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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Fue la fuerza de la oración

Pilar Mariscal (Málaga)
Redacción
martes, 15 de enero de 2008, 03:45 h (CET)
Cuando Bernard Nathanson, el popular “rey del aborto” se convierte al catolicismo, reconoce que fueron muchas las oraciones de todos aquellos que rogaron incansablemente por su conversión. “Estoy convencido de que sus oraciones fueron escuchadas por Él”, indicó emocionado el día en que el Arzobispo de Nueva York, el fallecido Cardenal O´Connor lo bautizó. "No puedo decir lo agradecido que estoy ni la deuda tan impagable que tengo con todos aquellos que han rezado por mí durante todos los años en los que me proclamaba públicamente ateo. Han rezado tozuda y amorosamente por mí. Estoy totalmente convencido de que sus oraciones han sido escuchadas”.

Fue en 1971 cuando Nathanson se involucró directamente en la práctica de abortos. Las primeras clínicas abortistas de Nueva York comenzaban a explotar el negocio de la muerte programada, y en muchos casos su personal carecía de licencia del Estado o de garantías mínimas de seguridad, como ocurre en nuestro país hoy en día.

Pero el día en que Nathanson pudo observar el corazón del feto en los monitores electrónicos, comenzó a plantearse por vez primera "qué era lo que estaba haciendo verdaderamente en la clínica". Decidió reconocer su error, y publica un artículo en la revista médica The New England Journal of Medicine, sobre su experiencia con los ultrasonidos, reconociendo que en el feto existía vida humana.

Poco tiempo después, un nuevo experimento con los ultrasonidos sirvió de material para un documental que llenó de admiración y horror al mundo. Se titulaba "El grito silencioso", y sucedió en 1984 cuando Nathanson le pidió a un amigo suyo -que practicaba quince o quizás veinte abortos al día- que colocase un aparato de ultrasonidos sobre la madre, grabando la intervención. "Lo hizo -explica Nathanson- y, cuando vio las cintas conmigo, quedó tan afectado que ya nunca más volvió a realizar un aborto.

Acudamos a María, Madre del Amor Hermoso para que despierte las conciencias de las que abortan, los que cometen el aborto, y de los que hacemos oídos sordos, para que acabe por siempre la matanza de tantos niños indefensos y, algún día podamos escribir más de un testimonio como el de Nathanson.

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