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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El papel de los intelectuales

Francisco Arias Solís
Redacción
lunes, 7 de enero de 2008, 02:29 h (CET)
“Pido la paz y la palabra.”

Blas de Otero

Los intelectuales no forman parte del poder político. Tampoco llegan a constituir un poder fáctico o un grupo de presión. Sin embargo, son una fuerza espiritual con un papel político, una fuerza social, por tanto.

Ramiro de Maeztu, el apologista y embajador de la dictadura del general Primo de Rivera, dijo: “La diferencia entre España y Europa sólo consiste en el mayor o menor esfuerzo de los intelectuales. Nosotros marcamos en cada pueblo el ritmo de sus trabajo. Lo que seamos nosotros, eso y no otra cosa será España”. Considerar que el ejercicio de la inteligencia corresponde en exclusiva a los intelectuales es como mínimo exagerado. Las sociedades democráticas son productos colectivos. Una España cuyo ser fuera obra de los intelectuales, guardaría demasiado parecido con una dictadura, aunque fuese una dictadura ilustrada.

En los últimos años algunos han creído detectar el conformismo de los intelectuales. Quizá no sea tanto. Si hay cierta falta de disconformidad, también hay falta de apoyo. Conformismo no quiere decir colaboración indiscriminada.

Los intelectuales son la conciencia racional de la vida social y la conciencia histórica de la razón política. Su discurso de la inflexión crítica tiene que empezar por ser autocrítico. Hablar desde el dogma, considerarse exentos, seguros e inapelables en los juicios, es el mayor pecado en que puede incurrir quien habla como emisario del saber. Claro es que, dejándolos aparte, reconozco y respeto a los ideólogos y, más ampliamente, la los valedores de las ideologías. Estos tienen el derecho y el deber de justificar y difundir sus principios y convicciones.

La modestia es un valor, en tanto la soberbia confunde y hasta hace simpática a la misma verdad. La democracia de la inteligencia es la democracia de la duda y de la tolerancia. La estricta figura del intelectual no se identifica con la del luchador, aunque es posible la concurrencia como en los casos de Marx o Gramsci.

La función del intelectual que se ocupa de la realidad política va desde la ética de las ideas hasta la estética de la expresión.. Es una aportación a la corriente circulatoria de la cultura, como la poesía, la pintura, la danza o la música. El tiempo irá decantando la calidad y la influencia.

Linton formuló ya hace algunos años este juicio: “La conquista de la sociedad ha de ser el mayor triunfo del hombre”: Lo más difícil sigue siendo la conquista de la sociedad. No sé lo que este gran antropólogo llamará triunfo del hombre ni sé tampoco si el hombre podrá triunfar. Supongo que el triunfo será la paz universal. Hasta entonces el hombre no habrá triunfado, pero merece la pena intentarlo, sin olvidar que la paloma de la paz que dibujaba Picasso a él mismo se le volvía quimérico monstruo alado. Y es que, como dijo el poeta: “Paloma vuelta quimera / las perras guerras del mundo / te han hecho su mensajera”.

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