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Etiquetas:   Reales de vellón   -   Sección:   Opinión

Centrales nucleares con energía renovada

Sergio Brosa
Sergio Brosa
martes, 15 de enero de 2008, 03:18 h (CET)
Parece como si, de repente, comenzaran a derrumbarse las murallas de Jericó que protegían a la humanidad de las centrales eléctricas de energía nuclear. Al fin, algo bueno nos trae el baturrillo del cambio climático: sí a las centrales nucleares definitivamente.

El Parlamento Británico, con la aquiescencia de la oposición, como debe ser en las cuestiones importantes, aprobó el pasado jueves la construcción de hasta diez centrales nucleares en Gran Bretaña que deberán estar operativas, por el 2020. La crisis energética que tiene su origen en los inestables aprovisionamientos de gas y petróleo ha forzado al gobierno de Gordon Brown a volver a la energía nuclear que ayudará también a alcanzar objetivos de cambio climático, dijo John Hutton, ministro de Comercio e Industria.

Por su parte, Hosni Mubarak, presidente de Egipto, ya anunció el pasado mes de octubre que el país se dotaría de centrales nucleares, después de 20 años de tener paralizado el proyecto. La primera de ellas podría construirse en Dabaa, en el Mediterráneo.

Obviamente, los grupos interesados en el Cambio Climático –con intereses personales y directos– tales como Greenpeace, ya han reaccionado retando al gobierno británico. El partido conservador sin embargo, liderado por David Cameron, dio la bienvenida a las opciones nucleares de Gran Bretaña, pero su asesor “verde” Zac Goldsmith atacó el nuevo proyecto.

La prensa de este pasado fin de semana está llena de opiniones, datos, estadísticas, pros y contras de la energía nuclear.

Bienvenida sea la discusión pública y abierta sobre la energía nuclear, después de treinta años de oscurantismo y engaño; de fomento del terror ante su peligrosidad promovido por la antigua URSS y los seguidores comunistas, ahora reciclados a partidos políticos verdes, los mismos que presionan sobre el calentamiento global y sus funestas consecuencias para la humanidad que lo está provocando, según ellos, para así detener el desarrollo y volver a la aldea y las cabañas, donde el comunismo tiene su caldo de cultivo y no en una economía de progreso y desarrollada, con amplios sectores de bienestar e igualdad de oportunidades.

Quiso la fatalidad que el único accidente muy grave de la Historia, en una central nuclear, se produjera el 26 de abril de 1986 en la antigua Unión Soviética, en la ciudad de Chernobil, Ucrania, alcanzándose el nivel más alto, el 7 en la Escala Internacional de Accidentes Nucleares (INES) con la muerte directa de 31 personas y 150.000 más evacuadas de la zona y muchas otras afectadas de por vida. El accidente se produjo por una maniobra mal gestionada, para la verificación de una prueba experimental con objeto de aumentar la seguridad del reactor. Qué lamentable paradoja.

El otro accidente nuclear de relevancia en la historia de la producción atómica de energía eléctrica se había producido 7 años antes, el 28 de marzo de 1979 cerca de Harrisburg, en Pensilvania, EE.UU., en la central nuclear de Three Mile Island, por un escape radiactivo a través de los circuitos de refrigeración, originado por un fallo en las bombas de alimentación de agua, que obligó a evacuar el área pero no produjo víctimas. Los propios sistemas de seguridad de la central, subsanado de inmediato un fallo humano, devolvieron el sistema a su funcionamiento normal.

Estos son los accidentes habidos en 50 años de historia de generación eléctrica mediante la energía nuclear. Todos los demás incidentes, han sido eso, incidentes. De manera que el peligro que suponen las centrales nucleares, aunque potencialmente pueda ser enorme, en la realidad de la vida, lo realmente peligroso son los automóviles que matan a decenas de miles de personas en el mundo todos los años; en la UE 45.000 muertos anuales en accidentes de tráfico y otros tantos en EE.UU. Las medidas de seguridad en las centrales nucleares las convierten en instrumentos seguros al servicio de la humanidad y apenas contaminantes en un sistema estándar de funcionamiento.

Las centrales nucleares evitan la dependencia de los combustibles sólidos y son extraordinariamente eficientes. Su implantación es más barata y mucho más rentable, habida cuenta de su larga vida útil, que la reconversión de la energía necesaria a generación “verde” o renovable que ahora se propugna, pues no deja de ser una falacia que hoy, con las energías renovables, todas ellas fuertemente subvencionadas por las autoridades al no ser rentables por sí mismas, pueda producirse la misma cantidad de energía que el progreso demanda.

La condición sine qua non que el Parlamento Británico ha puesto a la autorización de nuevas plantas de energía nuclear es que no hayan de ser subvencionadas por las arcas públicas. Los avances tecnológicos y de todo orden que se han logrado en los últimos años para la producción y distribución de electricidad, hacen innecesarias las subvenciones, pues el precio actual de las tarifas eléctricas (!) compensará en un futuro próximo, la eficiencia y calidad de la producción y distribución eléctrica. Un memorando sobre el tipo de reactor de tercera generación a ser instalado en Gran Bretaña, será puesto sobre la mesa a mediados de 2011 por el ministerio de Economía e Industria que definirá el mejor y más seguro de los reactores que pueden proveer EE.UU., Canadá, Japón o Francia.

Entre tanto, ha de seguir avanzando la Ciencia para solucionar el único problema de las centrales nucleares: la generación de residuos radiactivos. Tal vez sea ahí donde deban confluir las subvenciones a la Ciencia para dar con una solución definitiva a tales residuos.

Y mientras este nuevo escenario avanza en beneficio de toda la humanidad, los impulsores del calentamiento global habrán de urdir nuevas amenazas de la energía nuclear, pues en otro caso, las grandes multinacionales productoras de la reconversión industrial “verde” deberán en su caso redefinir sus estrategias y decantarse por la energía nuclear. Aunque en definitiva, son todas lo mismo.

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