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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Las cosas en su sitio… pero para todos

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 8 de enero de 2008, 02:53 h (CET)
Es evidente que al PSOE ha salido muy dolido de la manifestación que tuvo lugar el día 30 de diciembre en la plaza de Colón de Madrid. También es obvio que cuando han querido aclarar las causas de su disgusto lo único que han conseguido ha sido dejarlas más turbias y, por ende, no han hecho más que tirarse piedras sobre su propia cabeza. Vayamos por partes. ¿Qué tendrá que ver lo de la soberanía del pueblo de la que emanan los poderes del Estado, con el derecho de los españoles a manifestarse libremente para exponer sus quejas al Gobierno? ¿Acaso en la magna manifestación de los católicos y cristianos que apoyan a la familia tradicional se trató o discutió algo referente a la soberanía del pueblo? Nadie discute que el Parlamento, que no el gobierno, pueda dictar leyes ni nadie duda de la legitimidad de las leyes que se han dictado durante el tiempo que ha gobernado la nación el señor ZP y el PSOE. Decir esto es querer ocultar lo que, en realidad, se reclamaba en la manifestación de las familias. Es evidente que los ciudadanos tienen el derecho, concedido por la propia Constitución, de dar a conocer su disconformidad con determinadas normas aunque, por ello, no dejen de acatarlas.

El hecho de que se utilicen todos los mecanismos legales y políticos para manifestar su rechazo a determinadas leyes que puedan afectar a los sentimientos religiosos de una comunidad, no es poner en duda el derecho del Estado a legislar de acuerdo con la potestad legislativa de sus cámaras. Tampoco se deben confundir las leyes emanadas del Legislativo, con la forma en la que se aplican o de la manera en la que se interpretan por determinadas instituciones jurídicas. En este punto los socialistas debieran hacer un examen de conciencia en cuanto a su forma de interpretar la Constitución de 1978 respecto a la unidad de la Nación o, por ejemplo, en lo que se refiere a los derechos de los padres en la orientación moral y educativa de sus hijos cuando se han atrevido a imponer una norma tan dudosamente constitucional como podría ser la Educación para la Ciudadanía, en la que se interfiere claramente en aquel derecho constitucional. También debería explicar su claro intento de retrasar la resolución del recurso de inconstitucionalidad presentado por el PP en el tema del Estatut de Catalunya; seguramente porque piensan que la resolución del TC pudiera perjudicar sus intereses electorales. En fin, que no parece que el PSOE esté en condiciones de dar lecciones de cómo se debe cumplir la Constitución y de cómo se defienden los derechos que de ella emanan.

Está claro que el ansia totalitaria que se percibe en las actuaciones del Gobierno le impulsa a creer que cualquier acto de protesta que provenga de los ciudadanos tiene connotaciones antidemocráticas. Si debiéramos plegarnos a sus deseos nadie, en España, podría cuestionar la labor del Gobierno ni reclamar sus legítimos derechos en contra de sus actuaciones sin que, con ello, se incurriera en un desacato a las leyes o en un intento de crispar a la ciudadanía. Observemos, por ejemplo, la forma de actuar de los Sindicatos. No han sido un ejemplo de acatar a los gobiernos, especialmente si han sido de derechas, cuando han considerado que una ley les podía perjudicar o perjudicar a sus representados los trabajadores. El derecho a la huelga nunca ha sido cuestionado y es tan constitucional como cualquier otro y por ello ningún gobierno en su sano juicio se atreverá a afirmar que es un acto antidemocrático ni contrario a la Constitución. La libertad de reunión, de manifestarse y de opinar está recogida en la Constitución y no supone un menos precio a los derechos del Legislativo ni del Ejecutivo, al contrario son medios para que la ciudadanía pueda expresar su descontento cuando estima que aquellos van en contra de la sociedad o de unas determinadas minorías.

La Iglesia cristiana, anterior a las democracias y a los partidos políticos y, por supuesto a la formación de las naciones europeas en su actual configuración, desde que fue instituida por Jesucristo, fue atacada, deslegitimada y perseguida no, precisamente, por querer hacerse con el poder temporal ni por ir en contra de sus leyes, sino por exponer una doctrina a favor de los necesitados, de los perseguidos, de los humillados y de los que eran objeto de los desafueros de aquellos que valiéndose del poder y la fuerza se cebaban en los indefensos. Por ello sufrió persecución y por ello murieron infinidad de fieles que sufrieron martirio. ¿Cómo puede el señor ZP y los suyos, criticar a aquellos que se manifiestan en defensa de la vida de aquellos seres indefensos que aspiran a nacer en el vientre de sus madres? La iglesia no amenaza, no exhibe armas, no ataca con violencia; sin embargo utiliza el derecho que le otorga la Constitución para manifestar su desacuerdo contra aquellas normas, prácticas o tendencias que favorecen, permiten o disculpan que cada día sean sacrificados al egoísmo, comodidad o frivolidad de sus madres miles de seres que, por ley natural, tendrían tanto derecho o más que sus padres a poder vivir.

Deberían considerar los que nos gobiernan las diferencias abismales existentes entre una protesta civilizada, argumentada, pacífica, en orden, sin roturas de escaparates y quema de autobuses y, compararla, con las que se producen en el País Vasco por los grupos filoterroristas de la Kale Borroca o los independentistas catalanes que amenazan, extorsionan y atacan a aquellos que no opinan como ellos. Veamos, sin embargo, la reacción del Gobierno y del PSOE o del partido comunista del señor Llamazares, en un caso y en el otro. Mientras lanzan toda su artillería contra la Iglesia cristiana y la tachan poco menos que de golpista y revolucionaria, negándole su derecho a discrepar del Gobierno y a aleccionar a sus fieles (ténganlo presente los críticos) para que adopten una actitud de acuerdo con las enseñanzas evangélicas respecto a un tema tan importante desde el punto de vista espiritual y humano como es la vida de un feto en el interior del vientre materno; mantiene una actitud contemporizadora, permisiva y equívoca respecto a los terroristas callejeros. Ya que hablamos de la Constitución de 1978 no estaría mal que estos que tanto gritan y amenazan a la Iglesia les echasen un vistazo a los artículos 10.2, 16.3, 17 y 27.3 de la Carta Magna y se empapasen de su contenido.

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