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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿En que mundo imaginario vive el señor ZP?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 11 de enero de 2008, 06:33 h (CET)
¡Qué no se entera, Zapatero!, ¿o es que disimula y se hace el despistado porque no le conviene enterarse? Porque a estas alturas de la legislatura, cuando ya lleva ejerciendo de presidente de la Nación casi cuatro años, resulte que todavía no se te ha percatado de lo que dice la Constitución parece algo impensable. Sin embargo, vean ustedes que nuestro ínclito ZP todavía no sabe distinguir entre lo que es un estado aconfesional de lo que es un estado laico. Aunque, visto lo visto, conociendo lo retorcido que es capaz de ser el líder del PSOE, nadie debiera llamarse a engaño respecto a los propósitos que le mueven a hablar como lo hace. Porque, señores, que el señor Zapatero, contraviniendo las costumbres y usos de la recepción de SM el Rey con motivo de la Pascua Militar, se haya salido con un exabrupto, como el que les largó a los periodistas de turno que formaron corrillo a su alrededor en los pasillos, contra la Iglesia y sus obispos por causa de la concentración a favor de la familia del pasado 30 de diciembre es algo, como menos, insólito. Habló de defensa contundente del laicismo, ¿qué laicismo señor Presidente?, ¡esto será una propuesta del partido socialista porque, que sepamos, la Constitución no habla de un estado laico! Si quiere atacar a la Iglesia no se invente usted motivos, diga claramente que usted es de aquellos que estarían muy a gusto, si no en el método pero sí en la filosofía, con aquellos milicianos de la FAI y la CNT que expresaban su repudio a la religión, eliminando a los curas por métodos expeditivos.

Es incomprensible, si no es que se considera como una escapada hacia adelante para intentar camuflar, con cortinas de humo, su completo fracaso en su política económica y su resbalón en sus “negociaciones” con ETA; que ahora intente tergiversar el sentido de la reunión, en la plaza Colón, en defensa de la familia. Usted, señor ZP, confunde como es en ustedes, los de izquierdas, habitual, el tocino con la velocidad. La Iglesia católica no quiere imponer a nadie su fe, ni establecer obligación alguna para los que no son católicos; otra cosa es que, en el ejercicio de su ministerio y siguiendo las doctrinas evangélicas aconseje a sus feligreses sobre cual ha de ser su comportamiento respecto a determinados temas, que afectan a la vida de las personas y a la consideración moral y ética que le merecen determinadas leyes y comportamientos de quienes nos gobiernan.

Aunque las leyes dictadas por el Parlamento nos obligan a todos, no necesariamente debemos estar de acuerdo con ellas; estando en nuestro legítimo derecho de objetarlas y criticarlas, aunque ello no quiera decir que no las cumplamos. Si los homosexuales y las lesbianas quieren casarse entre ellos, son muy libres de hacerlo, pero para un católico, que cumpla con sus obligaciones como tal, le está prohibido hacerlo, y no porque nadie se lo impida, sino por convencimiento moral de que es un acto contra natura. Lo que no debe pretender este Gobierno ni ninguno, es que el catolicismo deba adaptarse a sus peculiares inclinaciones partidistas. Verá, señor ZP, hoy está usted en el gobierno y mañana puede no estarlo y las leyes que usted ha ayudado a promulgar pueden dejar de tener vigencia y ser sustituidas por otras, sin que pase nada. Sin embargo, para los católicos, la Ley de Dios es inmutable y permanente.

Si el aborto es un signo de libertad para las izquierdas, los católicos lo consideramos una aberración. Me pregunto si la libertad no tiene límites, si no está acotada por los derechos de los demás y si esto es así, me gustaría que me explicasen por qué un adulto no puede matar impunemente a otro, incluso para defenderse, sin que la justicia se lo haga pagar y, en cambio, cuando una madre asesina a un hijo suyo que lleva en su vientre no le pasa nada porque una ley mal redactada, llena de salidas falsas, se lo permite. ¿Es cuestión del tamaño de las personas?, ¿quiere decir que por ser el feto un ser pequeño, pero perfectamente formado y con posibilidades de vivir, no merece la misma tutela legal que un adulto que quizá sea un criminal irrecuperable? Defienden los derechos humanos de terroristas como los de la ETA, en cambio abandonan a su triste suerte a un ser inocente, todo porque sus padres no han sabido ser responsables y han preferido librarse de él que dejarle nacer. ¿Qué clase de libertad es la que usted protege, señor Zapatero? O es que, para usted, la laicidad de la que tanto lardea no se limita a prescindir de la religión, sino que también supone obviar el Derecho Natural que nos enseña, por instinto, a proteger a nuestra descendencia como, por cierto, hacen todas las bestias.

Se le ve el plumero cuando intenta dividir a los obispos en malos y buenos. Si usted quiere ser sincero, lo que dudo, para su gusto no habría ninguno; por lo que deje de intentar sembrar cizaña entre los católicos que, si algo tenemos de bueno, es que basta que nos ataquen para formar una piña más cohesionada y unida. Si usted no sabe entender la distinción entre un acto de defensa de la familia dentro del catolicismo respecto a una manifestación política, mucho menos entenderá el comportamiento de la jerarquía eclesiástica que, si es cierto que, como cualquier sociedad humana, pueda tener sus defectos, también lo es que aún no se ha descubierto otro tipo de asociación, incluyendo los partidos políticos, que tanto bien haya hecho a la humanidad y continúe haciéndolo; lo que ha sido reconocido por la mayoría de gobiernos que no estén afectados por el odio ancestral que parece que le han cogido los progresistas, que ven en ella un espejo en el que se ven reflejadas sus carencias, sus vicios, su falta de fe en otra vida y su desesperación por no alcanzar en ésta ella la plena felicidad a la que todos aspiramos. La diferencia entre una moral y otra. Nosotros tenemos esperanza otros sólo soledad y desesperación.

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