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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

Cuando el poder te seduce, el deporte sucede

Ángel Sáez
Ángel Sáez
viernes, 18 de enero de 2008, 07:03 h (CET)
“La música se empieza a atrofiar cuando se aleja demasiado del baile. La poesía se comienza a atrofiar cuando se aleja demasiado de la música”. Ezra Pound.

Sí; desde luego, sin ninguna hesitación. Cuando el poder (incluido el mental) empieza a tirar de uno, quiero decir, a hacer de las suyas y te seduce, el deporte de la mentira parcial (convendría no olvidar que la media siempre tuvo escasos aficionados o seguidores; incluso llegaron a conformar una legión los que la reputaron la peor de las tales) o total sucede.

A pesar de que fueron varios los episodios dementes que protagonizó a lo largo y lato de su existencia el ora ateo poeta, ora orate profeta, que fue el autor que firma el exergo de la presente urdidura, al sobredicho no le fallaron un ápice ni el pesquis ni la puntería cuando, habiendo echado a volar la razón, se perfiló, apuntó y disparó la bala de su escopeta, que dio de lleno en el blanco o centro de la razonable pechuga del ave, esto es, sentó cátedra al sentenciar que el arte o el reto de gobernar no consiste en otra cosa que en crear problemas de todo jaez cuyas soluciones tienen tanto a los representantes políticos como a los representados, tanto a la opinión pública como a la publicada, bien en vela, bien en vilo.

Seguramente, le habré traído alguna otra vez a colación (usted dirá, desocupado lector) lo que sigue, que en España cada día hay más gente inteligente que se muestra desencantada con buena parte de la clase política actual, en la que cabe hallar una legión (o dos) de botarates, chiquilicuatres de tres al cuarto y mequetrefes de tomo y lomo. Mutatis mutandis, nuestra piel de toro puesta a secar (al sol, que hoy vuelve a calentar lo suyo) semeja otro campo de Agramante. Mientras los “hunos” luchan por desenterrar o desentrañar y airear los affaires que perjudican a los “hotros”, estos últimos pretenden conseguir que todo lo podrido, nauseabundo y fraudulento lleve el marchamo de los primeros.

Algunas veces (estos ratos, gracias a Dios, son los menos; ergo, merecen recibir el adjetivo de excepcionales), al menda lerenda le entran ganas (pues le nacen y pacen) de llevar, durante unas horas siquiera, las riendas de este país de nuestras entretelas y mandar. Así que, a ver, usted, don José Luis, venga acá y póngase (por) esta vez, al menos, a la derecha, sin sentir grima o náuseas ni rechistar; y usted, don Mariano, aunque sólo sea en este íngrimo caso o señera oportunidad, sitúese a la izquierda, y que no se le ocurra la gracia de abrir la boca ni para bostezar. Voy a lanzarles a ambos a la arena de la plaza monumental de “Las Ventas”, que, a partir de hoy, mudará su nombre por el de “Los Compromisos” (o “Los Consensos”). Les advierto que, como no está el horno para (hacer) bollos (y ustedes no estén a la altura de las circunstancias, dilecto título orteguiano), no podrán salir del coso (porque me encargaré personalmente de impedírselo a ambos) hasta que no hayan buscado y hallado al alimón (y de una sacrosanta vez) la triple pe (que hay, por cierto, en PSOE y PP) de la que gustaba platicar a cualesquiera horas del día o de la noche don Manuel Azaña: paz, piedad, perdón; porque urge y ruge el momento de dejar de guerrear y no entenderse, condenándonos a toda la ciudadanía a vivir en medio de una crispación irremisible e irremediable, que amenaza con enquistarse y hacerse crónica.

Independientemente de los resultados que han arrojado las distintas encuestas y sondeos que se van conociendo, por ahora sigo en mis trece. Si se celebraran hoy los comicios generales, servidor votaría en blanco. Y es que, si los “hunos” en este, ese o aquel asunto, mal; los “hotros”, en aquel, ese o este caso, peor, o viceversa.

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