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Etiquetas:   Mujeres del Siglo XXI   -   Sección:   Opinión

Cuando los Reyes Magos son los padres

Remedios Falaguera
Remedios Falaguera
sábado, 5 de enero de 2008, 02:02 h (CET)
Se acerca el Día de Reyes y los pequeños de la casa ya cuentan las horas que faltan para ver los árboles de Navidad repletos de regalos.

Yo, como muchos otros padres, todos los años por estas fechas espero con cierta tristeza que mi hijo de 8 años me haga la pregunta del millón:

- Mamá, ¿Existen los Reyes Magos?

Por un lado, porque significa la pérdida del candor y sencillez en los pequeños de la casa. Por otro, porque puede ser, espero que no, el final de una tradición en la que participamos todos los miembros de la familia. Preparar el porche con el agua y la hierba para los camellos, decorar la mesa con chucherías y golosinas para que Gaspar, Melchor y Baltasar repongan fuerzas en su noche más “movidita” , poner los zapatos en el salón para que Sus Majestades sepan cuántos y quiénes son los que viven en la casa…Y, lo mejor de todo, despertarte al amanecer para sentir la “magia de los Reyes Magos” a través de los ojos de nuestros hijos, es algo mágico y entrañable, que me resisto a perder.

Pero en fin, tarde o temprano todo llega. Y, por si alguno de ustedes quiere disfrutar con sus pequeños, les obsequio esta tierna manera de descubrir la verdadera historia de los Reyes Magos. Ahí va:

“Cuando el Niño Dios nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:

- ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serán.

- ¡Oh, sí-! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo.

Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó:

- Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito.

Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento, sonrió y la voz de Dios se escuchó en el Portal:

- Sois muy buenos, queridos Reyes, y os agradezco vuestros regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme: ¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?

- ¡Oh, Señor! -dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas. Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero no podemos tener tantos pajes, no existen tantos.

- No os preocupéis por eso -dijo Dios-. Yo os voy a dar, no uno, sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo.

- ¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? -dijeron a la vez los tres Reyes con cara de sorpresa y admiración.

- Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben querer mucho a los niños? -preguntó Dios.

- Sí-, claro, eso es fundamental - asistieron los tres Reyes.

- Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños?

- Sí-, sí-. Eso es lo que exigiríamos a un paje -respondieron cada vez más entusiasmados los tres.

- Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres?

Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que Dios estaba planeando, cuando la voz de nuevo se volvió a oír:

- Puesto que así- lo habéis querido y para que en nombre de los Tres Reyes de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, Yo, ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y de vuestra parte regalen a sus hijos los regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán ésta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y, alrededor del Belén, recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices.”

Queridos lectores, ¡Ojala esa ilusión no la perdamos NUNCA!

¡Los Reyes Magos sí que existen! Y el que no quiere dejar de creer no deja, por muchos años que tenga.

¡Feliz día de Reyes!

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