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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Las cosas nunca son lo que parecen

Helena Trujillo (Málaga)
Redacción
viernes, 18 de enero de 2008, 07:23 h (CET)
Cuando hablamos de infidelidad, solemos entenderla como sinónimo de engaño, cuernos, falta de respeto, promiscuidad, considerándola siempre con un valor negativo e indeseable. Esta situación sin embargo, condena a muchas personas a ocultar sus propios deseos, acarrea el fin de muchas relaciones de pareja y lleva, en algunos casos, a la muerte o al escarnio.

Resulta una cuestión compleja, tendríamos que partir de la idea psicoanalítica de que ser infiel no es únicamente mantener relaciones sexuales con otra/s persona/s fuera de la relación de pareja, hay muchos modos de ser infiel. Continuamente lo somos de pensamiento, en nuestras fantasías conscientes y, aún más, en las inconscientes, es casi inevitable encontrarnos deseando a otras personas. Esto nos remite a que el deseo humano no tiene objeto. La moral cultural sexual no tiene esto en cuenta, piensa que es fácil y posible circunscribir nuestro deseo a una sola persona y lo establece como la forma normal de relacionarse. No obstante, muchas son las evidencias que han demostrado, a lo largo de la historia, que pocas personas han conseguido, no sin grandes esfuerzos, ser fieles de pensamiento y acto a sus parejas.
Este sería el primer punto que considero de interés, la fidelidad es muy difícil, si no imposible. En realidad el psicoanálisis estima que es necesario ser infiel, ¿en qué sentido? se preguntará. En el sentido de que ser fiel tiene que ver con guardar una fidelidad al primer amor del ser humano, que en todo caso es con la figura materna. Para un desarrollo psico-sexual normal, es necesario que seamos infieles y amemos a más personas. Lo mismo ocurre en el campo de las ideas, todos necesitamos ser infieles a nuestras ideas, a nuestros gustos, pues de continuo aprendemos cosas nuevas y es necesario para nuestro desarrollo. Sin embargo, nuevamente, se nos engaña o nos engañamos pensando que debemos y podemos ser fieles. No todo el mundo puede ajustarse a las mismas reglas en cuanto al deseo sexual.

Es necesario decir que no todas las infidelidades tienen los mismos motivos ni todas las mismas consecuencias. Lo explicaré un poco. Muchas personas necesitan mantener relaciones con más de una persona, lo que no implica que dejen de amar y/o desear a su pareja. Habitualmente pensamos que si amamos y deseamos a una persona es imposible desear a otras, cuando en absoluto es así. Por tanto, es muy importante entender que en muchos casos esa relación ilícita no afectó en nada al deseo hacia la pareja, digamos que no dejó huellas en la relación, por ello no es conveniente la confesión o que nuestra pareja se entere de que hemos estado con otra persona. Cuando esto ocurre, parece como si el deseo fuese molestar. Esa sería la interpretación psicoanalítica: “Fue infiel porque la relación ya estaba rota”.

En algunos casos la infidelidad es consentida y la relación de pareja continúa o se retoma. Para otras personas, sin embargo, resulta muy difícil superar la idea de que su pareja haya estado con otra persona, marcando un punto de inflexión o ruptura el momento de la infidelidad o de la confesión. Habitualmente, la relación no volverá a ser como antes. Muchas parejas se rompen tras una infidelidad y, lo más interesante y que descubre el psicoanálisis, es que a veces se rompen no por falta de amor, sino por la moral de esas personas. Sus ideas le impiden superar las fantasías que le provoca la infidelidad, el Psicoanálisis se ha mostrado muy efectivo para resolver estas cuestiones en las parejas.

En otros casos las consecuencias son mucho peores, hay quien mata, quien humilla, quien maltrata tras una infidelidad. Evidentemente esto sólo puede producirse en una concepción de amor donde entiendo que el otro/a me pertenece. Cuando el amor es posesión se puede acabar de esta forma. Esto aún ocurre cuando es la mujer la que desea, la que comete la infidelidad. En muchas culturas, no olvidemos, el adulterio estaba penado duramente. No hay que olvidar que al hombre se le ha permitido en el campo sexual una libertad que aún la mujer no ha sabido conquistar.

Ser infiel, como estamos viendo, no quiere decir que estemos engañando a nuestra pareja, que lo hagamos para molestarla o que lo hagamos porque hemos dejado de desearla. Es más grave hablar con otras personas de cosas privadas de la pareja, que compartir cama con otra persona. Tal vez el ser humano tenga que vencer algunos prejuicios a cerca de la sexualidad, le damos demasiada importancia a lo genital, cuando hacemos cosas mucho peores el resto del tiempo.

Tras una infidelidad, como vemos, es posible retomar y continuar con la relación de pareja, incluso la infidelidad puede mejorar la relación. Que esto sea posible depende de la forma de pensar de cada uno de los cónyuges, no tanto de sus pensamientos conscientes, sino de su forma de pensar inconsciente, en última instancia, depende de su salud psíquica. No hay recetas milagrosas, cada pareja es diferente y tendrá que resolver su cuestión con la infidelidad. En realidad, si reconocemos que todos somos infieles, le daríamos a este tema mucha menos importancia y nos sentiríamos mucho más liberados. El amor entendido como posesión, produce graves consecuencias para el bienestar de las personas.

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Helena Trujillo Luque es psicoanalista de la Escuela Grupo Cero (Málaga)

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