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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Lo que dice y lo que se calla ZP

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 1 de enero de 2008, 14:57 h (CET)
Hay cosas que son difíciles de digerir y entre ellas, por ejemplo, que el PSOE, en vísperas de elecciones haya cerrado una página web, “La mirada positiva”, en la se abría a los internautas la posibilidad de hacer propuestas para el programa socialista de las próximas elecciones. Al parecer el motivo del cierre ha sido que, en dicha página, resultó ser la lista más votada aquella en la que se repudiaba el tan traído y llevado “Canon digital”. Como excusa se ha dicho que: el programa electoral estaba ya “en fase de redacción”. Por lo visto, los señores del PSOE anteponen el pago de sus deudas con los de la farándula a la voluntad de sus votantes, cosa que no debiera de extrañarnos porque somos muchos los que estamos convencidos de que, entre las bases socialistas, hay muchas personas que se encuentran incómodas en un partido que les ha estado vendiendo gato por liebre durante esta legislatura presidida por el señor ZP. El hecho de que, en cuanto tienen ocasión los votantes de exponer lo que piensan, los jerifaltes del partido recojan velas e intenten tapar las bocas de los seguidores disconformes, cerrando el medio por el que daban a conocer sus discrepancias, sólo es admisible o reconocible en un régimen totalitario al estilo del de “el camarada Stalin”.

Pero ante la desfachatez del señor Rodríguez Zapatero de auto-incensarse, de congratularse de sí mismo y de intentar engañar a la audiencia con un discurso enjabonado de demagogia y autocomplacencia; deberíamos hacer mención no a lo que nos dijo, sino a lo que se dejó dentro del papo, porque no le convenía airearlo. Aunque no estaría de más que dejáramos constancia de un tema que creo que los electores deberían valorar en su justa medida. Nadie, a partir de las declaraciones del señor ZP, puede llamarse a engaño respecto a lo que le espera a la nación española si el PSOE y su cabecilla ganaran las próximas legislativas. El señor Presidente lo ha dejado muy claro, lo ha proclamado a los cuatro vientos, para regocijo de los separatistas y espanto de aquellos que todavía creemos en una España unida y solidaria: ZP piensa, si gana las elecciones ( no debe de estar muy seguro de ello, cuando se venda el brazo antes de recibir la herida) y sabiendo que su victoria puede ser pírrica, buscar el apoyo de los catalanes y el PNV, es decir, los grupos separatistas; sabiendo que son sus liados más firmes, no porque compartan sus ideales federalistas ni sus veleidades tercermundistas, sino porque aquellos saben que, con él al frente de la nación, va a ser un juego de niños para ellos conseguir sangrar y expoliar al resto de autonomías, antes de que decidan volar por si mismos separándose de España. Claro que pactar con los del PNV es igual que hacerlo con Batasuna o con ANV o, para no irnos con más engaños, con la propia ETA, que es quien dirige los hilos del tinglado nacionalista desde detrás de las bambalinas.

Pero vayamos a fijarnos en lo que el señor Rodríguez Zapatero no ha dicho o no ha querido decir. Podríamos empezar por recordar sus palabras del principio de su mandato como presidente del Gobierno. Entonces hizo patente que colaboraría con el PP en su afán de erradicar la lacra del terrorismo de España; que se apoyaría en el Pacto por las Libertades y en la Ley de Partidos; que se mostraría dialogante con todos y que haría una política de gobierno para todos los ciudadanos, fueran de uno u otro signo político. ¿Qué se hizo de tales buenos propósitos? Seguramente para ZP será aquello que mencionó el poeta: “ el tiempo que llevas en ti, es un tiempo distinto del que llevo en mí” porque de lo que dijo a lo que ha hecho se puede decir que existe un vacío paradójicamente repleto de deslealtades, contradicciones, incumplimientos, maldades y exclusiones, que ha tenido la rara, incomprensible y anonadante consecuencia de haber pretendido convertir al partido no gobernante en el malo de la película a la vez que el Gobierno, por una rara combinación de astucia, maldad y prepotencia, ha vendido a los ciudadanos que su actuación siempre ha sido limpia, honrada y beneficiosa para los españoles, o sea, la antítesis de la realidad. Olvidan, interesadamente, las negociaciones que desde hace años mantenían en secreto con ETA; olvidan sus presiones a los fiscales para que no detuviesen a terroristas durante sus, tantas veces negadas, conversaciones con los terroristas; olvidan su pretensión de llevar el contencioso etarra a las instituciones europeas; olvidan las repetidas promesas y declaraciones negando la evidencia de que negociaban con ETA; olvidan los atentados y olvidan los crímenes de ETA para intentar llegar a acuerdos espúreos que les beneficiaran electoralmente. También ha olvidado, el señor ZP, mencionar las veces que ha engañado al señor Rajoy pidiéndole oficialmente colaboración para, cuando le ha convenido, acusarlo de desleal y traidor porque el líder del PP no ha querido colaborar en la entrega de Euskadi a los terrorista y separatistas vascos.

Tampoco parece que el señor Zapatero se haya percatado de los tropezones de sus ministros y de los millones de euros que les han costado a los ciudadanos españoles el tenerlos engañados ante la crisis mundial que se cierne también sobre España. No habló el señor Zapatero del encarecimiento brutal de las hipotecas ni del aumento exagerado de los recibos de las energías ni del aumento del desempleo ni de la disminución de las afiliaciones a la Seguridad Social ni del aumento abusivo de los comestibles o de la, más que inminente, caída de la construcción con sus inmediatas repercusiones en toda la economía del país. Para él no eran temas importantes, como no lo ha sido que su propia Oficina de Economía colaborara en los chanchullos de las opas sobre ENDESA; tampoco lo han sido, y no han merecido mención alguna, sus demenciales intervenciones en política exterior como pudieran ser la bajada de pantalones ante Marruecos o el vergonzoso comportamiento de nuestra diplomacia en el caso de Venezuela, Nicaragua. Menos, y esto es comprensible, se ha referido a las abracadabrantes andanzas de sus ministras de cupo por las procelosas tempestades de la política y de los naufragios que se han producido como consecuencia de sus demenciales actuaciones. Si quisiéramos quedarnos con una frase quizá escogiéramos la docta, ilustrada y descriptiva forma con la que Magdalena Álvarez quiso explicar los retrasos del AVE de Madrid a Málaga; dijo la ministra con referencia al traductor informático: “la vía no entendía lo que le decía el tren…” una prosopopeya verdaderamente enternecedora pero… poco científica ¿no? ¡Vaya!, para niños.

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