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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Movimientos peligrosos por parte de la izquierda extremista

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 12 de enero de 2008, 06:05 h (CET)
Me temo, señores, que esta campaña electoral a la que nos vamos a enfrentar, mal que nos pese, va a tener más de zafarrancho de combate que de una emulación limpia en cuanto a las propuestas de soluciones concretas para los problemas de los ciudadanos españoles. Es penoso que así sea, pero los síntomas son más que significativos. Rodríguez Zapatero se ha dado cuenta de que, por primera vez, los hados no le son favorables y que el fantasma de la economía ha empezado a cobrarse víctimas entre sus electores, cuya admiración por su líder ha empezado a dejar paso al desencanto, al comprobar que aquel ídolo en el que había puesto todas sus esperanzas y que tanta paz había prometido, tanto bienestar había augurado y tanto “talento” había derrochado; sólo ha resultado ser un parlanchín de feria, sin mas talento que el de saber engañar a sus víctimas para poderles endosar el milagroso “elixir” que todo lo cura.

Empezó por querer vendernos la “paz” con los etarras, para conseguir lo cual no dudó en negociar a escondidas y en secreto con los etarras. Fueron necesarios dos atentados con víctimas para que se descabalgara del burro y cejase en su empeño. No obstante es tanto su empecinamiento que continua manteniendo esperanzas de negociar de nuevo con ETA, si gana las próximas elecciones. ¿A qué vendría, si no, que se emperrasen en mantener vigente la autorización que recibieron del Parlamento? Su fracaso sonado y sin paliativos le dejó desconcertado por un tiempo pero, como Ave Fénix, resurgió de sus cenizas dándose golpes en el pecho por la exitosa economía que les había permitido acabar el ejercicio del 2007 con superávit. Sin encomendarse a ningún Santo ( cosa que no me extraña) y obligando a Solbes a tragarse la bilis, se ha dedicado desde entonces a despilfarrar el dinero, seguro de que, si repartía monedas como hacías los césares romanos en las grandes solemnidades, todos aquellos que aceptasen sus dádivas le otorgarían el voto; y así se han sucedido las promesas de viviendas, las recompensas por natividad, las ayudas a los jóvenes para alquileres y todo un sin fin de ayudas que han constituido el precio que está dispuesto a pagar para hacerse nuevamente con el poder. Lo que ocurre es que, la realidad es implacable y cuando más eufórico se hallaba prometiendo dichas para el futuro, ha aparecido de improviso la crisis económica que ha hecho que, por primera vez, el mecano socialista se haya empezado a tambalear. Ocurre como siempre, que cuando uno de los pilares que sostienen el edificio se empieza a resquebrajar todos los vecinos que habitan en él empiezan a preguntarse si todo el resto también estará en peligro. Porque, ¿de qué sirve prometer mucho si al fin y al cabo puede suceder que nada de lo prometido llegue a materializarse, debido a que no hay los medios para llevarlo a cabo?

Si uno se cree que tiene todos los ases, y cuando mira su jugada se da cuenta que sólo tiene unas dobles parejas, puede que empiece a dudar de su buena suerte y, en su nerviosismo, comience a cometer equivocaciones. Verán, tengo la impresión de que, las buenas relaciones que durante años parece que existían entre don Juan Carlos y Zapatero, han entrado en crisis. Es evidente que el Rey se ha apercibido de que, España, se está tambaleando; que los socialistas han apostado por la rendición ante los nacionalistas y que, de seguirse por este camino, la monarquía puede que no esté tan bien asentada como siempre ha dado por supuesto. La visita a Ceuta y Melilla fue un éxito para el Rey, pero un fuerte dolor de cabeza para Zapatero que vió como Mohamed VI montaba el gran espectáculo y retiraba su embajador de Madrid. Es probable que, ZP, en su fuero interno, maldijese el día en el que se le ocurrió tal idea. El Rey salió reforzado pero el PSOE perdió puntos. Por si fuera poco, en Sudamérica, donde tanto Zapatero como Moratinos se jugaban su credibilidad exterior y la salud de las empresas que habían invertido allí, empezaron a pintar bastos. Chávez no le resultó a Zapatero tan fácil de manejar como en un principio se debió figurar. El venezolano empezó a trabajar por su cuenta y en un plis-plas se convirtió en el líder de sus vecinos de Uruguay, Bolivia, Nicaragua y la propia Cuba, con un Fidel Castro fuera de combate. Así fue como ocurrió lo del famoso “¡quieres callarte” de SM el Rey, que dejó fuera de combate al locuaz y bocazas Hugo Chávez y con la boca abierta a Zapatero y Moratinos, que no se esperaban del Rey un gesto de tanta grandeza. Aunque lo disimularon en un principio lo cierto es que les molestó la intervención de don Juan Carlos, máxime, teniendo en cuenta la airada reacción del tirano que, viéndose humillado, la emprendió con el Rey, con España y con los españoles. Estoy convencido de que fue el principio de la distanciación del Rey de J.L. Rodríguez Zapatero o viceversa, pero lo cierto es que la cara de SM. encierra, en su gesto adusto, algo más que lo que las relaciones protocolarias pueden dar a entender. Tuvo que tragarse la recepción del embajador de Venezuela – una clara venganza de Zapatero por lo del “quieres callarte” –, y ha tenido que tragarse que Moratinos fuera a Rabat a entregar una carta de excusas a Mohamed por lo de la visita de los reyes a Ceuta y Melilla. Por cierto que, los españoles, quisiéramos saber el contenido de dicha misiva, que tan rápidos efectos ha tenido en Rabat que ya han anunciado el regreso del embajador que había retirado de Madrid. Nos tememos que ha sido una solemne y bien orquestada bajada de pantalones. ¡Pero ya estamos acostumbrados!

Pero ahora asoma un nuevo ataque al Rey. Proviene de la sucursal de El País, del diario “Público”, cuyo director, Ignacio Escolar –siguiendo seguramente las directrices del dueño del periódico y amigo de ZP, señor Roures – ya ha anunciado que romperá en el 2008 la supuesta “conspiración del silencio” que, según él, protege a la Monarquía. Pretende dicho periódico progresista y de exigua difusión, hacerse célebre y darse a conocer con una propuesta absurda que, por supuesto, no está al alcance de su mano pero que, en estos momentos, en vísperas de elecciones, puede arrastrar a una parte del electorado siempre propicio al morbo que entrañan investigaciones de este calibre. Siempre he dicho que no soy especialmente monárquico, pero también, y con la misma fuerza, debo decir que nunca podríamos apoyar la estrategia de la izquierda para llevar a España al terreno de los nacionalismos y a la proclamación de una nueva República para justificar una España insolidaria y federal. Creo que estamos en unos momentos en que la estabilidad de la Nación está en peligro y que los responsables de mantenerla deben estar atentos ante un posible intento de aprovecharse de las aguas revueltas por aquellos que pretenden la derrota de España. Más vale prevenir que curar, o eso es lo que creo.

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