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Obispo de los pobres, de la oligarquía y de los testaferros del imperio

Luis Agüero Wagner
Redacción
miércoles, 2 de enero de 2008, 10:46 h (CET)
Desde esta aldea a orillas del río Paraguay donde lo único vivo son la fe y los muertos, por transportar una expresión de Asturias, resulta divertido conectarse a internet y leer en la prensa extranjera sobre el escenario político paraguayo.

Se habla de “candidato progresista” refiriéndose a un obispo católico que representa a una agrupación liberal a la usanza francesa del vocablo, conservador de derechas al punto que una de sus más recordadas hazañas de gobierno es haber repelido una manifestación con fuego de metralla en octubre de 1931. Una muestra de brutalidad “progresista” sólo comparable con la matanza de Amritsar perpetrada en 1919 por las tropas inglesas de ocupación en la India.

Otros de los logros en el poder de estos “progresistas” lo constituye el haber entregado la zona petrolífera del Chaco a personeros de la Standard Oil Company (la misma que llevó a Paraguay y Bolivia a una guerra entre 1932 y 1935), a cambio del respaldo norteamericano a la dictadura Nazi-fascita que impuso José Félix Estigarribia en 1940. Todos estos nefastos hechos han sido aludidos y glorificados por el “obispo de los pobres” en sus discursos, en los que tampoco ha olvidado manifestar la hostilidad al MERCOSUR que le impone la prensa que lo respalda, instrumentando el tema de las binacionales para generar disturbios en las relaciones con los gobiernos progresistas de la región.

Se habla de Fernando Lugo como un supuesto obispo de los pobres, austero humanista y teólogo de la liberación tercermundista, predestinado a redimir de las bajezas a un pueblo sumido en la miseria, como si no lo viéramos todos los días emprender costosos viajes y presentarse acompañado de los impresentables personeros del eterno partido de la oligarquía liberal, guiado por asesores ahogados en dinero ordeñado por la vía de la corrupción y rodeado de testaferros del embajador norteamericano James Cason. Personalmente, puedo testimoniar que lo conocí en medio de un ambiente muy festivo para un teólogo de la liberación tercermundista, conduciendo una suntuaria Land Cruiser 4x4 de última generación y cercado por adulones y mujerzuelas. Nuestro mesiánico teólogo de la liberación tercermundista, que ha proclamado en Ecuador su filiación adscripta al socialismo del Siglo XXI, en sus últimas alocuciones se ha sacado la careta manifestandose como recalcitrante defensor de la propiedad privada, de la patria sojera, del latifundio y de terratenientes vinculados a narcos.

La prensa ultraderechista, curiosamente, motoriza con entusisamo estas supuestas candidaturas “izquierdistas“, que en realidad promueven a empleados de la embajada norteamericana, operativos del Plan Umbral, USAID y la National Endowment for Democracy. Una prueba de sus compromisos con el imperio la constituye que la mayoría de ellos, especialmente los de Tekojoja, todavía siguen repitiendo las consignas que una década atrás les dejara el promotor del plan colombia y entonces sub secretario de estado Peter Romero. Recordemos que a intromisiones de este último personaje debe el Paraguay el haber sido gobernado un lustro por un ebrio consuetudinario digitado por una corte politizada y corrupta, impuesto con la ayuda de medios masivos adictos al imperio, que atribuyen a enviados de Washington la facultad de impartir proscripciones en la política paraguaya.

Un negro manto de dudas cubre el accionar de la Justicia Electoral, cuyas decisiones favorecen inexorablemente al oficialismo y a las burocracias partidarias, que se eternizan reproduciéndose endogámicamente y conspiran contra la democracia distribuyéndose el dinero de presupuestos en la forma más desvergonzada imaginable. Las anémicas agrupaciones que intentan dar un marco de alianza al movimiento luguista, acompañando como furgón de cola al Partido Liberal, en realidad son tribus donde la democracia interna lleva mucho tiempo difunta haber, y que coinciden con el partido de gobierno en métodos fraudulentos y autoritarios. Una prueba de ello es que la mayoría candidata a su propio presidente para los misérrimos espacios de poder que se proponen conquistar de la mano del obispo.

La cúpula liberal, que no parece tomar muy en serio el liderazgo improvisado de Lugo, se ha envuelto en una pugna feroz por la vice-presidencia que denota intenciones de desplazar al futuro presidente por medio de acuerdos parlamentarios en los que no es difícil entrever la probable colaboración del gobernante partido colorado, con sus votos en un inminente juicio político. El partido de gobierno, a su vez, no parece muy atemorizado por su contrincante, a juzgar por una sangrienta interna desatada que sólo se produce cuando los bandos están convencidos de disputar el premio mayor, y donde no está ausente el enfrentamiento entre Hugo Chávez y George W. Bush.

A un lado del escenario, como convidado de piedra, observa impotente el espectáculo el obispo de los pobres, de la oligarquía y de los testaferros del imperio.

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