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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Torturas placenteras

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 14 de enero de 2008, 06:29 h (CET)
Entre torturas, comidas y pesos, se desliza un nuevo frente para la polémica diaria; sufrimientos y venturas en busca de su reinado.

Cuánto cuesta llegar a un acuerdo cuando tratamos de kilos de más o de menos. Eso ocurre con muchas materias, pero centrémonos hoy en el peso corporal y lo copioso de las comidas, precisamente en estos días de final y principio de año. La controversia proclama que una cosa es la teoría, y otra, su repercusión en el aspecto más o menos lucido de los cuerpos que paseamos con facundia y alegría. O quizá los acompañemos con tristeza y temerosos. La comprobación se ofrece a la vista sin demasiado empeño. ¡Ah! ¡La normalidad! Que si el 20 % están delgados, un 55 – 60 % se exceden en sus kilos; quedan sólo uno de cada cinco, un 20 %, con un peso bueno. Qué si por abajo, enfermedades y secuelas; que si nos situamos por encima, las complicaciones serán múltiples. A golpe de látigo, las ADMONICIONES nos picotean, amigos y familiares, médicos y aficcionados, con una tozudez significativa. A unos para el cuidado del colesterol, ojo con los infartos, esa debilidad de los huesos, la memoria o la circulación de la sangre. ¿Qué grado de agobio? ¿Cuáles son los placeres?

Nos conviene la mención de esos extremos lamentables, en los cuales quedamos ATRAPADOS con no poca frecuencia. La voluntad nos influye sobremanera, pero no siempre es resolutiva, caemos también en esas desventuras por designios genéticos, arrastrados por la vorágine ambiental, por ignorancia, por errores humanos. Me refiero a los trastornos graves de la alimentación y nutrición, conducentes a desgraciadas situaciones personales. Como las anorexias severas, bulimias, vómitos provocados; a los que también se añaden otras variantes penosas. Auténticas “prisiones” relacionadas con la comida y con los enfoques psicológicos de cada afectado. Así lo refleja en su espléndido libro, Giorgio Nardone. Reconforta la existencia de grupos de terapeutas, como el del citado autor; centran sus actividades en el tratamiento rápido de los apresados por estos trastornos. Son notorias las dificultades terapéuticas, por las angustias y desbarajustes psicológicos, peculiaridades en cada uno de los afectados, por sus circunstancias particulares. Así mismo, la desidia social, la mala información, se compadrean para enrevesar ese tipo de problemas. Esas prisiones acuciantes, conminan a la búsqueda de unas soluciones enérgicas y precoces.

Sin llegar a tanto, la nutrición nos lleva a la percepción de los problemas relacionados con la salud o las incomodidades generadas. Son una carga a la cual hemos contribuido, la consecuencia de un desequilibrio, con grados variables de TORTURA; aún en quienes se mantengan en los límites envidiables, por aquello de no perder esa buena situación. A esas torturantes advertencias se llega con, o sin, alguna compensación. Habrá de todo. Quien afirme que disfrutó de lo lindo, sin trabas en sus comidas, sin ejercicios fatigosos, ni atenciones especiales: digamos, torturados pero satisfechos. Como en todo, también estará el grupo de los indefinidos, estos casi no entran en la discusión, se desequilibran sin enterarse; circulan con un arrastre anodino derivado de las circunstancias. ¿Placer? ¿Abulia? Aquí, ni se sabe. En cuanto a los compulsivos, simplemente, son esclavos de unos instintos ciegos; lo tremendo sería que fueran potenciados desde fuera, por los ambientes o por causas psicológicas desesperantes. Pasamos desde una cierta compensación placentera, al agravamiento de la penosa realidad, sin ninguna contraprestación.

Como diría Kant, también el genial filósofo en este asunto de gorduras y flacuras, la razón se ve obligada a una afirmación de su libertad. Luego ya devendrán las repercusiones con su grado de responsabilidad. Al menos dejemos a cada cual afrontando su reto personal sin atosigarles. Hemos de acostumbrarnos a un ejercicio libre cuando se toman decisiones. Insisto en este aspecto, por que se abusa de los dirigismos CONTROLADORES. Algunas campañas políticas, económico-sanitarias, simulan una especie de control pseudozoológico y tampoco es eso. Mira que cuesta adoptar el tono de convencimiento. Pasan los transportes, los costos, la sanidad o las campañas macroeconómicas al primer plano; a ellos ha de amoldarse cada persona. Cuando debieran organizarse en el sentido inverso al pairo de los individuos; con excepciones, pero la dirección preferida es muy opuesta. Observamos el mundo socio-político al revés; el sujeto como persona, al rebufo de unas estructuras encumbradas.

No interviene el sentido del gusto en exclusiva, incluiremos los aromas selectos, las presentaciones de nuevas y antiguas cocinas, inventos y restauraciones; así como otros factores de acompañamiento, los ambientes conseguidos y el cuidado requerido. De esta manera se gesta el contrapunto a los peligros de los que fuimos advertidos con perseverancia. Es curioso el combate entre lo sencillo y las complejas elaboraciones, su capacidad de sugestión permitirá toda clase de variaciones, conseguirá un acercamiento a los diversas preferencias. Sabores genuinos y añejos, confrontados con nuevos descubrimientos, con inesperadas sensaciones. Todo un abanico de efectos tentadores. El lógico ENCANTAMIENTO derivado de estos goces, nos permite eludir, aunque sea esporádicamente, las apreturas con que fuimos obsequiados por doquier. Desde el subconsciente ya brota la proclama consecuente, por una vez no me vengan con más cuitas, entre dulzuras y ollas, permitánme un solaz reparador.

Si bien tratamos con una disyuntiva relativamente cruel, nos defendemos de ella con una doble estrategia a nuestra disposición. Los referidos placeres y encantamientos, asociados a la vertiente alimenticia, son un primer argumento, potente argumento. Como complemento disponemos de fáciles EXCUSAS para no excedernos en los remedios. El conocimiento de los venenos e inconvenientes no impedirá el retraso de las soluciones. Si hablamos de ejercicio, no disponemos de tiempo, con el agravante del requerido esfuerzo para auténticos héroes. Aunque nos recomienden conejo, cómo vamos a desechar otras delicias. ¿Por decreto burlón? Ya pensaremos en dietas más espartanas. Además, ahora tenemos acceso a informaciones muy completas. Aunque algunos se empeñen en negarnos la bondad del chocolate, no faltará alguna publicación a favor de su consumo. Con ello, uno elige a su conveniencia, hay ejemplo para todo. Si propagamos el todo vale, será difícil una limitación consecuente para estos asuntos.

La navegación constante es nuestro sino, navegamos a babor y estribor, con escollos y alguna ventura. El trayecto en sí es bastante truculento. De ahí la benevolencia para el trato de las desmesuras citadas hoy. Si entre plato y plato recogemos alguna delicia, no será extraño que releguemos a los aguafiestas para otra ocasión. Son abundantes las circunstancias abrumadoras, las penosas realidades; como consecuencia, entre torturas y placeres continuaremos. La soluciones muy estrictas tampoco dan muestras de equilibrio, aprietan en recomendaciones y posponen otras responsabilidades suyas importantes.

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