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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Bien por la Iglesia Española

Miguel Rivilla (Madrid)
Redacción
jueves, 3 de enero de 2008, 07:16 h (CET)
Jornada histórica la de ayer en la plaza madrileña de Colón. Tal ha sido la concentración multitudinaria de la Fiesta de la Familia, testimoniando, con la variopinta presencia de sus miembros, que esta institución no ha pasado de moda. Con una perfecta organización y coordinación. Sin ir contra nadie; sin reivindicaciones materiales; sin connotaciones políticas, ni ocultas consignas partidistas; con transparencia absoluta en los fines de su convocatoria; con servicios mínimos de apoyo logístico y vigilancia de las fuerzas de orden; con un corto tiempo de preparación; con escasos medios de comunicación; sin ningún raro accidente reseñable; la jornada constituyó un rotundo éxito en todos los aspectos.

Tal evento merece el aplauso generalizado. Sin caer en fáciles triunfalismos cabe decirse que toda la Iglesia española -(pastores y fieles)- han estado a la altura de las circunstancias. Han hecho realidad las directrices de Juan Pablo II, que impulsó en sus viajes a España a no tener miedo y a “ salir a la calle” testimoniando la fe cristiana.

Desde su sucesor Benedicto XVI -con un breve y emotivo saludo en el rezo del ángelus en la plaza de S.Pedro, con un fluído y perfecto castellano, hasta los tres cardenales españoles –ausentes el jesuita y los del de Sevilla y Barcelona- junto con el presidente de la CEE, acertaron plenamente en sus breves intervenciones. Lugar destacado merece la homilía del cardenal Rouco-alma y promotor de esta jornada- que servirá de faro luminoso para la entera comunidad española y de modo especial para los movimientos eclesiales que intervinieron en el acto.

Como conclusión de este gozoso evento, destacaría que tanto la Iglesia como la familia españolas, siguen más vivas que nunca y que a ambas, con la ayuda de Dios, les aguardan días de gozosa esperanza. Enhorabuena a la Iglesia española.

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