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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

ETA y la esperanza

José Romero
Redacción
lunes, 31 de diciembre de 2007, 05:09 h (CET)
ETA pone bombas y muertos sobre la mesa porque alguien pone esperanza, es ella quien abastece sus arsenales, ella quien aviva su saña y nutre su cantera: lo ha sido siempre.

Nadie puede vivir sin esperanza, y ETA, por más fanática que fuese, que no lo es, pues es metódica hasta la náusea en lo criminal de su acción, no iba a ser una excepción. Y es que ETA, y eso es algo que no debemos olvidar, no nace de la descarnada desesperanza que cruza el rostro de los desheredados, sino de la placida esperanza de los felices herederos.

ETA fue en origen el resultado del maquiavélico plan de un grupo de hombres y mujeres que temerosos de perder su esplendorosa esperanza y creyéndola inmutable y enajenable, no dudaron en desesperar artificialmente a sus hijos para que establecieran fronteras donde ésta pudiera pacer segura y sin contaminar por los siglos de los siglos.

Pero la esperanza no es sino el resultado de un estado de ánimo concreto y fugaz, un equilibrio dentro del natural desequilibrio económico, una percepción enfermiza cuando se la quiera convertir en espíritu que saluda y distingue a un pueblo.

No obstante esa verdad sólo la desconocen cuatro descerebrados de los muchos que se echan a la calle a intimidar, extorsionar, agredir y asesinar a sus conciudadanos. Todos los demás conocen el secreto, pero en atención a los más variados intereses personales o de grupo han encontrado en ETA su esperanza, es decir, que han hallado utilidad a la banda para un fin concreto: hacer posible aquello que la ambición le demande.

ETA es hoy por hoy la esperanza de muchos hombres y mujeres que ven en ella un magnífico negocio. Un negocio en el que no necesitan invertir grandes sumas de dinero en materias primas o bienes de equipo, un negocio en definitiva al que le basta, paradoja de paradojas, proveerlo de esperanza: la de hacerles ver que pueden conseguir sus objetivos, que les asiste la razón y que su existencia denuncia por si sola un estado de flagrante injusticia.

La fúnebre mentira llena de desesperanza los corazones de los hombres de buena voluntad que en el noble afán de la resistencia hallan el camino del cementerio, de la persecución, la clandestinidad o el exilio. Los demás no somos sino un rebaño de desalentados al servicio de la desalmada esperanza de ese puñado de miserables que han sabido aprovechar la desgarrada desesperanza de unos y la criminal esperanza de los otros.

Tengamos el valor, en honor a la memoria, la dignidad, la libertad y la justicia, de nombrar uno a uno y en voz alta a todos aquellos que medran en torno a ETA, para el día en que se quieran erigir en nuestra esperanza podamos renegar de ellos y de ella.

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