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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

Del vuelo de los gansos al duelo de los mansos

Ángel Sáez
Ángel Sáez
domingo, 13 de enero de 2008, 07:19 h (CET)
(UNAS LETRAS EN MEMORIA DE MI TÍA GREGORIA)

“La muerte de todo hombre me disminuye porque pertenezco a la humanidad. Por eso jamás preguntes por quién doblan las campanas: doblan por ti”. John Donne

Todos hemos visto alguna vez, durante el otoño, cómo los gansos se dirigen hacia el sur, a la búsqueda de zonas más cálidas, volando en bandada y en forma de uve. Está demostrado científicamente que, adoptando dicha formación, los gansos ahorran el 70 % de su energía (fuerzas que, sin ninguna duda, gastarían en el caso de hacerlo en solitario).

Cuando el ganso que va en la punta o el vértice de la uve, quiero decir en vanguardia, se cansa, rápidamente es reemplazado por otro, siguiendo cierto orden o turno.

Asimismo, se ha comprobado que, cuando, por las razones que sean, un ganso enferma o es herido, un par de congéneres, sus ángeles custodios, salen de la mentada disposición o configuración para prestarle auxilio, echarle un ala, cabría decir, y servirle de égida. Permanecen a su vera hasta que el sujeto enfermo se recupera y puede remontar el vuelo o muere. Sólo entonces, habiendo cumplido con su cometido o deber, se unen a otra bandada.

Bueno, pues la inmensa mayoría de los seres humanos, mutatis mutandis, somos como los gansos. Nos apoyamos, sobre todo quienes tenemos una relación más estrecha, los unos a los otros, en las alegrías y en la penas, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, hasta que recobramos la salud (y echamos a volar de nuevo) o nos morimos (y volamos a un cielo donde ya no son necesarias las alas de las ilusiones o los sueños).

Como habrá colegido usted, desocupado lector, la razón de estas líneas, que ya tocan a su fin, no es otra que la que continúa: ayer, a mediodía, recibí el mazazo o desgarrón, la tristísima nueva de que mi tía Gregoria, una mujer trabajadora, sencilla y bondadosa, ejemplar esposa y madre, había finado sus días en este valle de lágrimas.

Esta tarde, Deo volente, toda la familia, todos (la inmensa mayoría de) los deudos de mi tía nos desplazaremos a Cabretón (La Rioja), donde volveremos a juntarnos, para acompañar en el duelo, la misa de funeral y el entierro a mi tío Vicente y a mi primo Miguel.

Descanse en paz, dilecta tía.

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