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Etiquetas:   La parte por el todo   -   Sección:   Opinión

De esta agua no beberé

Óscar Arce Ruiz
Óscar Arce
lunes, 31 de diciembre de 2007, 04:48 h (CET)
Siempre que sale a la luz una intervención policial vinculada al desmantelamiento de una red de corrupción, se oyen voces críticas que condenan la prevaricación y el uso interesado de la posición con respecto a la Administración.

Pasó con el famoso caso Malaya en Marbella y con la operación Guateque de Madrid, pero también ocurre cada vez que algún cargo administrativo o político favorece a alguien por motivos de sangre o económicos.

Algunas de esas voces pertenecen a personas que se sienten muy seguras de sus valores y a las cuales ofende el solo hecho de dejar una puerta abierta a la posibilidad. Entre ellas, como en todos los colectivos, se esconde el apasionante grupo de quienes no admiten otro discurso que el suyo que, claro está, es el correcto.

Es fácil reconocer a estos últimos, si en el momento en que se dispara la indignación por las ayudas extraoficiales se tira gasolina al fuego con un inofensivo “yo no sé lo que haría en esta situación”. Los moralistas de bolsillo pulirán entonces las hojas de sus espadas.

Y no nos confundamos, la mayoría piensa que utilizar una posición determinada dentro de la estructura de poder para beneficiar o beneficiarse uno mismo está, por decirlo llanamente, mal. Pero somos pocos los que reconocemos en el humano que yerra a gran escala el humano que yerra dentro de nosotros.

A pesar de ello, todos nos esforzamos por sacar partido de nuestras circunstancias particulares sin plantearnos si debemos o no debemos hacerlo. Tiramos de la cuerda en la medida de nuestras posibilidades alentados por la creencia de que todo el mundo hace lo mismo. Incluso quienes tienen muy claros sus valores y sus principios hacen alguna fotocopia de más.

También ellos (sobre todo ellos) condenan fervorosamente la corrupción, y se horrorizan cuando las investigaciones avanzan y descubren nuevos detalles de las tramas.

Responde esta reacción acaso a la defensa de quien no tiene poder sobre el futuro y no sabe cómo reaccionará ni movido por qué estímulos o coacciones. En otras palabras, la reacción de quien confunde el ideal moral con el imperfecto ser humano que es.

Quizás tras reflexionar sobre ello deberíamos mirar con otros ojos a Rousseau y anotar que más que bueno por naturaleza, el hombre es malo hasta donde puede.

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