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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Hijos ante el juez

Octavi Pereña
Octavi Pereña
jueves, 17 de enero de 2008, 07:11 h (CET)
No pudiendo resistir por más tiempo el comportamiento violento y tiránico de su hijo Jorge, Carmen, su madre, dice. “Me aconsejaron que denunciara a mi hijo, e hice caso porque estaba desesperada y ya no sabía que hacer”. Mercedes de la Rosa, autora del reportaje «Señor juez. Mi hijo me maltrata», afirma que “miles de padres españoles acaban denunciando a sus hijos por malos tratos ante la impotencia de encontrar otros mecanismos para controlar escenas de furia, actitudes tiránicas, anárquicas, de sometimiento psicológico y violencia física”. “Las denuncias de padres a hijos por maltrato han aumentado de manera considerable en España los últimos años. Algo ocurre para que estos episodios que se dan en la privacidad de la familia tengan que airearse ante un juez. Lo asombroso del caso es de que “ni sicólogos, educadores, fiscales, jueces, ni las propias víctimas tienen claro qué es lo que lleva estas situaciones al extremo”.

Una de las causas de este grave problema puede ser la poca dedicación que los padres dan a los hijos y, con ello, la escasa disciplina que les aplican, disciplina por cierto, muy necesaria para marcar los límites que no se deben sobrepasar y que es necesaria para educar hijos responsables.

Otros, afirman que la violencia juvenil se debe a factores genéticos, los cuales crean una predisposición a los comportamientos violentos. En caso de ser cierta esta teoría, los especialistas dicen que por si sola no aclara totalmente el problema.

Javier Urra, psicólogo de la fiscalía de menores de Madrid, afirma: “Es ridículo pensar que decirle no a un niño le va a traumatizar. Hemos pasado de una educación de respeto absoluto, de miedo a nuestros superiores, a una sociedad permisiva que educa a los niños en sus derechos, pero no en sus deberes”.

Jorge Tió, coordinador del equipo de atención en salud mental del menor de la Fundació Hospital Sant Pere Claver dice que “a muchos de los jóvenes que trata, la violencia se les despierta durante la adolescencia. Es una etapa conflictiva de por sí y, si además el adolescente se encuentra aburrido o desmotivado irá a buscar lo excitante , ya sean drogas, sexo o violencia para escapar de este malestar”.

Carmen, la madre previamente citada, desesperada por el comportamiento de su hijo no ha encontrado ninguna Supernany que le aconseje. Ante la impotencia, escribe: “Yo me he podido equivocar en cosas como madre, pero hubiese agradecido que alguien me diera pautas para dirigirme. Es muy desagradable tener que denunciar a tu propio hijo, pero, ¿por qué no nos dan más información y más soluciones para no llegar a esto?”

El apóstol Pablo nos descubre la causa de la rebelión filial y por lo tanto su solución. Declara que la creación afirma la existencia de Dios, pero que los hombres desatienden este mensaje y prefieren dejarse guiar por los dioses que sus manos se han fabricado. De ahí la proliferación de dioses y religiones. La consecuencia de este desacato, entre otras cosas es “la desobediencia a los padres, sin afecto natural, implacables, sin misericordia” (Romanos,1:30,31). El apóstol hace esta declaración hace unos dos mil años. Pero unos mil quinientos años antes, el autor de Proverbios escribe suculentas máximas: “Al que maldice a su padre o a su madre, se le apagará su lámpara en oscuridad tenebrosa” (20:20). “El que roba a su padre y ahuyenta a su madre, es hijo que causa vergüenza y acarrea oprobio” (19:26).

Como vemos, el problema de los padres que sufren violencia de parte de sus hijos es muy antiguo. Ha existido siempre y seguirá presentándose hasta el final del tiempo. A pesar de ello, los padres preocupados por el conflicto y que desean sinceramente solucionarle se dicen con Carmen: Nos hemos podido equivocar en cosas”. A la madre aludida le hubiese gustado que alguien le hubiese proporcionado instrucciones precisas para hacer mejor la tarea de educar a sus hijos. Si el abandono del Dios creador es la causa de la “desobediencia a los padres”, el retorno a Él es la medicina. En tanto no se vuelvan los padres a Cristo, la necesidad de encontrarse con Dios se intenta suplirla con falsos dioses, cuya adoración significa hacerla a los demonios. ¿Se ha dado cuenta el lector lo extendidas que están las prácticas ocultistas, que tienen que ver con Satanás? No nos debe extrañar, pues, que sometidos los padre a la influencia satánica , la rebeldía de los hijos contra la autoridad paterna, en algunos casos extremos acabe en que los progenitores se ven obligados a presentar denuncia ante el juez.

Abandonar a Dios tiene sus consecuencias. Pedir que se vuelva a Él no es políticamente correcto porque desde las esferas políticas se nos insta a no hacerlo. La pregunta que hago al lector es: ¿qué es más importante, estar a bien con la clase política o el bienestar de los hijos y la propia? Los padres que tengan graves problemas de convivencia con sus hijos son quienes deben decidir.

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