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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

España, ¿dónde vas triste de ti?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 6 de enero de 2008, 07:23 h (CET)
Pensaba que el principio de este año 2008 nos iba a traer alguna esperanza sobre el futuro que nos iba deparar el nuevo ejercicio a los españoles pero, a la vista de lo que estamos viendo, mucho me temo que tengamos que aplazar nuestro optimismo para otra ocasión más propicia, si es que se produce el milagro de que nuestros conciudadanos entren en razón y lleguen a darse cuenta de los peligros que nos acechan si permitimos que la deriva iniciada por el Gobierno, durante los pasados cuatro años, se consolide con su llegada de nuevo al poder en las próximas elecciones del día 9 de marzo. Existen signos muy preocupantes que vienen salpicando el tapiz de piel de toro de nuestra Nación. Hechos que nos hacen dudar de que la sensatez se vuelva a restablecer alguna vez entre los que nos gobiernan y aquellos que tienen la misión de velar por la justicia y la unidad de nuestro país. Detalles y posturas políticas que nos hacen estremecer por sus similitudes con las situaciones a las que nuestra patria se vio obligada a enfrentarse en otros tiempos y que fueron causa de que muchos españoles perdieran su vida en una lucha fraticida.

Así las cosas, si observamos la situación de la Justicia en España y vemos, con estupor, como el máximo garante de que se cumplan los artículos de la Constitución, el Tribunal Constitucional, está dando un espectáculo bochornoso, tanto en lo que se refiere a sus luchas internas de cariz partidista, como en lo que hace referencia a cumplir con su obligación de hacer que se cumplan las normas constitucionales, al retrasar, incomprensiblemente, la tramitación del recurso de inconstitucionalidad del Estatut catalán; favoreciendo, con ello, las aspiraciones separatistas de los independentistas y permitiendo que, poco a poco, por la vía de los hechos consumados, se vayan aplicando todas las partes del Estatut, aún las que más evidentemente constituyen infracciones del ordenamiento constitucional vigente, como por ejemplo hemos visto estos días con la implantación de la Agencia Tributaria de Catalunya, con una dotación de más de trescientos funcionarios; un claro exponente de la disgregación de la unidad fiscal que garantizaba la igualdad entre los españoles. Si eso es lo que ocurre en el TC no nos debe admirar que los fiscales, bajo la batuta del señor Conde Pumpido, campen por sus respetos y permitan que sucedan cosas tan impactantes como que el señor Carot Rovira, CIU y hasta los propios socialistas del PSC hablen de independencia de la “nación catalana” o, que se le permita a la Kale Borroca que cada vez actúe con mayor descaro o que el señor Ibarretche se sienta reforzado en sus posiciones extremistas y se jacte, cada vez con mayor temeridad, de que va a convocar un referendo, en octubre de este año, para someter a la población vasca su proyecto de independencia de Euskadi.

Pero es que, si nos centramos en las perspectivas económicas para este año, el panorama no puede ser más desalentador. Lejos de las predicciones interesadas y optimistas del Ejecutivo de hace unos meses, la realidad se ha encargado de ensombrecer y desmentir a aquellos que nos juraban que no iba a pasar nada en España y que la crisis económica anunciada nos iba a puentear, sin afectarnos. Lejos de ver cumplir tales vaticinios nos percatamos de que estamos afectados de lleno por la crisis de la construcción; que los precios de los artículos de primera necesidad se han disparado y que, por si fuera poco, ahora, a principios de año ya nos veremos obligados a asumir aumentos que sobrepasan con creces los aumentos salariales y los incrementos de las pensiones que están previstos para la mayoría de los españoles. Las preocupantes subidas de la electricidad (3’3%), el gas (4’73%), el butano (5’29%) los transportes y un largo etcétera de otros productos de primera necesidad; todo ello unido al encarecimiento de la gasolina, el alquiler de los terminales de teléfonos, los sellos de correos y el, ya conocido, de las hipotecas que han aumentado en una media de 76 euros mensuales, no son precisamente buenas noticias para los ciudadanos de a pie.

Por si no tuviéramos motivos bastantes para sacar el pañuelo del bolsillo para enjugarnos las lágrimas, vemos con el PSOE se está radicalizando hacia la izquierda en busca del voto de los “progres” e intentando contrarrestar a los católicos que le recriminan su pasividad ante el aborto, su actuación totalitaria en materia de educación y sus intentos de desprestigiar a la Iglesia cristiana, con el fin de implantar una moral laica que se ajuste mejor a las ideas libertarias, relativistas y materialistas propugnadas por panfletos como la Educación para la Ciudadanía, el gran logro de la ministra Cabrera. En resumen que, si Dios no pone coto a estos señores que nos gobiernan y si, como se proponen, ganaran las elecciones del próximo mes de marzo; lo que nos espera puede ser algo semejante a un auge de los nacionalismo, una federalización de España como preámbulo a la independencia de varios de sus territorios; una nueva negociación con ETA ( nunca interrumpida); un empobrecimiento general como consecuencia de la falta de una buena gestión económica del Gobierno –que se ha limitado a “verlas venir”, pero que no ha hecho nada para evitar la crisis –; un aumento de impuestos para financiar todas las “promesas” que, tan alegremente, se ha permitido hacer a los ciudadanos, sin tener en cuenta si podrían cumplirlas, pero que necesitaban hacer para conseguir votos. Por supuesto, una campaña de desprestigio y ataque frontal a la Iglesia católica, intentando despojándola de toda ayuda estatal y limitándole sus facultades de enseñanza, como ya hizo Azaña en el año 1931. De una España en alza, próspera, con una industria potente, una prospección mundial y un reconocimiento internacional hemos pasado a la España triste, cuarteada, dominada por los antisistema y en los últimos lugares de Europa en cuanto a productividad, resultados educativos, fiabilidad y capacidad de sus gobernantes. Lo dicho, malos augurios, señores, para este país que nos han dejado el PSOE y los suyos después de arrasar, como si fueran los hunos, lo conseguido en los años de verdadera democracia de que gozábamos desde el advenimiento de la transición hasta que ellos se hicieran con el poder.

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