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Etiquetas:   Políticamente incorrecta  

Electoralismo anticlerical

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
sábado, 12 de enero de 2008, 06:05 h (CET)
“La Iglesia es una de las sociedades (sic) menos democráticas de las imaginables”, sentencia el señor del clítorix, antaño tardía camisa azul a las órdenes del involucionista Arias Navarro. Imaginación, poca. Desconocimiento de la realidad, oceánico. Ahí están, como muestra de totalitarismos feroces y criminales, Cuba, Corea del Norte, China, Venezuela…; atrás quedaron – o no- la URSS de Lenin o Stalin, la Alemania de Hitler, el Chile de Pinochet o la España franquista, esa España a cuyo régimen sirvió sumisamente. Que la democracia sólo haya sido posible en sociedades de raíces cristianas es, por supuesto, una coincidencia. Como las coincidencias del 11-M. Pelillos a la mar. “La Iglesia es una de las sociedades (sic) menos democráticas de las imaginables”. Ya está.

“La Conferencia Episcopal hace mucho más difícil ser español que inglés y más difícil ser católico español que católico belga”, añade el locutor estrella –ahora, en televisión, estrellado-, ventilador de los inexistentes terroristas suicidas con mil pares de calzoncillos y no se larga ni a Australia, que para eso en Gran Bretaña Tony Blair, socialista él, se acaba de convertir al catolicismo. Tampoco se marcha a dar la tabarra a Bélgica, ese conglomerado en descomposición al cual sólo le faltaba, para que no quepa ni un progre más, tan excelsa visita.

“Los obispos quieren salvar a los españoles de sus errores. Y estamos hartos de que nos salven”. Aguda apreciación, sin duda de una profundidad teológica a la altura del nihilista y amoral personaje –que se pasa, según él mismo ha declarado, el día preguntándose qué es ser español o vasco-, ahora empleado de Carlos Slim. Hete aquí que el amigo de los ayatolás, además de reconocer implícitamente la comisión de errores (¿el sistema educativo progre, por ejemplo?), afirma sin ruborizarse que él quiere seguir cometiéndolos. Sostenella e no emendalla. Claro que eso de pedir disculpas por el terrorismo de Estado o la aniquilación de miles de mentes de niños gracias a la LODE y la LOGSE… nada. De todas formas para algunos ya no hay salvación.

Eso sí, a estos tres obispos de la progresía nadie, ni tan siquiera el lenguaraz José Blanco, les dice eso de que no pueden opinar porque no se presentan a las elecciones. Con ellos no se atreven.

Zapatero, más electoralista que nunca, acusa a los obispos, nada menos, que de haber acabado con la “felicidad navideña” (¿de quién?) por haber osado criticar la degeneración democrática a que nos está llevando su sobredosis de talante. Y, encima, es que los obispos osaron afirmar tamaña realidad delante de casi dos millones de personas que, pese al frío reinante en Madrid, habían salido a la calle aquel día. Que quizá sea eso lo que les asuste: más de un millón de personas un 30 de diciembre. Ahí es nada.

Y el remate: “Yo, que soy cristiano, quisiera que el Papa me explicara qué es eso de la familia cristiana; igual entiende por familia tradicional que la mujer se quede en casa y con la pata quebrada”. Pepiño, el gran intelectual socialista. Pues, José,… familia tradicional… tu madre. Y tu padre. ¿Ya? Por cierto, ignora don José que muchas votantes (¿o se dice votantas?) socialistas son amas de casa. Amas de casa a las que la izquierda feminista detesta por lo que suponen de sustento para la denostada institución de la familia. Por cierto, para saber que la izquierda pos-marxista entregada al feminismo quiere liquidar la institución de la familia (arma, junto con la maternidad, según ellos, entregados a la lucha de sexos, de opresión femenina) no hace falta ser obispo. Ni tan siquiera creyente. Basta con leer a insignes feministas.

Y todas estas tonterías propias de mentes totalitarias por un puñado de votos. Votos que, encima, no van a conseguir movilizar. Paciencia, señores. Es la campaña electoral. Son los nervios.

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Josefa Romo Galito
 
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