conclusión es evidente, ¿no?

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