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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

De las actitudes necesarias y aptitudes imprescindibles para ser un auténtico político, un competente peluquero

Ángel Sáez
Ángel Sáez
sábado, 12 de enero de 2008, 06:05 h (CET)
“Un hombre con una idea nueva es un loco hasta que la idea triunfa”. “Mark Twain” (seudónimo de Samuel Langhorne Clemens)

A mi dilecto amigo Jesús Francisco, quien, por cierto, arrastra un catarro morrocotudo (a ver si su médico de familia, a cuya consulta acudió ayer de nuevo, acertó con la medicación que se lo cure) y a su hija y mi ahijada Paula, porque hoy, viernes, once de enero de 2008, y el próximo domingo, trece, respectivamente, cumplen años. Ergo, a los mentados y a cuantos celebren estos días sus onomásticas, ¡felices cumpleaños!

Cada vez que me amanece, nace o viene al pesquis la mala (peor aún, pésima) especie, gracia o idea de arremeter contra alguien (necia o cieno) o contra algo (sea el objeto que encierra la diana que queda tras el punto de mira de un arma, que apenas miro, o el mero muro, que tampoco –todo junto y separado, tan poco- admiro), suelo recurrir a personas reales de talento (aunque ésta acaso sea expresión redundante o pleonasmo, a secas, porque, como advirtiera in illo témpore con tino –o acertara con el descarte o en el planteamiento, que no miento- René Descartes, el buen juicio es la cosa mejor repartida del mundo, pues nadie se muestra disconforme con la porción que le ha tocado en suerte) inconcuso y verdadero, no supuesto, a quienes acostumbro a hacer depositarias de todas las razones irrefutables que en este mundo inmundo fueron, son y serán.

Una de esas personas de apodíctico y no presunto don para la retranca, el humor sutil y dicaz que está a la orden del día o más se lleva en la capital y alrededores de la ribera ibera de Navarra, es Esteban, mi dilecto peluquero, el titular u oficial. Reconozco que, últimamente, intentando tamizar los variopintos episodios que nos suministra un día sí y otro también la cómica (mejor, esperpéntica) actualidad política española, peino greñas, pues (he aquí el argumento) he precisado menos de los incontrovertibles estro y estilo de quien habitualmente me toma el pelo, o sea, he necesitado acudir en menos ocasiones a ese establecimiento hilarante, liceo de risoterapia, sito en el barrio de Lourdes, en concreto, en la tudelana plaza del Padre Lasa, S. J., adonde el menda lerenda tenía el hábito de acercarse (para reírse a mandíbula batiente hasta mearse e, incluso, desternillarse de la risa) más del doble de las veces que, en puridad, le urgía o constituía apremio perentorio que Esteban le pelara su azotea.

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