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¡Naufragamos! SOS

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 3 de enero de 2008, 06:13 h (CET)
El oscuro nubarrón que nos llega de oriente, las masacres indiscriminadas y los asesinatos selectivos, no son fruto de una locura momentánea que haya obnubilado la mente de un terrorista determinado; tampoco es el resultado de la facción aislada de un país musulmán extremista, sino que forma parte de un extenso plan, de una bien engrasada organización y de una financiación sin límites que hace posible formar a pobres desquiciados para que se presten a inmolarse, no se sabe muy bien si atiborrados de drogas o bien impulsados por un odio religioso hacia todo lo que pueda considerarse una muestra de la civilización occidental. Son muchos los acontecimientos que se van sucediendo en todo el mundo, como si se tratase de las gotas desprendidas por un aspersor de ácido clorhídrico que regara el desprevenido sembrado constituido por las víctimas indefensas de la insania islamista.

Es evidente que el incomprensible asesinato de la líder pakistaní, Benazir Bhutto, no se trata de un hecho aislado ni tampoco del rapto de locura de un desquiciado; entraña todos los componentes de una conspiración bien urdida, incluida la autoinmolación del asesino causando el máximo de mal posible, con lo cual se cierra el círculo criminal-asesinato-suicidio donde todo queda oculto. Por supuesto que Al Qaeda no ha tenido ningún empacho en adjudicarse la autoría del magnicidio por medio de su portavoz, Mustafá Abu Al-Yazid, dirigente de Al Qaeda en Afaganistán quien, con la arrogancia de los iluminados, ha lanzado su soflama al decir: “hemos acabado con un activo muy valioso de EE.UU que había jurado derrocar a los muyahidin”. Así se las gastan estos musulmanes “pacíficos” según el señor Rubalcaba, que ya no se conforman en pelearse entre ellos en sus países, sino que van extendiendo sus lazos por todo el mundo y aspiran a la gran Yiha islámica contra los cristianos, infieles para ellos, que por supuesto comprende la conquista del Al Andalus o sea, de España. Y no es que sea meras especulaciones filosóficas, sino realidades puestas en boca de la propia Al Qaeda que ya ha anunciado que está entre sus proyectos recuperar nuestra península para el Islám.

En este mundo actual, en el del Internet y los aviones supersónicos, nadie se puede sentir ajeno a los acontecimientos que afectan al orden mundial y no hay duda que nuestro país, por muchas razones, puede ser uno de los más afectados por la amenaza que nos llega desde el este. Y, ante un hecho tan trascendental, ¿que puede oponer Europa para mantener las bases de su civilización occidental? El cristianismo aunque ahora desde el laicismo, el materialismo y el relativismo se quiera olvidar su influencia en la cultura de los países de la UE, ha constituido el valladar que desde Constantino se ha erigido ante los intentos de los musulmanes de imponernos el Islam. No hay duda que existen en Europa países fuertes, sin fisuras y bien gobernados como la Alemania de la Merkel o la Francia del espectacular Sarkozy, que están en condiciones de poner en vereda a países con ambiciones nucleares como puede ser Irán o a otros que ya están en posesión de armas nuclares como puede ser el Pakistán que hoy, por tan triste motivo, nos ocupa; pero, ¿y en España?, ¿qué ocurre con nuestra nación? Pues, aunque nos pese decirlo, en nuestro país, los que nos gobiernan, están e la inopia. Sí, es duro admitirlo, pero cuando todo el mundo se está aprestando a enfrentarse al terrorismo islámico aquí el señor ZP y el inconmensurable Moratinos, están todavía jugando a aquel invento que ellos denominaron “la Alianza de Civilizaciones”. Es como, por poner un ejemplo, si se hablara de una alianza de Caperucita Roja con el Lobo feroz o un acuerdo entre el león y la gacela: algo imposible.

Si para enfrentarnos a lo que nos pueda venir de fuera hace falta una nación unida, un gobierno fuerte y cohesionado y una ciudadanía dispuesta a defender las esencias de su civilización; señores, es inútil que nos esforcemos en tener esperanza alguna de poder sobrevivir, porque, si hay algo de lo que estamos faltos, precisamente, en estos momentos es de aquellas tres premisas. Zapatero y el PSOE han sido los causantes del penoso, pero incuestionable, declive de nuestra Nación. Después de cuatro años de ocupar el poder podemos afirmar que ha conseguido cuartear España, dando manga ancha a los nacionalismos excluyentes de Catalunya, País Vasco y, en parte, al de Galicia. A través de una legislatura han sido capaces de separar otra vez a los españoles en rojos y azules o en comunistas y derechistas, como se quiera; pero es que, además, han propiciado que se reabran las antiguas heridas de la Guerra Civil, que ya habían cicatrizado, y que las nuevas generaciones sólo contemplaban desde la distancia de setenta años, lo que las convertía en meras sombras del pasado. Pero es que, si queremos referirnos a nuestra ancestral civilización, si queremos hablar de nuestra institución secular de la familia, si nos queremos referir a nuestros valores comunes y a nuestros orígenes cristianos, señores, no tenemos más que echar una mirada a lo que nos rodea y podremos ver en lo que han quedado convertidos.

Un país entregado al materialismo más radical; unos ciudadanos masificados en sus ideas, conducidos como corderos por el Estado protector; carentes de iniciativas políticas individuales que les ayuden a enfrentarse al poder omnímodo constituido; una juventud sometida al yugo del partido dominante, emancipada a la fuerza de la tutoría familiar y educada en la obediencia a las normas partidistas del Gobierno, que se constituyen en sucedáneos de la moral y la ética tradicional. Un Gobierno que va dando bandazos, una veleta manejada a placer por los vientos dominantes de las oligarquías afectas al socialismo; un Gobierno que, como Penélope, no deja de tejer y destejer, intentando salvar la cara ante sus electores; un Gobierno sin respeto alguno por la Oposición, a la que traiciona sin el mínimo pudor y a la que apuñala por la espalda cada vez que se le tercia; un Gobierno, en fin, compuesto por nulidades incapaces de llevar a cabo su cometido con un mínimo de eficacia y decencia. Y esto es, señores, de lo que disponemos para enfrentarnos al vendaval político y económico que nos acecha desde allende nuestras fronteras. ¡Delenda est Hispania! , y añado, para aviso de navegantes: “quien siembra vientos recoge tempestades”

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