Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El amor a la paz

Francisco Arias Solís
Redacción
jueves, 10 de enero de 2008, 06:57 h (CET)
“¡Paz, paz, paz! Paz luminosa.
Una vida de armonía sobre una tierra dichosa!”


Rafael Alberti

Todos sabemos que si este mundo elige con acierto -es decir: elige la paz- este mundo se salvará. También sabemos que las raíces solas no levantan un árbol: hay que agregarles el abono y el riego. Toda comunidad es un árbol. Es un árbol que necesita ser abonado con la paz y regado con el diálogo. Una comunidad sin paz enajena su identidad. Una comunidad sin tolerancia acaba aniquilando su destino. El respeto por el lugar donde se nace no puede prescindir del respeto por la vida del semejante, de todo semejante.

La muerte ha sido siempre, es hoy y será siempre, un acto irreparable. La regla más elemental de quien ame la paz, es decir, de quien ame sus raíces y a su propio destino, es saber que la muerte de un semejante nos aleja de todo, incluso de nosotros mismos. De la paz, del diálogo, los fundamentos de la vida, nace todo futuro. De la violencia, de la muerte, sólo nace más muerte.

La paz es revolucionaria. La paz es el fundamento mismo de la vida, de la identidad, del destino. Optar por la vida, por ese elemental e inmortal sentimiento que significa no querer morir, y no querer que nadie muera, es optar por nuestra tenacidad de amantes, de esposos, de hijos, de padres, de personas. La paz es algo más que una necesidad política, la paz es algo más que una necesidad social: es cosa más visceral y más profunda: es el derecho a no querer morir y es el derecho, el sagrado derecho, a no entender jamás la violencia y la muerte.

Una comunidad que reclame su lugar en el mundo, que reclame su árbol, necesita de la paz, su alimento más venerado, más fraternal y más alegre. Sentir perpetuamente el amor a la paz es un requisito esencial a la propia autoestima. Renunciar a la paz es sofocarse en la vergüenza. Renunciar al diálogo es negarse a crecer. Renunciar a la tolerancia es alejarse del destino. En la paz, la discrepancia, cualquiera discrepancia, se convierte en diálogo, y sólo en el diálogo habitan la identidad y la alegría. En la paz todo es cierto. Una verdad que recurra a la violencia deja de ser verdad para ser solamente violencia. La paz consiente, y más aún, estimula la libertad de todas las ideas, el acuerdo de toda discrepancia, el desarrollo de todo destino. Cualquier verdad, cualquiera, que procure imponerse mediante la violencia, acaba convertida en mentira. El camino de la violencia no conduce al reino del porvenir ni configura el propio rostro: sólo conduce al infierno del miedo, de la angustia, de la amargura y de la muerte. Porque no es un lenguaje. La violencia es ruidosa, pero es muda, y a todo lo enmudece. La paz es silenciosa, pero habla y todas sus palabras tienden hacia la eternidad. La violencia, además, es regresiva: siempre se vuelve contra quien la ejerce. La paz camina lentamente, pero siempre en la misma dirección: hacia la tolerancia; el diálogo, el alivio infinito de la fraternidad. A fin de cuentas, el lenguaje entero se apoya únicamente en una solitaria, prodigiosa palabra: es la palabra amor. La paz no es otra cosa que la hermana pequeña del amor. Pero cualquier comunidad que no ponga el amor en el centro de su horizonte, y en cada uno de los pasos de su camino, ha de saber que no camina, que va a ninguna parte. Ni siquiera conserva su pasado, porque sin paz incluso las raíces se secan, se confunden, se mueren.

Hoy, en este mundo torturado, una gota de paz, una sola gota de paz, es la puerta de la esperanza. Desde que el mundo es mundo, esa gota de paz nos ha hecho humanos, duraderos, y nos ha socorrido de esperanza. Y como dijo el poeta: “Pido / la paz y la palabra”.

Noticias relacionadas

Los patinetes de nuestra niñez hoy artefactos motrices de mayores

Un inesperado giro del medio de transporte urbano, que ha cogido con el pie cambiado a los ayuntamientos de las grandes ciudades

Mohamed VI. Liderazgo positivo en el Magreb

Un liderazgo positivo pone a Marruecos al frente de la modernidad, la tolerancia religiosa y el pluralismo en su región

Octogenaria Paca y nonagenaria Ida

La Aguirre octogenaria lee con calma en el escenario. La Vitale vitalista, todavía se queda hasta altas horas de la noche escribiendo

Enrarecido ambiente

Estoy convencido de que es precisa la salida de "cum fraude" del Gobierno para empezar a ver la luz

Política idealista y realista

G. Seisdedos, Valladolid
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris