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Opinión
Etiquetas:   Presos de la libertad  

La guerra del PP

Eduardo Cassano
Eduardo Cassano
@EduardoCassano
viernes, 18 de enero de 2008, 07:03 h (CET)
Mariano Rajoy se ha pasado cuatro años en la oposición, criticando cada una de las acciones del Gobierno, siempre en pie de guerra con Zapatero y tratando de acceder al poder crispando y dividiendo a la opinión pública. Durante este tiempo ha ejercido de líder dentro del PP, aunque las malas lenguas dicen que no ha sido más que una marioneta de Aznar. Hoy, a dos meses de las elecciones generales, tiene una guerra abierta dentro de su partido: la guerra entre dos candidatos que aspiran a sucederle después del 9 de marzo. Algo que, al parecer, todo el mundo da por hecho. Incluso dentro del seno del PP.

Las disputas entre Ruiz-Gallardón y Esperanza Aguirre vienen de lejos, no es algo nuevo. El propio alcalde de Madrid se ha declarado derrotado al no ser incluido en las listas al Congreso del PP, gracias en buena parte a la actuación de la presidenta de la Comunidad de Madrid. Su actuación ha sido definitiva en la elección de un Rajoy que, con esta decisión, muy probablemente ha perdido definitivamente los votos que necesitará si quieres ganar las elecciones, cuando apenas ha comenzado la campaña electoral.

El propio Fraga ha vaticinado que la decisión de no contar con Ruiz-Gallardón, uno de los políticos más valorados de España, restará muchos votos al PP. A Rajoy le ha podido la presión dentro de su propio partido, algo que se entiende pues no debe ser fácil liderar un partido donde sus militantes parecen estar más pendientes de sucederle que de ayudarle a gobernar.

Ahora todo el mundo compadece a Gallardón, cuando el que verdaderamente ha quedado peor parado es Rajoy, que es quien se juega las elecciones. Él es quien se tendrá que ir a casa si pierde el 9 de marzo, mientras que Gallardón, en ese caso, verá reforzada su candidatura a suceder a un líder sin carisma, sin credibilidad dentro de su propio partido, y que en lugar de hacer oposición se ha dedicado al ‘acoso y derribo’ al Gobierno en estos cuatro años. No aporta nada nuevo, no ha ofrecido una verdadera alternativa y no ha sabido gestionar las diferencias de los dos políticos que más alegrías le han dado en las últimas elecciones Municipales y Autonómicas. Es mejor que deje paso a otro.

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