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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El giro a la derecha de los intelectuales

Antonio Pérez Gallego (Madrid)
Redacción
viernes, 11 de enero de 2008, 07:12 h (CET)
Hace tiempo que medios próximos al PSOE vienen calificando de “giro a la derecha” la crítica que, de la gestión de gobierno se hace desde ciertos ámbitos, llamados intelectuales, ante la ausencia de decisiones acordes con lo que debería entenderse línea ideológica del partido en el poder; dejándose entrever que no puede existir una posición racional y vanguardista fuera de las huestes del socialismo dirigente, concluyéndose, sin ningún género de duda que, entonces, “no se es de izquierdas” (De extremo maniqueísmo acudir tantas y repetidas veces a un concepto – izquierda - ambiguo, controvertido, repleto de matices e interpretaciones e insuficiente para definir la compleja realidad actual, aunque de innegable rentabilidad electoral).

Aislamiento y descalificación de un sector que fue especialmente “molesto” por un supuesto cambio de voto - en muchos casos al PP - en aquellas comicios en que, por primera vez, la alternancia en el poder fue la lógica consecuencia a una acción de gobierno – el presidido por el aún omnipresente Felipe González – en dónde cada día nos despertábamos con un caso nuevo de corrupción.

Explicar, por tanto, lo acontecido hace más de una década en clave ideológica, no deja de ser una de una candidez y benevolencias que no merecían los constantes devaneos protagonizados por autoridades directamente dependientes del entonces Presidente del Gobierno.

En la acción concertada para justificar la falta de apoyo y consenso de determinadas facciones sociales a la legislatura actual, se ha contado, como viene siendo habitual, con la inestimable ayuda del diario El País que, una y otra vez, se ha referido con insistencia al “giro de los intelectuales a posiciones de derechas”. Hasta se llegó a formular una encuesta en donde se preguntaban las razones de este cambio de tendencia. Sabido es que no hay forma más sublime y efectiva de reconducir la opinión que, dada por sentada la falacia, expresar la respuesta, como si aquélla fuese cierta y no se prestase a discusión.

Al recrudecimiento de los reproches realizados al Grupo Prisa por su posicionamiento abierto, sin complejos y exento de censura a la función gubernamental, contestó su consejero delegado, Juan Luís Cebrián, insistiendo que “los medios de Prisa no se sienten comprometidos con ninguna opción política o económica, sino con los lectores, los oyentes y los telespectadores y con el rigor informativo” (Cuando el río suena…).

Y fue a raíz de la lucha encarnizada por los suculentos emolumentos de las retransmisiones futbolísticas cuando quienes hasta ahora habían sido aliados “de libro” del PSOE, rompiesen con la prolongada confesionalidad y maridaje exhibidos y comenzaran, sutilmente, a hacer críticas a la acción de gobierno (¿Se estarán volviendo, ellos también, de derechas?).

Las constantes proclamas a la imparcialidad de la televisión pública, otra vez realizadas con insistencia, como modelo y yuxtaposición de épocas pasadas – dicen – no se ve refrendada por los acontecimientos. Un ejemplo reciente – hay muchos - lo tenemos en el repaso a la actualidad del pasado año en el espacio “Informe Semanal”, hablando de la corrupción en los ayuntamientos en los términos de “corrupción de los alcaldes del PP”, para, a continuación, afirmar que de dicha corrupción “no se han librado el resto de los partidos políticos” ¿Es esto ecuanimidad informativa?, ¿acaso, quieren ahora decirnos que la corrupción urbanística es un problema fundamental del PP? Y, para la que no le es atribuible, ¿tiene el mismo peso y dimensiones la protagonizada por el resto de los partidos políticos, teniendo en cuenta el número de sus alcaldías, en contraposición con las del PSOE? No quisiera extenderme más. No creo necesario prestar más atención a una noticia que exonera o disculpa, inexplicablemente, de responsabilidad al PSOE, cuando el escándalo ha impregnado a todos por igual. Esta forma de presentar la información no es aislada; es solo un ejemplo en la diversidad de formas y maneras en las que la manipulación es evidente en los medios y de cómo ésta se expresa: soterradamente, de modo escondido, acaso más perniciosa y difícil de detectar que posiciones abiertas de apoyo. Es el signo de los tiempos: no reconocer hechos y buscar la sutilidad y el engaño para desviar la opinión pública interesadamente.

Las tímidas frases de reconocimiento de posibles errores en la gestión, por el jefe del ejecutivo, recuerdan la arrogancia y megalomanía del ser humano – acaso profundamente arraigadas en el “animal político” - no reconociendo errores y, cuando lo hace (abiertamente y sin disculpa podría acarrear un desvanecimiento personal o enfermedad de tipo sicótico), siempre es mencionando el contexto y la importancia que determinados sucesos tuvieron para que el hecho sobreviniese. Además de, antes y después, enumerar éxitos sin par y así cubrirlo o disfrazarlo convenientemente (acude a mi memoria la máxima filosófica recurrente, que dice que “cuando se confiesa el error”, a continuación se disculpa con un “pero…”).

Un nuevo año comienza y las expectativas no son muy halagüeñas; cambios de ciclo económico que quieren justificarse, únicamente, a razones internacionales.

El PSOE sigue jugando la baza de su ideario social aperturista para no alejar de sí el apoyo de potenciales electores que ven en el PP la parte más conservadora y arcaica de la sociedad.

Entiendo, no obstante, que la mayor parte de los ciudadanos se muestran proclives a la admisión de una comunidad de libertades, de amparo y protección de derechos de las diversas creencias. Y esta tendencia debe ser respaldada y protegida por cualquier partido en el poder, sea del signo que sea. No es el éxito propio de partido político alguno, sino la lógica consecuencia de una creencia cada vez más arraigada (poco hemos aprendido si no hemos sido capaces de admitir, arbitrar o dar con las claves de una convivencia armónica, en dónde confluyan en libertad postulados diferentes) Hacer creer al conjunto de la sociedad que esto es atribuible al partido en el poder, no deja de ser de extremo maniqueísmo y una forma de buscarse la fidelidad de voto del electorado.

Y, referente al asunto económico, poca confianza merece el actual titular de Economía, Sr. Solbes, quien, en un primer momento y ante las bondades constantes del gobierno por ayudar a determinados colectivos en la parte final de la legislatura, mostró su disconformidad para, a continuación, cambiar su opinión y referirse constantemente al superávit de las cuentas públicas o de “subirse al carro electoral”, podría añadirse con certeza.

Lo que otrora fuese depresión del sistema de pensiones, ahora es una propuesta de jubilarse a los 70. Rumasa, ahora es Forum y Afinsa. Sendos ejemplos que indican el problema de la gestión de los fondos públicos y el proteccionismo del sector bancario en detrimento de posibles competidores. Para ello, nada más fácil que la concienciación y juicio premeditado de la opinión pública con argucias y mentiras: rentabilidad excesiva, actividad financiera encubierta, infravaloración de los activos para dar por supuesto el déficit patrimonial anunciado de antemano, etc. o, lo que sin duda resulta más antipopular: “las arcas públicas no pueden sufragar las ansias de lucro de unos avariciosos”.

Nada es fruto del azar: las ayudas a los jóvenes para el acceso a la vivienda, el cheque bebé o el canon digital son muestras inequívocas de atracción de un amplio sector social y, sin duda, han sido previamente evaluadas al margen del ideario (insuficientes para un cambio del voto de sus seguidores y sí para atraerse el de quienes no se hubiesen decidido aún).

¿Qué nuevas iniciativas tendremos que escuchar hasta las próximas elecciones?

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