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Etiquetas:   Ver   juzgar y actuar  

La familia y el PSOE

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
sábado, 5 de enero de 2008, 02:02 h (CET)
El éxito de la pasada fiesta de la familia en Madrid ha provocado las iras del gobierno, demostrando, una vez más, que no gobierna desde el respeto a todos los españoles, sino desde su sectario designio de imponer a toda la sociedad un pensamiento único, para lo cual hay que acallar la voz de los cristianos que están dispuestos a cuestionar su desafortunada actuación legislativa sobre la familia y la educación y en tantas otras materias, que atañen a los derechos humanos fundamentales: la vida, los derecho de los padresa educar a sus hijos, la institución familiar, la libertad religiosa y de expresión.

No deja de ser escandaloso que este mismo gobierno, que mira para otro lado ante las provocaciones de los terroristas, de los nacionalistas y de los separatistas que están socavando la constitución y el ser de España, se revuelva con tal violencia contra los católicos. Es posible que se trate de aprovechar el hecho para extender una oscura cortina de humo sobre el fracaso absoluto de su gestión en estos malhadados cuatro años de gobierno.

Aunque los discursos del Presidente estén repletos de frases triunfalistas, todas suenan a hueco. Se ha puesto en manos de los nacionalistas para tratar de expulsar a la derecha del terreno político y así se aprobó el Estatuto Catalán que es una forma solapada de cambiar no solo la Constitución sino el régimen mismo. Si el partido socialista quiere una España confederal, está en su derecho de propugnarla, pero por los cauces que marca la misma Constitución para su reforma y no por los tortuosos caminos de reformas estatutarias que, si hubiera un Tribunal Constitucional realmente independiente, hubieran sido ya anuladas, en lugar de estar demorando la decisión, ¡a ver que sale el próximo mes de marzo!. Esta demora ya ha devaluado su fallo, sea el que sea.

La economía no está precisamente para presumir. No se han tomado ningunas medidas para paliar los efectos del cambio de ciclo económico, compramos al exterior mucho más de lo que vendemos y estamos generando desconfianza a los inversores extranjeros y nuestra competitividad está por los suelos. Para poner sordina a todo esto ¡ataquemos a los obispos!

El mal llamado proceso de paz, ha llevado desgraciadamente al fortalecimiento de los terroristas, con los que volverán a pactar si ganan las próximas elecciones. Se ha despreciado a las victimas y se le ha dado a ETA y sus disfraces una legitimación imposible.

Trenes que no llegan, inversiones y políticas de desigualdad, para pagar el apoyo a los nacionalistas, cien mil abortos anuales, divorcio rápido, violencia doméstica, violencia en las aulas, botellón y promiscuidad, hundimiento del nivel educativo… ¡Pues a atacar a la Iglesia y a los católicos!

La oposición tampoco ha estado a la altura de las circunstancias pues, ante la concentración de las familias, no se atreven a pronunciarse: no vayan a decir los socialistas… no vayamos a perder votos entre nuestros “progres”… ¡Aquí todo el mundo se preocupa por los resultados de marzo! Pero una oposición a remolque del gobierno, sin un programa propio que ilusione, de perfil tan bajo que a lo peor se lo pisan, si llega al poder consolidará los desafueros de los socialistas al no ser capaz de derogar tantas disposiciones injustas, o que se han demostrado injustas, como el divorcio, el aborto, los mal llamados matrimonios homosexuales, las sectarias reformas educativas, las transferencias autonómicas que han vaciado de contenido al Estado, la política exterior, etc. etc.

Este gobierno socialista bien que se apresuró a anular la Ley de reforma educativa de Pilar del Castillo y poner en marcha otra en la que se pasara de curso con varias asignaturas suspensas.

Los que nos decimos católicos no debemos bajar la guardia y defender nuestros derechos a toda costa y sobre todo ejercerlos.

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