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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

¿Necesita Dios trampas, escopetas y venenos?

José Vicente Cobo
Vida Universal
lunes, 14 de enero de 2008, 07:32 h (CET)
Los cristianos originarios en la actualidad, con respecto a la caza, nos preguntamos qué diría al respecto Jesús, el Cristo. Para ello nos orientamos a los Diez Mandamientos. Y en ellos se dice: "No matarás". Para los cristianos originarios esto vale claramente también para los animales. Así como la Regla de oro para la vida: Lo que no quieras que te hagan a ti, no se lo hagas tampoco tú a nadie. Si la aplicamos a los animales, habla en contra de matarlos.

No obstante en la actualidad hay mensajes que van más allá de lo que Jesús, el Cristo, nos pudo decir en su época. Dios vuelve a hablar en la actualidad a través de boca profética. Uno de estos mensajes lleva por título: "Tú, el animal. Tú, el hombre. ¿Quién tiene valores más elevados?" En este mensaje divino hay un párrafo que se refiere a la caza, en el podemos leer: " El orden sagrado de Dios ha pensado en to­do, también en el orden sobre la materia. ¿Aca­so creéis que Dios necesita de vuestras esco­petas, trampas y de vuestros venenos para man­tener el equilibrio ecológico?".

Dios, el Espíritu universal, regula todo a tra­vés de la irradiación de Su orden sagrado. Si el hombre no interviniese en el equilibrio eco­lógico, desde la ley de irradiación de Dios se produciría entonces el orden siguiente: en una especie animal, que por ejemplo aumen­tase en exceso, la fecundación disminuiría en cierto modo automáticamente. En un año o en varios años habría entonces menos crías animales de ésta especie. Esto es un hecho que entre tanto ha sido corroborado por los científicos. La población de animales silvestre se regularía de forma automática. La condición es que las personas se comporten como recomiendan el Sermón de la Montaña y los Diez Mandamientos.

Sin embargo las Iglesias hacen justamente lo contrario. Bendicen a los cazadores pero sobre todo bendicen a los cadáveres que han conseguido los cazadores, o sea justamente lo contrario de lo que nos intenta trasmitir el Espíritu de Dios. Esto es en realidad el menospreciar la vida, todo lo contrario al afirmar la vida y el respeto de todo lo que vive. Sobre todo si tenemos en cuenta que los animales tienen sentidos más sensibles, con frecuencia más sensitivos y finos que el hombre.

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Josefa Romo Galito
 
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