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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Un ministro de Justicia muy peculiar

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 13 de enero de 2008, 07:19 h (CET)
Es lógico que el señor Fernández Bermejo, en atención a sus ideas sobre lo que deben ser las leyes y sus especiales concepciones respecto a cómo debe aplicarse la Justicia en España, tenga arranques de fobia anticatólica; no nos debe de extrañar en absoluto, pero lo que ya no parece que sea tan normal, lo que sin duda no resulta admisible en todo un ministro de Justicia y lo que se da de bofetadas con lo que todos entendemos como un Estado de Derecho, es que se dedique a cargar contra la Iglesia católica con su particular “talante” nazi, por el hecho de que los obispos hayan convocado a los católicos españoles para recordarles a todos, católicos y no católicos, que atentar contra una vida humana constituye una agresión a la moral católica, pero también, constituye una infracción al Código Penal por el que nos regimos todos los españoles.

Y digo talante nazi ,porque si el señor Fernández Bermejo se despacha con la jerarquía católica, representada por los obispos, denominando la concentración del día 30 de diciembre como un acto del nacional– catolicismo; ante semejante declaración¬ a mi se me ocurre que él debe ser uno de aquellos seguidores de las doctrinas de R.W.Darré, el instigador de las doctrinas nacional–socialistas, en las que bebió Himmler ,el Reichfurer de la SS alemana; si es que es, como parece demostrar, un defensor de la eutanasia y el aborto. Algo del doctor Menguele debe albergar en su mente cuando valora en tan poco la vida del nasciturus y parece que prefiere hacer como que no se entera ante los escalofriantes datos que guardaba, en secreto, el inquietante ministro de Sanidad, señor Soria. Por lo visto, a nuestro ministro de Justicia, se la trae al fresco que en España se cometa un aborto cada cinco minutos y que, en un año, se practiquen en las clínicas españolas la friolera de más de 100.000 interrupciones traumáticas de embarazos. Resulta que los fiscales no se enteran, no saben o no quieren saber que, la mayoría de los abortos que se llevan a cabo en nuestra nación, se practican en clínicas privadas y que, las que parece que no tienen ningún inconveniente en masacrar a fetos perfectamente constituidos y fuera de los periodos permitidos por nuestra ley, también son dichas clínicas en las que facultativos a quienes no les importa actuar de verdugos con tal de llenar de euros sus faltriqueras, no se cortan ante un delito.

Al parecer, nuestro irascible ministro, enfrascado en buscar la manera de no ilegalizar a ANV o de procurar un confortable acomodo para los presos de ETA o en justificar las negociaciones del Gobierno con los etarras o, por si no bastara, ordenar a la fiscalía que empapelase al señor Alcaraz, de la Asociación de Víctimas del Terrorismo – precisamente por quejarse de la laxitud de la Justicia en la persecución de los asesinos de sus familiares –; no ha tenido tiempo para ocuparse de actuar contra los abortistas y ha debido ser una organización de defensa de la familia y una cadena danesa las que denunciaran la trama abortiva de Barcelona.. Algunos, todavía, estamos esperando que la fiscalía actúe contra los ediles de Ibiza, que cobraron para autorizar urbanizaciones y que, vean ustedes por donde, la sustanciación de las responsabilidades contra ellos fueron interrumpidas para que ¡no afectaran a las elecciones municipales! Si se hubiera tratado de alcaldes del PP ya haría meses que estarían encarcelado. Así funciona en España la vara de medir de la Justicia.

Hechos tan impactantes como que se trituraran los restos de los bebés sacrificados en aras de los informes falsos emitidos por unos impresentables psicólogos o el que en los basureros de Barcelona se descubrieran los cadáveres de las prácticas abortivas de las clínicas privadas, que se hacían ricas a copia de infringir la ley, agarrándose al coladero que supone el tercer supuesto de despenalización del aborto ( los problemas psíquicos de la mujer embarazada); parece que no alteran para nada los templados nervios del señor Fernández Bermejo ni, por extensión, los del señor Rodríguez Zapatero, que consiente que semejante sujeto continúe al frente de un ministerio que tantas responsabilidades entraña. Será por casualidad, o porque les gusta hacer turismo en España o porque les trae locas gastarse el dinero inútilmente por lo que, cada día más, las extranjeras vienen a abortar a nuestro país. Lo curioso es que las leyes que regulan el aborto, en sus respectivas naciones, suelen ser, incluso, más permisivas que las nuestras; en muchos de ellos el aborto no es ni siquiera delito, pero eso sí, debe practicarse dentro de unos determinados plazos porque, en caso contrario, el peso de la ley cae sobre los infractores. Pero ocurre que, si bien en España sí es delito, aunque sólo existan tres causas para poder abortar y, en todo caso, dentro de unos plazos establecidos; los controles por parte de las inspecciones sanitarias; las investigaciones a cargo de la policía o la preocupación de los políticos de que se mantenga a toda costa la restricción a la práctica de asesinatos de inocentes criaturas; no parece que sea demasiada y de ello se aprovechan los indeseables que, aún sabiendo que atentan contra la ley y la ética, no tienen empacho en actuar como carniceros y dedicarse a hacerse ricos a costa de aquello que tanto se le recriminó al rey Herodes el Grande: hacer pasar a cuchillo a los inocentes.

Me pregunto con qué autoridad moral y ética, este señor fiscal, rechazado por sus propios compañeros de profesión y aupado al cargo de matón general para asustar con su presencia y sus salidas de todo a los ciudadanos pobres de espíritu; nos viene a dar lecciones de nacional–catolicismo, cuando ni él mismo se entera de lo que está hablando. Si en este país existen culpables de que se infrinjan las leyes son aquellos que las promulgaron sin medir antes las consecuencias de su incapacidad para legislar. El favorecer, con normas demagógicas, a una progresía despendolada, carente de resortes morales y dispuesta a sacrificarlo todo a la dolce vita, no es más que venderse al mejor postor o lo que es lo mismo comprar votos a costa de vidas humana. En España no necesitamos un ministro de Justicia que anteponga su pensamiento político a la estricta aplicación de las leyes; que busque triquiñuelas legales para puentearlas o que mire hacia otro lado cuando se trata de favorecer a los de su corte político. En definitiva, señor Fernández Bermejo, necesitamos a alguien que no sea usted. Lo malo del caso es que tampoco sus compañeros son mejores. ¡Hay que fastidiarse!

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