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Etiquetas:   Ver   juzgar y actuar   -   Sección:   Opinión

Otros culpables

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
miércoles, 16 de enero de 2008, 00:03 h (CET)
Ha sido necesario que se muestren, a través de los medios de comunicación, los cadáveres descuartizados de niños abortados, para que se produzca una reacción que posiblemente no durará demasiado o sólo llevará a una nueva ley injusta, que decidirá que se puede matar impunemente a un niño concebido si no supera el plazo de gestación que nuestros políticos, con su alta “sabiduría moral”, determinen.

Los sucesivos informes del Instituto de Política Familiar, que aportando el dato escalofriante de cien mil abortos al año, lo que representa que ésta es la primera causa de mortalidad en España, muy por encima de cualquier otra, no tuvieron apenas repercusión en una sociedad anestesiada y hedonista, que ha aceptado socialmente el aborto y convertido un crimen en un “nuevo derecho” de la mujer a decidir no sobre su propio cuerpo, sino sobre un ser inocente anidado en su útero.

Todos somos culpables de esta matanza de inocentes, unos por acción y otros por omisión. Echar la culpa a la sociedad es una manera falsa de eximirnos de responsabilidad. La sociedad somos todos, pero también cada uno de los que la formamos.

Es fácil y justo culpar a las clínicas abortistas que realizan su criminal actividad y se enriquecen con ella, pero hay otros culpables. Las mujeres que abortan, en muchos casos adolescentes, quizás no han recibido ningún apoyo de sus propias familias, ni de la sociedad, para aceptar el hijo que crece en sus entrañas. Pero no olvidemos que ese embarazo no deseado, fue obra de una mujer y de un varón y éste, en la mayor parte de los casos, se queda cómodamente al margen del problema o incluso empujará a la mujer a abortar. Hay que recordarle a estos copuladores irresponsables que el niño que matan en una clínica abortista era su hijo y que su conducta canalla es reprobable.

Son culpables todos los que en lugar de educar a los jóvenes en el valor del acto sexual por el que se da vida a un nuevo ser y el respeto al propio cuerpo para entregarlo en fidelidad recíproca a otra persona, les han dicho que la sexualidad es un juego placentero que hay que practicar cuanto antes. La información sexual, el reparto de preservativos a los adolescentes, no es educación sino incitación a la promiscuidad irresponsable. Jamás se habrán repartido más anticonceptivos y jamás han existido tantos abortos.

Son culpables los que han proclamado que la familia estable, permanente en la fidelidad, ha pasado de moda y que hay otros muchos tipos de familia que se irán imponiendo: la monoparental, la homosexual, la recompuesta, la libre de hijos, quizás mañana la polígama… (¡hay que ser progresistas!)

Son culpables los medios de comunicación que ofrecen permanentemente, y por desgracia con éxito de audiencia, las conductas licenciosas de personajes conocidos, famosos de mala fama. Es difícil que se sienta culpable una sociedad que acepta de forma pasiva y con delectación tales bodrios, que los presentadores se empeñan en presentar como normales diciendo “ha rehecho su vida", “ha encontrado a la pareja que soñaba”, “era una relación gastada”, etc. etc.

Son culpables unos políticos que experimentan su particular revolución legislando contra los valores y derechos de las personas, de la familia, de los alumnos, de los jóvenes o de la educación y son culpables otros políticos que no se atreven a enderezar este entuerto que padecemos, no sé bien si es porque no creen en los valores que dicen representar o por el complejo de no parecer progresistas (y pueda restarle votos).

Somos culpables también los que nos decimos cristianos, por no haber luchado más seriamente contra el aborto, por no haber hecho vida en nosotros los valores del evangelio, por estar adocenados, dormidos, infectados de hedonismo, de consumismo.

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