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Hay quien mina los puntales de España

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 4 de enero de 2008, 02:57 h (CET)
¿Quién piensan ustedes que estaba en su propia salsa ayer en Bilbao? Ya se lo pueden imaginar si han tenido la oportunidad de leer los periódicos esta mañana; nada más y nada menos que la plana mayor de Ezquerra Republicana, presidida por el inefable José Luis Carot Rovira (desde que sé que le chincha que le llamen así me encanta castellanizar su nombre) y el jardinero señor Benach. No sé si a estos señores les encantan los deportes ni si les gusta asistir a los partidos de fútbol, pero de lo que no cabe la menor duda es de que cuando encuentran un hueco, un resquicio por estrecho y pequeño que sea, no desaprovechan la ocasión para barrer para sí, o lo que es lo mismo, para sembrar las semillas de cizaña que ayuden a germinar el nacionalismo catalán y el separatismo más rancio. Claro que, en Euskadi, están como en su propia casa, porque si unos son forofos del separatismo los otros aún lo son más y, por ello, no se privan de cometer cuantos actos de violencia puedan con tal de mantener vivas sus ilusiones de conseguir su independencia de España. Pero quiero recordarles que estos desmadres, que esta locura independentista que se ha corrido por nuestra península, como reguero de pólvora; hace cuatro años, cuando gobernaba el señor Aznar, estaba agostada, reducida a meros rescoldos y contenida en lo que, en definitiva, constituye su campo de acción verdadero: una minoría exaltada, de izquierdas y bulliciosa, pero nada más.

Sólo la política desarrollada por el señor ZP y su gobierno ha permitido; digo mal, ha fomentado y promovido que estas corrientes, que eran patrimonio de unos pocos, hayan adquirido fuerza, se hayan extendido y contagiado; de modo que, como sucedió hace unos pocos días, las Consejerías de Cultura de Galicia, Cataluña y País Vasco firmaran lo que se ha llamado “ Declaración de Compostela”, una suerte de manifiesto institucional donde se habla “ de relación histórica entre las tres naciones” añadiendo que “nuestros países constituyen dentro del Estado una anomalía” definiendo el nuevo marco de relaciones entre las tres comunidades como “un instrumento que nos permite integrarnos todavía más en el papel de las naciones sin Estado”. Pero ante situaciones como estas, ante posturas claramente secesionistas y anticonstitucionales nadie se mueve. Ni el Gobierno, que parece no enterarse o prefiere hacer ver que no lo hace ni la administración de Justicia, que se ha convertido descaradamente en un lacayo más del Ejecutivo, ni tan siquiera quienes deben ser los garantes de preservar la unidad de la Nación.

Ahora otra vuelta de tuerca. La “Declaración de San Mamés”, vuelve a remachar el clavo y de nuevo las tres díscolas autonomías insisten en marcar diferencias con el resto de España. No se conforman con competir futbolísticamente con sus selecciones autonómicas sino que, en su afán de politizarlo todo, vuelven a hablar de selecciones nacionales y, no contentas con ello, convierten un acto deportivo en una demostración más de la fobia que tienen hacia todo lo español y los españoles. Alborotos, consignas mil veces repetidas, niños con señeras y toda clase de símbolos para demostrar, a los que todavía no se han enterado, que reniegan de la Nación española y de sus instituciones. En este nuevo manifiesto se vuelve a hablar de “sistemas deportivos, la práctica deportiva, los deportes autóctonos y las selecciones nacionales”; el clásico método de continuar golpeando sobre el mismo punto, una y otra vez, como la gota china, para ir sembrando la idea de que son independientes. Lo curioso es que el señor Carot todavía tiene la desfachatez de decir – esta vez en castellano, porque si no en el País Vasco no le entiende ni el lehendakari – que la confrontación entre selecciones catalanas y vascas no va contra nadie, ni tan siquiera contra España. Seguramente los gritos que se pudieron escuchar por parte de las hordas furibundas, que se reunieron en San Mamés, solamente los escucharon los no nacionalistas porque lo que es haberlos los hubieron. Claro que, visto las medidas que tomó el gobierno vasco para evitarlo, cualquiera hubiera dicho que todos sus miembros habían estado afectados por una grave sordera.

Esto no ha sido más que la introducción para lo que, si Dios no lo remedia, nos espera para después de las elecciones del 9 de marzo, si gana otra vez el señor ZP. Lo que ocurre es que, en este país, nadie lee historia y por ello ya no hay quien se acuerde de lo que sucedió al finalizar la primera Guerra Europea. Los frutos de una paz conseguida en el tratado de Versalles, donde se impusieron condiciones económicas draconianas a los alemanes; fueron que, en Europa, surgieran una serie de intelectuales ( académicos y escritores) que impulsaron los movimientos étnicos violentos, basados en las diferencias étnicas y lingüísticas, en busca de la autodeterminación nacional; movimientos que proliferaron a docenas, sin tener en cuenta que, paradójicamente, estas “liberaciones” eran a la vez causantes de que otras minorías fueran oprimidas por los mismos “liberadores de la patria”. Un ejemplo fue el desmoronamiento del Imperio Austro-Húngaro del que se desplazó Hungría y éste fue el inicio de que el gobierno húngaro empezara a oprimir a sus propias minorías, especialmente a los eslovacos y húngaros. Cada gobierno local protegía a las industrias domésticas y excluía a las minorías y, donde no podía hacerlo (por no tener atribuciones legales) organizaba el boicot a los artículos producidos por otros grupos raciales. Algo de lo que se debería tomar nota ¿no les parece? ¿Se imaginan a Galicia, País Vasco y Catalunya, cada una por su cuenta?

Pero esta situación, devenida de una forma artificial gracias a los errores del señor ZP, es un peligro real al que estamos abocados si no se pone coto a los desmanes a los que nos tiene acostumbrados el PSOE; cuyo único proyecto para España es conseguir los apoyos precisos para poder hacerse con el poder y continuar haciendo de mangas capirotes con lo que reste de este país hasta convertirlo en uno de las tristes naciones que se vieron obligadas a orbitar bajo la bota comunista. Si permanecemos indiferentes, si nos dejamos llevar por la indolencia política, luego no nos quejemos si, los que están deseando destruir a España, nos lo hacen pagar.

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