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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Las promesas de ZP, un engaño falaz

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 6 de enero de 2008, 07:23 h (CET)
De tanto en tanto es conveniente repasar lo que llevamos vivido y esto es especialmente útil cuando hacemos mención a un determinado lapso de la política nacional. Por ejemplo, ahora se me ha ocurrido repasar los que nos ha traído la pasada legislatura presidida por el señor Rodríguez Zapatero, como líder del PSOE; seguramente ustedes podrán recordar su semblante afable cuando se dirigía al pueblo español con el “talante” de un buen padre de familia, de un inofensivo ciudadano que estaba ansioso de volcarse en su trabajo para levantar a España del “fracaso” a la que la había conducido el PP bajo la dirección del, tan denostado, señor Aznar. Sus medidas palabras, sus ofertas a la oposición para que dialogasen con el gobierno, su intención de cooperar con ella en la lucha antiterrorista y su firme decisión de acabar con la lacra endémica del desempleo, así como su apuesta por fomentar la convivencia entre los españoles, hicieron que muchos ciudadanos se quedasen embebidos y atrapados en una especie de hechizo mágico que los hizo imaginar las más bellas utopías; como si la llegada de Zapatero a la jefatura del gobierno español hubiera colmado sus ilusiones en cuanto a lo que se necesitaba para alcanzar el summum de la felicidad terrenal.

Lo que ocurre es que “del dicho al hecho hay un buen trecho”, como dice el refrán, y después de que hayan transcurrido la casi totalidad de los cuatro años que el pueblo le concedió para que dirigiese los caminos de España, por poco que nos descuidemos, lo que puede suceder, lo que estamos apunto de padecer es que nos vamos a quedar sin aquella España unida, próspera y decente que nos había legado el PP. Y no se crean que exagero lo más mínimo, porque de aquellas manifestaciones seráficas del señor ZP, si es que queremos ser objetivos, no quedan ni los forros. Si es que pretendemos buscar en los años precedentes algún atisbo de entendimiento con la oposición – si concebimos como tal el gran partido que constituye el PP – no conseguiremos encontrarlo, por mucho que nos esforcemos; sí, por contra, hallaremos pactos del Tinell; negociaciones solapadas con ETA; secretismo; trampas y descalificaciones, cuando no acusaciones de deslealtad e insultos descarados. ¿Dónde los pactos antiterroristas?, ¿dónde el cumplimiento de la Ley de Partidos? Volaron, se difuminaron en el aire, fenecieron.

Si echamos un vistazo al ambiente existente entre los españoles, no encontraremos signo alguno de mejora en la llamada convivencia. España, antes del mes de marzo del 2004, era una nación unida, con los nacionalismos controlados, con lo que fueron los rescoldos de la guerra civil amainados, cicatrizados y alejados de la vida de los ciudadanos. Hoy, lo que se puede decir que queda de nuestra Nación, se ha convertido, en virtud del gobierno socialista, en un hervidero de pasiones, una nueva escisión de los españoles que, casi al cincuenta por ciento, se tiran en cara viejas ofensas, antiguas rencillas y resucitados odios, fruto de la militancia de sus antecesores en la casi olvidada Guerra Civil. Una Memoria Histórica inútil, desfasada e inoportuna amén de esquinada y carente de la más mínima objetividad, ha sido la contribución socialista a aquel apaciguamiento que ZP nos ofrecía, para “fomentar la convivencia entre los españoles”.

Y es que esta última legislatura la podríamos calificar como la del engaño, el camuflaje, la picardía y la falsedad. Por descontado que en todos los años que llevamos de democracia no ha existido ningún gobierno que en más ocasiones haya engañado a sus ciudadanos; que más veces haya tenido que rectificar sus posturas, forzado por las circunstancias, pero sin reconocer en ninguna de ellas el haberse equivocado y, tampoco. Ha existido gobierno que, con más empecinamiento, se hay empeñado en ir a contracorriente de lo que le demandaba la ciudadanía. Sus actuaciones en materia terrorista han superado con creces la medida del cinismo y la prepotencia. Enfrentándose a la opinión de la mayoría del pueblo español ha negociado con ETA; ha favorecido a los etarras encarcelados; ha influenciado a la Justicia para que retrasara sus decisiones o renunciara a sus deberes, para favorecer sus conversaciones ocultas con la banda abertzale y, para colmo de todo ello, a espaldas del PP y de la ciudadanía. Ha traicionado a España dando alas al separatismo vasco, catalán y gallego; ha inculcado la Constitución ayudando a aprobar un Estatut que es, prácticamente, el pasaporte a la independencia de Catalunya y ha permitido al PNV que se le haya subido a las barbas, hasta el punto de que, Ibarretche, ya ha anunciado un referendo en octubre para decidir la autodeterminación de Euskadi.

Sólo hace unos meses, cuando ya se anunciaba la llegada de la recesión, cuando muchos ya adelantábamos que la crisis estaba a las puertas de España y, cuando desde la propia UE se recomendaba tomar medidas preventivas ante el vendaval económico que nos llegaba de EEUU con el tema de las hipotecas “subprime”; tanto el señor ZP como el ministro de Economía señor Solbes, con la cooperación de la señora De la Vega y otros de sus ministros, nos quisieron engañar, pretendieron tomarnos el pelo a los españoles de a pie –que puede que no seamos muy inteligentes pero que sí sabemos ventear cuando algo malo se nos acerca –. ¿Para qué tantos sabios?, ¿para qué tanta Oficina Económica del Gobierno?, ¿para qué los Asesores Económicos de la Moncloa?, si luego resulta que todos sabíamos que deberíamos estrecharnos el cinturón, menos los que nos gobiernan. Lo peor es que sí lo sabían, pero no les interesaba reconocerlo porque, para ellos, “España iba bien” y les convenía que siguiéramos pensando que era así. Nos engañaron a sabiendas, sin importarles el coste que para los ciudadanos iba a representar en enfrentarnos a una crisis sin estar preparados para ello.

Ahora, al contrario de lo que anunció ZP, estamos en plena recesión. Los precios desbocados; las hipotecas por las nubes; el pleno empleo prometido ha queda reducido a 2.129.547 parados, o sea, un 5’7% más que en el 2006; más de 100.000 abortos al año (cola de extranjeras para venir a abortar en España) pero, miren por donde, necesitamos traernos a inmigrantes, porque no nos bastan los españoles que nacen para cubrir los puestos de trabajo y evitar el envejecimiento de la población. Lo que hay entre predicar y dar trigo. Rodríguez Zapatero prometió mucho, sin embargo, no ha hecho nada; miento, nada de provecho para España. ¿Dónde están los que nos tildaban de agoreros? ¡Qué salgan y den la cara!

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