Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Revista-arte

Etiquetas:   ANÁLISIS FOTOGRAFÍA   -   Sección:   Revista-arte

"Los escombros que cubren la calle, la niebla, los grises y sobretodo la máscara impactan en el espectador"

Sara Ortells Badenes
Redacción
lunes, 31 de diciembre de 2007, 23:00 h (CET)
Wolf Strache nació el 5 de octubre de 1910 en Greifswald (Alemania) y falleció el 11 de agosto de 2001; a dos meses de cumplir 91 años. Estudió en Colonia y en Munich y en 1934 se doctoró en ciencias políticas; fue a partir de entonces cuando empezó a trabajar como fotógrafo de prensa autónomo.

Durante la Segunda Guerra Mundial abandonó Stuttgart, ciudad a la que volvería en 1945.




“(Frau mit Gasmaske), Berlin Kurfürstendamm nach einem Bombenangriff”, Wolf Strache.


La fotografía nos sitúa en una calle de Berlín, nos muestra el número 10 de la Kurfürstendamm Strasse destruido por un ataque masivo. Vemos a una mujer con el rostro cubierto por una máscara antigás que empuja un carrito que supuestamente lleva un bebé en su interior. La transeúnte y su pequeño están pasando por delante del cine Gloria Palast que estaba proyectando la película Resie in die Vergangenheit.

Por lo que respecta al grano fotográfico podríamos decir que se funde con la cortina de niebla que ocupa el fondo de la fotografía, las partes blancas como el cochecito o la pared parecen formar una masa densa, blanquecina, salpicada por pequeños puntos grises que acaban con su pureza. La parte superior de la imagen atrae la mirada del espectador que se pierde en la neblina del desastre sin recaer en la presencia del grano. Si el grano es casi imperceptible cabría destacar la importancia de las líneas de la composición de la imagen, empezando desde la parte superior observamos las líneas difuminadas de los edificios quedando reflejadas las proporciones simétricas entre las ventanas; simetría que sigue respetándose en el tamaño de las letras. El espacio ocupado por los edificios sumidos en la nebulosa del desastre sólo se ve interrumpido por la presencia de un rombo que contiene las siglas de la UFA. El título del film está insertado en un par de paralelas metálicas, es más; el propio rótulo del teatro forma una recta paralela al suelo que se enmarca entre dos rectas verticales que encierran el espacio del teatro.

A su vez en la parte izquierda distinguimos una correspondencia exacta entre la vertical trazada por el muro y la estatura de la mujer; es decir encontramos otro par de paralelas. Estos dos muros que delimitan las dependencias del teatro llevan en su interior una serie de pósteres de películas que forman la misma figura en ambas vidrieras. La parte inferior del rótulo cubierta por escombros deja entrever una cristalera enmarcada por dos rectas horizontales paralelas. La parte central protagonizada por las figuras humanas deja paso a los círculos de las ruedas del cochecito y a los de los ojos y la boca de la máscara de la madre. Y es a partir de las ruedecitas donde empieza la diagonal que cruza toda la imagen pasando por tres puntos fundamentales: las ruedas, la cabeza de la madre y el cartel de la UFA, diagonal que se pierde en el infinito de la nube polvorienta. Las manos de la madre forman también un par de paralelas unidas por una barra horizontal y otra vertical que representa el vínculo de madre-hijo.

El grano y el juego de rectas abren paso a un espacio físico divido en dos planos diferenciados por su profundidad, el primero de ellos quedaría dividido en dos; en primer término la mujer y el bebé y en segundo término la fachada del cine. La sensación de profundidad aumenta con la presencia de una serie de edificios que se pierden en un infinito denso empalidecido. La profundidad se proyecta tanto horizontal como verticalmente, no vemos el final de la calle y el polvo y los edificios se funden creando un cielo invisible en la nada. La sensación de lejanía desde el plano de la madre con el fondo queda perfectamente reflejada con la disminución proporcional del muro derecho de la fotografía.

El efecto de profundidad se consigue gracias al ángulo sutilmente contrapicado utilizado que nos permite ampliar la visión de los edificios en diagonal tomando como punto de partida las ruedas del carrito. Las líneas rectas, las paralelas y la simetría caracterizan los edificios y rótulos de la imagen, es decir, el decorado real se rige por la perfección de las formas, característica que aparece también en la madre y el bebé en forma de círculos perfectos ofreciendo una imagen deshumanizada de los seres vivos que aparecen en ella. . La capa que lleva la madre presenta un pico que forma un ángulo de 60º que pierde su linealidad por la zona que cubre sus brazos. El carrito también ha perdido su forma original. Es decir el hecho que las personas pierdan su forma para dar paso a figuras “monstruosas” refuerza el horror del contenido de la imagen.

Por lo que respecta a la textura, predominan las escales de grises tanto claros, algunas zonas parecen quemadas; como oscuros. Encontramos varios motivos blancos que ocupan parte de la imagen, un blanco lechoso y denso corrompido por la suciedad o la dureza de las sombras. La parte que ocupa la mitad inferior está perfectamente enfocada dejando difuminada la parte superior derecha. El emplazamiento es exterior, por tanto no se ha utilizado ningún tipo de luz artificial; las sombras proyectadas parecen indicar que se trata del sol de mediodía; ya que son totalmente perpendiculares.

En resumen, la imagen presenta un alto contraste partiendo de la parte superior derecha blanquecina, tal vez quemada, a la dureza de la máscara de la mujer o la parte izquierda situada bajo el rótulo de la película. Las tonalidades grisáceas, transmiten un entorno frío, desierto, muerto que matizan el horror del holocausto. El blanco del cochecito y su forma de media luna parecen romper con la estética del conjunto de iconos de la imagen, podría simbolizar la esperanza, el deseo de vida, la no corrupción, la ingenuidad, la ilusión de un futuro. El bebé, es el único elemento que el objetivo no puede captar, la protección de la madre le salva del retrato de la realidad que les envuelve.

A modo de conclusión sólo queda añadir que la dureza de las sombras y el contraste de los colores, así como la profundidad con proyección infinita se entrelazan perfectamente para transmitir la sensación de desasosiego y dolor que está sintiendo la protagonista y por consiguiente el resto del mundo sumido en una guerra.

Pasemos ahora al tercer nivel, el compositivo, la perspectiva tomada por el autor refuerza la profundidad de campo, que da sensación de profundidad infinita. El hecho de utilizar un plano ligeramente contrapicado matiza la degradación de la composición fotográfica.

La composición denota ritmo interno protagonizado por la forma que adopta la capa de la madre, el único signo que rompe con el carácter estático del resto de elementos de la imagen; aunque podemo pensar en un movimiento imaginario de las ruedas del carrito. Los puntos de tensión de la fotografía se identifican sobretodo por la diferencia de tonalidades contrastadas, los blancos son los primeros en llamar la atención del espectador. También encontramos otro tipo de tensión distinguida por el paisaje y la figura deshumanizada de la mujer; que como ya hemos señalado en un apartado anterior supone un cambio en la estética de líneas rectas sustituidas por círculos. El orden icónico de los elementos es relevante para entender la magnitud del desasosiego que presenta la imagen. Pese a no cumplir la ley de tercios la figura de la mujer y el niño atraen la atención del espectador de una forma sobrecogedora.

La distribución de los pesos de la composición está ligeramente descompensada, ya que la parte inferior de la fotografía es la que reúne todos los elementos y la parte superior derecha queda difuminada en la neblina que desdibuja sus trazos. Por otro lado, la parte inferior queda claramente dividida en dos planos: el primero que ocupan los rótulos y el segundo concentrado en la parte inferior derecha en el que aparecen la mujer y el pequeño.

Ni el rostro de la mujer ni el carrito, elementos más significativos de la imagen, ocupan el espacio designado por las líneas imaginarias de la ley de tercios. El centro que trazarían estas líneas encuadraría la montaña blanquecina de escombros que cubre la entrada del Gloria Palast. La imagen contiene una dinamicidad interna sutil, la capa de la mujer denota dinamismo que se ve reforzado por la presencia de las ruedas del carrito que presuponen movimiento; además el hecho que una de las ruedas aparezca fuera de campo también matiza ese presunto desplazamiento.

Hagamos ahora un breve recorrido visual por la imagen, si la miramos de abajo a arriba empezando por la izquierda nos damos cuenta de que empieza con un vacío que se va rellenando en perpendicular a medida que recorremos el espacio presentado. El centro de atención recae en la madre y el niño que ocupan la mitad derecha inferior y si seguimos con el recorrido acabamos en una nada signo ineludible de la catástrofe. Los rótulos del cine quedan por tanto, en un segundo plano.

No hemos encontrado información acerca de la fotografía que indique si la mujer está posando o sencillamente pasaba por la calle. Pese a esta falta de información sólo queda insistir en la composición del plano que parece reflejar el paso apresurado de la madre que intenta salirse de campo. Tal vez se podría hablar de composición más que de pose. A pesar de la falta de datos, la posición de la cámara y el tipo de plano escogido por el autor remarca aún más la verosimilitud de la fotografía, el hecho de situarse tan cerca de los protagonistas que empiezan a salir de campo da realismo a la imagen.

Demos paso a continuación al lugar de la representación, la imagen muestra un espacio delimitado por líneas imposibles que se desvanecen. Tanto la capa de la mujer como la rueda del carrito muestran la voluntad de ambos de abandonar el escenario de la tragedia. Es el propio espectador quién debe imaginar el marco dónde se emplaza la acción; Strache le ayuda aportándole el contexto, el cine Gloria Palast el número 10 de la Ku’damm y el nombre de la película “Reise in die Vergangenheit” que los sitúa en 1943. Se trata de una de las calles más comerciales de Berlín, por este motivo los escombros que cubren la calle, la niebla, los grises y sobretodo la máscara impactan en el espectador de una manera sobrecogedora.

La fotografía muestra un paisaje desolador que acaba de sufrir un ataque masivo que ha destrozado parte de sus infraestructuras. El impacto de las bombas y sus devastadores efectos hacen reflexionar al espectador sobre la imposibilidad de habitar el lugar, aunque la parte derecha superior deje ver bloques de viviendas

Y del espacio pasamos al tiempo de la representación, que marca un momento histórico, la destrucción del cine y el ataque a Berlín. Cabría destacar la doble duración de la imagen, por una parte la figura de la madre refleja un instante efímero que pronto abandonará el plano y por la otra la imagen de un calle desolada y arrasada por un bombardeo que persistirá para siempre en la mente de los que lo vivieron y en la de todos aquellos que visionen la fotografía. Podemos hablar de un tiempo simbólico que genera el título de la película “Reise in die Vergangenheit” (Un viaje al pasado) que parece transportar al espectador a un tiempo pasado en el que aquello fue real. Por lo que respecta al tiempo subjetivo sólo cabe destacar que reflejar los cánones que definen una imagen bélica; la destrucción acaba reinando en todas las fotografías de este género.

Para cerrar el apartado queríamos decir que sólo con verla viajamos hacia un tiempo pasado, un lugar salpicado por la presencia de una guerra que afecta en primera instancia a los civiles que intentan huir. Todo esto queda plasmado por los iconos de la imagen, el paso del tiempo con el título de la película, la huida por los dos protagonistas y el desastre con los escombros de los edificios.

El último bloque que nos ocupa trata el nivel interpretativo, la sección más subjetiva del análisis, empezaremos por le punto de vista físico. Wolf Strache tomó la fotografía usando un plano ligeramente contrapicado que da a la imagen una composición que rige una estructura diagonal en sus elementos. El carro del bebé aparece centrado en la parte inferior del plano y la figura de la madre aparece en la parte derecha. El ángulo utilizado por el autor puede quedar justificado para captar la profundidad infinita del paisaje que empequeñece la presencia humana. Por lo que respecta a la expresión del personaje principal debemos hacer hincapié en la nulidad de gestos, ya que una máscara cubre el rostro de la mujer aportando una mueca prefabricada de horror, que matiza las ganas de abandonar la escena, la esperanza de dejar atrás el caos que la rodea. El ángulo adoptado por el autor junto con el paisaje desolador que se muestra, convierte al espectador en cómplice de la huida de la mujer del plano. El propio espectador sufre la angustia de los protagonistas. Por tanto la uso de una cara sin textura real, provoca que se desconozca hacia donde dirigen los personajes sus miradas porque no se muestran explícitamente. Se puede deducir la mirada de la mujer que con la cabeza agachada parece dirigir la vista al carro cubierto por una tela blanca.

En cuanto a las marcas textuales podríamos decir que se encuadra en un contexto espacio-temporal muy marcado que enriquece su interpretación. A parte del rótulo del cine que nos sitúa en el Ku’damm; el título de la película nos lleva hasta 1943. A través de las los círculos de la máscara de la mujer se nos dibuja un rostro inexpresivo que enriquecen el realismo y el dramatismo de la imagen.

A modo de conclusión de este apartado realizaremos una reflexión general acerca de esta instantánea. La primera vez que se observa la fotografía automáticamente la vista se desvía hasta centrarse en el rostro enmascarado de la mujer y seguidamente la vista se centra el carrito que es elemento más impactante de la imagen. Inmediatamente después de leer el título de la fotografía, que sitúa espacialmente al espectador, nos damos cuenta del desastre acontecido. La calle parece interminable y no resulta difícil imaginar como ha quedado la parte de la avenida que se correspondería con el fuera de campo. La niebla que cubre los edificios se puede confundir con una nube de polvo resultante del impacto de las bombas que parece perseguir a los protagonistas.

Puede que el carro del bebé sea el elemento que dota de mayor dramatismo a la imagen, ya que la imagen de un niño se asocia con la inocencia, y en esta imagen esa inocencia queda corrompida por la presencia de un bombardeo ajeno a la existencia frágil de un bebé, es decir, si la guerra afecta a civiles indefensos esto queda reflejado perfectamente con la imagen de una madre que huye del caos para salvar a su pequeño. Aquí podríamos recordar el dramatismo aportado por el carrito de un bebé en la bajada de la escalera de Odessa en el Acorazado Potemkin de Sergei Mikhailovich Eisenstein.

Para terminar nos gustaría destacar un último punto acerca de la imagen; la Kurfürstendamm Strasse fue y es hoy en día una de las calles más importantes de Berlín. Una avenida enorme repleta de comercios, cines y todo tipo de espacios dedicados al ocio, por tanto esta imagen simboliza la caída del capitalismo, de la riqueza, el descenso a la pobreza provocado por la guerra, la pérdida de la independencia económica; es decir el fin los privilegios.

Noticias relacionadas
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris