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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Vida diurna y felicidad

Octavi Pereña
Octavi Pereña
jueves, 10 de enero de 2008, 06:33 h (CET)
El éxito no es placentero. Un estudio británico reciente pone al descubierto lo que ya se intuía: La combinación fama y Rock and Roll es mala para la salud. Según dicha investigación, quienes consiguen la fama con una guitarra eléctrica tienen el doble de posibilidades prematuramente que el resto de los mortales. Así lo afirman los autores de este trabajo de investigación que abarca el período que va desde el año 1956 al 2005, al comparar las vidas y las muertes de los famosos con las de personas anónimas.

El problema, dice el análisis, está relacionado con el estrés que conlleva la fama hasta la sensación de que todo está bien, y que en el mundo en el que se mueven los rockeros no tiene consecuencias. Sí que las tiene. De los 1064 casos estudiados, cien murieron a los 21 años por sobredosis de heroína, 16 de accidente, 4 de accidentes relacionados con el alcohol y las drogas, 3 de suicidio, 10 de una misteriosa categoría que llaman «otras».

Mark Bellis que ha dirigido el estudio, dice: “Hemos hecho este trabajo desde el punto de vista de la salud pública, acercándonos a este sector como si fuese otro cualquiera”. El estudio, según Bellis, pretende concienciar al negocio musical de la importancia de preocuparse más de las conductas de riesgo, no solamente a los efectos en las estrellas, sino, sobretodo, por las consecuencias que se producen entre sus seguidores, especialmente entre los más jóvenes e influenciables.

El mudo del espectáculo y, en particular el rockero, se caracteriza por el desenfreno. Al invertirse el ciclo de actividad, trasladándolo del día a la noche, se intensifican las conductas de riesgo que pretende concienciar la investigación dirigida por Mark Bellis.

La Escritura considera al verdadero cristiano una persona que es hijo de la luz y del día, que no pertenece a la noche ni a la oscuridad. En este sentido se le insta a vivir sobriamente. En cambio, “los que se embriagan lo hacen de noche”. La sobriedad es la característica de quien anda de día, en la luz. El desenfreno de quien vive de noche. La sobriedad es el talante de la persona feliz, de aquella que no necesita estimulantes artificiales que fabrican un bienestar engañoso. El estado de su alma no le exige más de lo que tiene. Se encuentra satisfecha en la salud y en la enfermedad, en la prosperidad y en la pobreza. Las circunstancias cambiantes no pueden afectar a la condición de su alma, que es permanente.

Quienes andan de noche se embriagan, es decir, son personas que necesitan estímulos externos para sentirse bien. Como éstos son adictivos, es necesario intensificar la dosis para alcanzar el mismo grado de placer. El resultado es de que se es candidato a una muerte prematura.

Como somos un país mediterráneo en el que está muy extendida la cultura del vino, la embriaguez se la puede considerar el emblema de los estimulantes que fabrican la felicidad artificial. El alcohol lleva al tabaco, a las drogas, al sexo desenfrenado, al juego, a las orgías, en definitiva, a un estilo de vida que además de no dar felicidad, acorta la vida.

En el sentido biológico se da la tendencia a volver a la cocina natural, a ingerir alimentos que no han sido manipulados por la industria agroalimentaria, porque se ha descubierto que esta alimentación no es buena para la salud física. Las autoridades sanitarias no se cansan de alertarnos a que nos volvamos a la alimentación natural, la tradicional. Por lo que hace a la salud del alma hemos de recuperar la alimentación natural y prescindir de todo aquello que la industria del ocio, no olvidemos que dicho negocio no es altruista, sino mercantilista. Lo que nos vende no sirve para proporcionarnos felicidad satisfactoria. Empiezan a alzarse voces que denuncian la publicidad engañosa que se hace de la felicidad artificial. Hay muchas personas desengañadas. La publicidad fraudulenta, en vez de disminuir aumenta, porque cada día, con los nacimientos, nuevos sedientos de felicidad amplían el mercado. De ahí las intensas campañas publicitarias dirigidas a los niños. Saben lo difícil que es abandonar una costumbre.

A pesar de que se dice que la publicidad está sujeta a un control, lo cierto es que se saltan las investigaciones y no abandona la fraudulencia que la caracteriza. Tiene el éxito asegurado porque apela a las necesidades básicas de sus destinatarios. ¿Quién dice que la felicidad no es una necesidad básica? ¿Verdad que el lector quiere ser feliz? ¿No reacciona favorablemente ante el anuncio de un producto que lo hará feliz? El efecto inmediato de recibir es adquirir aquello que contribuirá a su felicidad. El resultado no es satisfactorio. La consecuencia de ello es probar los nuevos productos que venden felicidad con la esperanza de dar con el que cumplirá sus promesas.

El secreto de la felicidad radica en ser un hijo del día y de la luz. Esta filiación luminosa se adquiere por la fe en Cristo. Cuando se dispone de esta fe, se mantiene amistad con dios. Su resultado es la felicidad porque en dios todas las necesidades del alma están satisfechas. La de la felicidad no puede faltar. Encontrándose uno en esta situación de plenitud es posible deshacerse de las promesas de felicidad artificial traumatizante que buscaba cuando transitaba por los sinuosos senderos de la nocturnidad.

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