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Alianza Simbólica para el fraude

Luis Agüero Wagner
Redacción
lunes, 14 de enero de 2008, 06:29 h (CET)
Hacia un gran fiasco ha evolucionado la candidatura del obispo paraguayo Fernando Lugo, presentado al principio como un esperanzador proyecto de izquierdas adscripto al socialismo del siglo XXI, que fue mutando dramáticamente para atravesar todo el espectro político. Hoy este peculiar movimiento, que insinuó en su momento encarnar en el país los radicales vientos antiimperialistas que soplan sobre el subcontinente, se ha posicionado en el extremo conservador de derechas junto al Partido Liberal, una corriente oligárquica que viéndose superada política e ideológicamente instauró en 1940 la dictadura nazi-fascista en Paraguay.

Poco afortunada ha resultado, la denominación “Alianza patriótica para el cambio” para la dupla entre un político liberal al que sus mismo correligionarios han apodado “Federico Fraude” y el obispo que más que a los pobres parece representar a la oligarquía y a los testaferros del embajador James Cason, dado que no es patriótica sino simbiótica, entre los candidatos de la prensa conservadora sin aparato electoral y politiqueros desprestigiados sin candidato potable. Tampoco es de esperar que conduzca a ningún cambio, pues lo que presenta como alternativa en realidad constituye una caterva fácilmente reconocible de delincuentes políticos y comunes, farsantes y oportunistas salpicados por los mismos vicios, infamia y carencia de espíritu democrático que acusan sus adversarios del partido colorado.

El fraude impregna este conglomerado amorfo de cabo a rabo, empezando por los rumores y encuestas fraguadas con los que pretendieron engañar a los incautos presentándose como una poderosa fuerza electoral, hasta la estafa política de presentarse como supuestos izquierdistas siendo en su mayoría liberales, conservadores, aspirantes a zoqueteros y oportunistas.

Que ni ellos mismos dan mucho crédito a sus discursos lo demuestran con su desesperación por incrustarse en las listas parlamentarias, incluso de los más influyentes luguistas como Carlos Filizzola o Aníbal Carrillo, que como seguros ganadores y profesionales médicos de gran sensibilidad social hubieran sido más útiles al país postulándose a ministro de Salud del próximo gabinete. ¿Cuál es la urgencia de incluirse desesperados en las listas parlamentarias, si saben que van a arrollar a la ANR en las elecciones generales y tendrán oportunidad de copar los espacios del poder ejecutivo?

El mismo cuestionamiento puede aplicarse a los demás candidatos al parlamento, que en su mayoría ocupan simultáneamente los cargos de presidente, cacique, candidato y único referente de sus respectivos partidos, pequeñas tribus carentes de democracia interna.

Los vicios en el mayor de los partidos presentes en una engañosa alianza, donde todos son rivales entre sí, han superado a la propia imaginación al permitir el voto de los muertos, como si el proselitismo en los cementerios hubiera sido capaz de resucitar adherentes.

Los candidatos de Partido Encuentro Nacional, a su vez, fueron señalados por programar por anticipado las violaciones estatutarias a perpetrar, anulando de común acuerdo antes de las elecciones todos los artículos de su carta orgánica y del código electoral que no sean de su agrado, así como lo hicieron con los artículos 101 y 102 de su propio estatuto en sus últimas elecciones internas.

El oficialismo de Tekojoja por su parte, eliminó de sus padrones al 50% del electorado adverso para sus internas, y el Partido Revolucionario Febrerista aplicó la fórmula de la autodesignación de candidatos y autoridades, la falsificación de actas, la integración de tribunales electorales con integrantes de las listas en pugna, la participación en las listas de candidatos ajenos al partido, violaciones de artículos 82 y 84 de la propia carta orgánica, y del 349 de la Ley 834 del Código Electoral paraguayo.

El Pmas (partido Movimiento al Socialismo), además de obtener financiación simultánea de Hugo Chávez y George W. Bush, ha sido responsabilizado de apoderarse de padrones ajenos para obtener reconocimiento en la Justicia Electoral, para después depurarlos en un 90 por ciento sin razón aparente.

Otro de los fraudes de esta verdadera alianza simbiótica para el fraude es el supuesto repudio que hacen al Tribunal Superior de Justicia Electoral manejado por represores consagrados durante la dictadura de Stroessner, al que la mayoría le debe sus cargos por haber consentido sus delitos electorales. Si hubieran tenido intenciones sinceras de sanear a la justicia electoral, no tendrían sus padrones atiborrados de dobles afiliaciones, no le hubieran dado su confianza a los represores como lo hizo Nils Candia, o no le hubieran aumentado el presupuesto las veces que tuvieron oportunidad de repartirse dinero de su presupuesto como lo hicieron las bancadas del UNACE y del PLRA.

La recrudecida pugna en las internas coloradas entre la candidata oficialista Blanca Ovelar y el ahijado del embajador norteamericano James Cason a su vez, que la mayoría considera las verdaderas elecciones nacionales, sigue manifestándose como una puja de pronóstico reservado. Mientras la cosa se va poniendo cada vez más apasionante en este estratégico enclave sudamericano, seguimos corroborando que de Paraguay pueden decirse muchas cosas, inclusive que se trata de un cementerio de teorías como lo afirmara un respetado sociólogo argentino, aunque no podría ser jamás considerado aburrido.

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