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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

¿Niños felices?

Octavi Pereña
Octavi Pereña
jueves, 3 de enero de 2008, 06:13 h (CET)
Un catálogo de juguetes tiene en la portada este texto: “Nos gusta verte feliz”. El eslogan es una invitación a los padres que les gusta ver felices y contentos a sus hijos a que compren los juguetes que aparecen en el catálogo en llamativos colores. De no ser unos padres desnaturalizados, todos desean ver contentos y felices a su prole. La pregunta que nace de esta persecución de la felicidad es: ¿Sirven los juguetes cada vez más sofisticados para aportar felicidad a los hijos?

La característica de los niños exige jugar. Necesitan moverse para que su constitución física se desarrolle correctamente. Se le debe proporcionar los medios para que puedan hacerlo. Desgraciadamente, la evolución de la sociedad limita su expresión corporal porque no existen espacios adecuados para ello. Por otro lado, los juguetes que supuestamente deben de hacer felices a los niños favorecen el sedentarismo, con todos los inconvenientes que comporta para su salud.

Hoy, a los niños se les proporciona una gran variedad de juguetes que se pueden escoger de entre la inmensa oferta que exponen los catálogos y las repletas estanterías de los comercios especializados. ¿Son felices estos niños que tienen con exceso tan amplia variedad de juguetes? Si analizamos con imparcialidad sus vidas nos damos cuenta de que no lo son. Cada vez son más los niños que en edades más primerizas padecen dolencias síquicas consideradas patrimonio de los adultos. La infelicidad que produce el tener contribuye a la aparición de cibera dicciones. Los niños se enganchan a las maquinitas, los móviles, Internet. Esta tendencia a la adicción virtual tiene su causa.

Las luces navideñas que adornan las calles y las visten de color y luminosidad son una invitación al consumo desenfrenado. Hasta hace poco se compraba para regalar. Se hacían intercambios de regalos. Ahora la tendencia es otra: “Regálatelo, te lo mereces”. Toda esta fiebre de regalar procede de los Reyes, en recuerdo de los magos que ofrecieron oro, incienso y mirra a Jesús. Lo que ha olvidado la tradición es que los sabios que viajaron de oriente hasta Belén lo hicieron para adorar al Rey de los judíos que había nacido. El aspecto espiritual de la visita de los ilustres adoradores, se olvida. De ello sólo ha quedado el tergiversado regalarse mutuamente objetos más o menos valiosos a las personas que se aman.

“Nos gusta verte feliz”, dice el anuncio de juguetes. ¡Cómo si estos pudieran aportar felicidad! La infelicidad infantil que crece espectacularmente, nace del hecho que se olvida a Jesús, en teoría, el personaje estrella de la navidad. Se utiliza su nombre para justificar el consumismo salvaje, que se incremente de manera grandiosa durante las fiestas navideñas.
Los niños necesitan encontrarse con Jesús. De alguna manera los padres de hoy deberían hacer lo mismo que aquellas madres de hace dos mil años que llevaron a sus hijos a Jesús para que los bendijera. Lo hicieron porque creían que el contacto con Él les aportaría bien. Hoy no es así. No se cree que Jesús sea Dios, por lo tanto, no puede beneficiar a nadie. El Jesús de los evangelios se lo considera un mito, una leyenda. Dicha incredulidad roba a los niños un montón de bendiciones espirituales imprescindibles para su crecimiento harmonioso como personas. Este crecimiento es equilibrado, porque en su educación se tiene en cuenta el aspecto físico, intelectual y espiritual, hará que los niños no caigan en las garras malvadas de cualquier tipo de adicción.
La iluminación extra de las calles es esta época navideña se empaña ante los graves problemas familiares que nos afectan. Este espíritu navideño consumista que aporta falsa felicidad podría ser un buen momento para intentar descubrir si Jesús es realmente quien dicen que es los evangelios. Quien indague sinceramente, más pronto o más tarde descubrirá que la fe en su nombre proporciona auténtica felicidad.

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