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Etiquetas:   El crisol   -   Sección:   Opinión

El belén

Pascual Mogica
Pascual Mogica
lunes, 7 de enero de 2008, 02:09 h (CET)
Unos dicen que el cardenal arzobispo de Madrid, Rouco Varela, ha querido felicitar las navidades al Gobierno mediante la escenificación en la madrileña Plaza de Colón de un belén viviente. Otros dicen que lo que Rouco Varela está haciendo es una especie de precampaña electoral para promocionar su candidatura a la presidencia de la Conferencia Episcopal Española que está muy próxima a renovarse.

En cualquier caso lo que monseñor ha hecho ha sido “montarle” el belén al Gobierno para que desde los camellos de los Reyes Magos, pasando por el “caganer”, se le haya podido gritar a Zapatero y a su gobierno..

Lo cierto y verdad es que en plenas fiestas navideñas, cuando se supone que hay que glorificar a Dios en las alturas y desear la paz en la tierra, los obispos, y muy en particular Rouco Varela, han pensado que cualquier manifestación cristiana es buena para arremeter contra el Gobierno sacando todo eso de la destrucción de la familia como consecuencia de las leyes del Aborto y del Divorcio. La verdad es que el Gobierno debe agradecer este “detalle” al activista cardenal ya que no tuvo la misma “deferencia” con Aznar a lo largo de los ochos años, con otras tantas navidades, que estuvo gobernando España. No le “montó” belén alguno para que Aznar procediera a derogar ambas leyes.

Es cierto también que no es la Navidad la celebración más adecuada, para, aprovechándose de ella, poner en práctica el cinismo y la hipocresía, que si bien no hay ningún mandamiento que se refiera a ellas de forma directa, es algo que no es ético y que además falsea enormemente lo que debe ser una conducta rigurosa y honesta. Aquí hay una gran carga de fariseísmo y por tanto de falta de esa actitud cristiana que deben observar los que se dicen católicos. “No mentirás”, dice el octavo mandamiento.

Tres de los principales protagonistas de la estampa navideña, Rouco Varela, García-Gascó y Ricardo Blázquez, se repitieron una vez más en su vieja y gastada cantinela de la unidad familiar, el matrimonio indisoluble y la disolución de la democracia. Esto último por culpa del laicismo. O sea, que el divorcio es el que destruye la familia. El Tribunal de la Rota no. Los católicos critican a los testigos de Jehová por aquello de negarse a las transfusiones de sangre, sin embargo no aceptan el aborto ni tan siquiera en el caso de que existiera peligro para la vida de la madre. En cuanto a que la laicidad sea un peligro para la supervivencia de la democracia es que seguramente los obispos piensan que la base de la Constitución debería asentarse sobre lo que nos dice la Iglesia Católica, o sea: cumplir los Diez Mandamientos, lo cual nos da a pensar que si así fuera el progreso no tendría razones ni motivos para su desarrollo y que los obispos irían montados en burro y viviendo en cuevas o casas fabricadas con barro y paja en vez de hacerlo en lujosos automóviles y habitar en majestuosos palacios. ¡Menudo belén!

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