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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Puede España medrar sin productividad ni centrales nucleares?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 17 de enero de 2008, 07:11 h (CET)
Puede que alguien confunda la riqueza que han conseguido algunos a base de “pelotazos”, con el trabajo, la preparación y la excelencia. Pues, señores, no creo que en España podamos alardear de estas cualidades porque, al menos, si nos enteramos de las noticias que nos llegan de otros países y de diversas encuestas europeas, no parece que los españoles seamos precisamente unos “adictos” al trabajo. Y no es que sólo las descalificaciones nos lleguen de allende nuestras fronteras, sino que somos los mismos españoles que reconocemos, paladinamente, que preferimos tener más tiempo para el ocio que ganar mucho dinero y, si es que nos queremos fiar de las encuestas que reflejan las preferencias de la juventud, en cuanto a la elección de sus carreras u oficios, podemos observar que, la mayoría, tiende a buscar su futuro dentro de las empresas públicas. No es que esté en contra del funcionariado ni que crea que sean una casta especial y distinta al resto de los ciudadanos; no, en absoluto, y si quieren que les sea sincero, puedo decir en su favor que, desde hace unos años han dejado, en general, de dar aquella imagen de los antiguos paniaguados que, por sentirse protegidos detrás de una ventanilla de la Administración, se veían autorizados para tratar a baqueta a todos aquellos infelices que no tenían más remedio que realizar algún trámite administrativo.

Pero lo cortés no quita lo valiente y es notorio, y nadie podrá desmentirmelo, que el Gobierno es muy dado a conceder favores a aquellos que lo apoyan, pertenecen a su línea política o forman parte de la parafernalia que lo aupa, sostiene y defiende. Los casos de nepotismo y amiguismo constituyen un mal endémico, y un sistema tradicionalmente utilizado, para nutrir las filas de aquellos que optan por la vida muelle, segura y apacible de vivir a costa del Estado. Pregúntenle, si no, a la señora ministra de Fomento que, como tenía a su hermana un poco descuidada y todavía no había tenido ocasión de percibir la parte del pastel que le correspondía; después de encargarse de dejar la red ferroviaria del país hecha polvo, ahora se ha dedicado con verdadero ahínco en encargarse de hacerle la vida imposible al señor Andrés Martínez Lorca, director de la UNED de Málaga, hasta que, cansado de sufrir vejaciones por parte del presidente de la Diputación de Málaga, un tal Pendón (¿por qué será que la vida juega pasadas similares a las personas?), gran amigo y favorecedor de la ministra; se ha visto obligado a dimitir. Y, ¿saben ustedes quien será que le va a sustituir¿¡Claro que lo han adivinado!, como no podía ser menos: la señora “hermanísima” de Magdalena, la señora María José Álvarez. Para que luego nos venga Zapatero proclamando la “honestidad” de su gobierno.

El caso es que, en España, con esto de las autonomías; el deber del Gobierno de dar trabajo a sus simpatizantes; los subvencionados a la farándula; donaciones millonarias a países de regímenes dictatoriales, Alianza de Civilizaciones y los enchufados en la televisión pública, ha conseguido que la nómina de aquellos que viven “del bote” se haya convertido en algo que, aunque se oculta con bonitos nombres, se disimula bajo capas de supuesta necesidad y se otorga con inestimable favoritismo, constituye uno de las partidas más hinchadas del gasto público y, a la vez, menos justificables ni justificadas. Porque la riqueza de un país no la representa el tener un Estado saturado hasta sus raíces de los habituales “chupópteros” ni, tampoco, por tomar las riendas directamente de la economía ni, mucho menos, por asumir aquellas funciones que pueden desempeñar a las mil maravillas los propios ciudadanos, sin necesidad de la tutela de la Administración. Todas las medidas encaminadas a coartar la libertad de los ciudadanos; aquellas que tiene por objeto controlar la actividad económica de la iniciativa particular y el afán de participar en todo aquello que le permita hacerse con el control del poder, aunque, no beneficie en nada al desarrollo de la nación y signifique una clara intromisión en la libre economía de mercado que, por otra parte, es la que está vigente en la UE y en todos aquellos países que gozan de una situación desahogada y generan riqueza. Sólo la productividad, el trabajo, la excelencia en el mismo, la moderación y la calidad son las cualidades que constituyen las bases del progreso y enriquecimiento de una nación; y esta no es una afirmación gratuita porque, el ejemplo de naciones como Alemania y EEUU son los mejores avales para justificar su posición preponderante entre las naciones más ricas y más desarrolladas del planeta. Gobiernos incompetentes; movidos por ideales anacrónicos y patentemente desprestigiados por la experiencia de lo que han sido los países del este de Europa; empecinados en volver al pasado y ajenos a lo que necesitarán para sobrevivir las nuevas generaciones de españoles, son la garantía de que estamos condenados al fracaso y a permanecer en el furgón de cola de Europa.

Vean, si no, la torpeza de nuestros gobernantes que, movidos por movimientos demagógicos y tercermundistas, se han empeñado en deshacerse de las centrales nucleares, para sustituirlas por utópicas energías alternativas, todas ellas más caras y claramente insuficientes para atender las necesidades energéticas de España. Y, por si no bastara para demostrar la incapacidad de nuestro Ejecutivo, observamos perplejos como nos estamos entregando a Francia buscando la interconexión de las redes de ambos países para importar la electricidad de las centrales de energía atómica de aquella nación. Pudiendo abastecernos nosotros mismos con electricidad más barata, por una cuestión de empecinamiento y falso ecologismo (contaminan más las centrales tradicionales y, la eólica, está muy lejos de poder ser autosuficiente) la vamos a pagar más cara y, por si fuera poco, dependeremos de otra nación; como parece que vamos a depender en la cuestión del agua del río Ródano. ¿Recuerdan ustedes el Plan Hidrológico Nacional y el aprovechamiento integral del Ebro? Pues vean como hemos acabado: ¡importando agua en barcos para abastecer a Barcelona! Habría que preguntarse si ¿las centrales nucleares instaladas en el país vecino, en caso de catástrofe, se limitarían a afectar a los franceses o también a nosotros? Poner muros al tiempo y a los adelantos, es tanto como condenarse a vivir reunidos en tribus como los de los tiempos del Neandertal.

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