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Etiquetas:   Reales de vellón   -   Sección:   Opinión

Un deseo para 2008: Cordura

Sergio Brosa
Sergio Brosa
martes, 1 de enero de 2008, 14:57 h (CET)
Lucio Anneo Séneca, filósofo cordobés (4 a.C.- 65 d.C) escribió a sus 62 años de edad, “De vita beata” (De la vida bienaventurada o de la felicidad) en cuyo Capítulo VI, “Placer y felicidad”, escribe: “Y sin cordura nadie es feliz, ni es cuerdo aquel a quien le apetecen cosas dañosas como si fueran las mejores.” La cordura es una de las cosas que componen el sumo bien, añade en el Capítulo X.

La cordura es la prudencia, el buen seso; el juicio y la sensatez. El “seny” que decimos en Catalunya y que tanto echamos de menos en todas las áreas de la vida pública.

Algo que parece tan connatural y es tan ajeno a la vez en la mayoría de las decisiones que se toman; de la forma de actuar de las personas. Sin mencionar a los políticos o clase política, como algunos de ellos aborrecen ser encasillados, como colectivo ajeno a las personas que son los demás humanos.

Es innecesario echar la vista atrás; repasar los hechos principales del 2007 que hoy acaba o cualquiera de los años anteriores, hasta donde se quiera retroceder. Ninguno de ellos muestra excedentes de cordura, sino gran insuficiencia de ella.

Es por ello que expreso el deseo de que para 2008 la Cordura tenga lugar de honor en nuestros foros; en nuestras vidas y en las decisiones políticas que nos afectan a los administrados. En lugar de seguir ocupando el sitio de Hrundi V. Bakshi, al que da vida Peter Sellers, en la cena de la película de Blake Edwards, “El guateque”.

Sin cordura seguiríamos como hasta ahora y eso no es una gran perspectiva, mientras que el buen juicio y la sensatez harán este mundo más llevadero. La ponderación, la madurez, el tino o el equilibrio, todo ello sinónimo de cordura, harán de éste un mundo mejor.

La cordura global hará que el tercer mundo no esté tan alejado; con prudencia y buen seso, el mundo desarrollado sabrá cómo cooperar para que los países en desarrollo se aproximen ni que sea al vagón de cola, en lugar de estar cada vez más alejados del tren del bienestar y la igualdad de oportunidades, pues a penas pueden ya vislumbrar la tenue luz del farolillo rojo que se pierde en la distancia. Y de prosperar las “inversiones necesarias” para paliar el supuesto calentamiento global de origen antropogénico, con el paso del tren del progreso se procederá a la remoción de las vías por las que ha circulado hasta ahora, de manera que los países en desarrollo nunca van a poder alcanzarlo y serán las grandes multinacionales verdes quienes les instalarán el progreso a domicilio. A qué precio ya se verá.

Nuevas formas de colonización despuntan en el horizonte inmediato, ahora vestidas de ecofashion, para vender sus servicios a los países en desarrollo; y al resto también.

Dice Alvin Toffler que unido al fundamentalismo ve otro fenómeno que estaría creciendo en los últimos tiempos: la “ecoteocracia”. Percibe que a partir de una necesaria cordura ecológica se estaría desarrollando una peligrosa unión de fundamentalismo religioso con fanatismo ecológico. Estarían apareciendo así una especie de «ecoteólogos», que habrían estado asumiendo un cierto liderazgo de las corrientes ecologistas.

La cordura es fundamental, pero no se la debe retroalimentar, pues dejará de ser entonces ponderación, tino y equilibrio, para devenir otro tipo de fundamentalismo, como dice Toffler. Y así lo vemos en la actitud de tantos fans del IPCC que se han convertido a una nueva religión y los disidentes son tachados de herejes, como afirma el profesor Patrick Michaels, del Departamento de Ciencias del Medioambiente, de la Universidad de Virginia, en el documental “El gran timo del calentamiento global”.

En cualquiera de los casos, no podemos sino desear Cordura, pues como decía el enciclopedista Denis Diderot en 1778, en su “Essai sur les règnes de Claude et de Néron”: “Si Séneca y Burro no impidieron que Nerón repudiara a Octavia es que no pudieron hacerlo: no se ordena la cordura a un soberano lo mismo que a un niño.”

Así pues, como a niños, que el 2008 nos traiga a todos Cordura. Feliz Año.

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