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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La laicidad del Estado

Jesús Domingo Martínez
Redacción
domingo, 13 de enero de 2008, 07:47 h (CET)
Ante las críticas, seguro que motivados por que alguna manifestación pública ha creado cierta desazón, que partidos políticos y personas a ellos ligadas han hecho en relación a que estamos en un Estado laico, me parece interesante una reflexión. La laicidad (aconfesionalidad) del Estado, reconocida en nuestra Constitución, significa la no identificación con intereses e identidades culturales, religiosas o laicas. La laicidad de un Estado no es sinónimo de Estado "indiferente" ni contrario a las identidades y sus culturas. No puede ser, y de hecho no es nunca, indiferente a los valores de la tradición nacional como se puede ver en la historia de esos procesos constitucionales.

El ejemplo de la transición política española es harto significativo. Convendría que tuviéramos claro que un Estado democrático no puede ser indiferente a los grandes valores que están en la base de la misma convivencia democrática, como las libertades civiles y políticas, la convivencia dialogante, el respeto a los procedimientos para el consenso. Pienso que el Estado democrático es laico por su no identificación con ninguna "visión del mundo", pero si quiere garantizar su futuro, no puede ser "neutral" en relación con sus valores fundamentales, los valores de la persona.

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