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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

La Educación

Ana Abella
Redacción
lunes, 31 de diciembre de 2007, 05:03 h (CET)
Se dice que nuestro nivel educativo es hoy inferior al de otros países europeos. Ignoro que asignaturas y que contenidos ofrecen fuera de nuestras fronteras. Pero si sé que los niños y jóvenes actuales saben menos de algunas cosas que nosotros aprendimos forzosamente. Y me pregunto que es educar y para qué educamos.

He mirado el diccionario y he escogido la siguiente definición: “desarrollar o perfeccionar las facultades de una persona”. Y sin embargo me temo que la mayoría de planes educativos pretenden crear seres uniformes que pueden caer fácilmente en manos de manipuladores que se mueven por el poder, el negocio o la locura. Porque el verdadero peligro es no ofrecer una educación que haga comprender que no hay verdades absolutas sino retazos de verdad y que cada uno debe buscar su pequeño trozo.

Y pensando, he llegado a la conclusión que las asignaturas podrían resumirse en cuatro:

• La primera trataría del conocimiento de diferentes opiniones de escritores, y filósofos, sobre la historia, la vida y el mundo. Para ello naturalmente habrá que dominar el lenguaje hablado y escrito, y disponer de variada y extensa biblioteca así como de uso de fuentes informáticas. En clase se comentarían en grupo y a través de escritos personales. Ah! y la mejor manera de conocer la geografía será viajando y hablando con la gente del lugar.

• La segunda asignatura se referirá al ámbito científico. Mediante laboratorio se investigará o se accederá a interesantes descubrimientos.

• En la tercera se desarrollarán las habilidades artísticas, porque la belleza y la creatividad pueden transformar el universo.

• Por último habrá una educación práctica en valores tales como el compartir, y el respetar, sin olvidar el valor del esfuerzo y del trabajo.

Me gustaría conocer la opinión de maestros y políticos sobre éste modo de educar. Puede que los últimos no las encuentren útiles para sus intereses. Pero yo pregunto:

¿Tendrían poder los fanáticos del terrorismo con ciudadanos libres y satisfechos?

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