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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

La paridad y las ministras de ZP. Nunca una desgracia llega sola

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 29 de diciembre de 2007, 23:22 h (CET)
Es un hecho conocido que, en España, en cuestiones políticas acostumbramos a comportarnos como un péndulo,. obviando el tan deseado y tan difícil de conseguir término medio o centro. Pero no nos debiéramos admirar de que esto ocurra dado nuestro particular carácter carpetovetónico, capaz de las contradicciones más insospechadas, como pudiera ser el acto altruista de lanzarse al río para salvar la vida de un perro o hallarse ante un monstruo capaz de colgar a un pobre galgo del cuello atado a una rama de un árbol para que se muera lentamente, por el mero hecho de haberse vuelto viejo y no servir para cazar o para correr en el canódromo. O somos blancos o somos negros, pero es difícil que nos quedemos en grises o que admitamos y respetemos a los que tienen un color político diferente al nuestro. Como esta circunstancia de los españoles no nos es ajena y la hemos comprobado en diversas fases de nuestra historia ( 2 de mayo de 1808) o en la más reciente Guerra Civil de 18 de Julio de 1936; cuando observamos los cambios que pueden producirse por el sólo hecho de haberse cambiado un gobierno; por el simple matiz de que sea otra facción la que adquiera el poder, que no son sólo adversarios políticos de los que gobernaron con anterioridad, sino que, además, se la tienen jurada porque arrastran todavía rencores, antiguos agravios y viejas rencillas que parece que, con el transcurso de los años, en lugar de desvanecerse y perder virulencia, se van enconando y enquistando hasta convertirse en un tumor maligno integrado de odio y deseos de venganza; no podemos menos que pensar que, en España, no tenemos remedio.

Y es, precisamente, esta manera de ser la que es culpable de que los cambios de gobierno –cuando entrañan que un partido sea sustituido por otro, cuando los blancos dejan el poder a los rojos; aquella que lleva, generalmente, aparejada el convertir en tábula rasa todo lo llevado a cabo por los anteriores gobernantes, fuera bueno o malo (que para el caso no importa), para sustituirlo de cabo a rabo por otras actuaciones, por nuevas reglas y por distintos contenidos –, sean o no sean adecuados a las circunstancias; causen o no alteraciones importantes en el sistema de gobierno; perjudiquen o no a la economía, la ética o las conveniencias de los gobernados; traumaticen a la ciudadanía. Es el sistema basado en “al enemigo ni agua” o lo que pudiera ser lo mismo “del enemigo ni agua” y esto es lo que, al parecer, pensaron estos señores que nos gobiernan cuando accedieron en el 2004 al gobierno de nuestra Nación. En un plis–plas consiguieron cargarse, mejor que lo hubiera hecho el famoso Othar, el caballo de Atila, con sus herbicidas cascos, todo lo que el PP había edificado durante sus ocho años en el gobierno.

Y por si no fuera bastante, establecieron la famosa Ley de Paridad de géneros, aquella que se cargó el mérito, la inteligencia, la preparación y la idoneidad para supeditarla al simple y natural hecho diferencial de ser un hombre o una mujer. Si señores, una natural diferencia sexual, en nada relacionada con las capacidades mentales de los individuos, que se impuso por Ley, saltándose a la torera (como en tantas otros temas) aquello que la Constitución dejaba especificado en su artículo 14, cuando habla de que “los españoles son iguales ante la Ley sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de…sexo”. Lo cierto es que, desde entonces, se han de cumplir las condiciones de “paridad” en todas las listas electorales en la proporción de uno a uno o lo que podríamos denominar como “parejas electorales”. La consecuencia de semejante invento la estamos padeciendo los españoles en nuestras propias carnes, porque el ramillete de ministras que nos ha traído la dichosa disposición es como para convertirse uno en un misógino integral. Y es que no hay para menos porque si la Trujillo se inventó los pisos checas de treinta metros; la Elena Salgado en su faceta de Ministra de Sanidad y Consumo quiso privarnos primero de comer hamburguesas y después de beber vino y quién sabe lo que hubiera llegado a prohibirnos si la hubieran dejado seguir en su cargo; tampoco se quedó manca la Cabrera Calvo-Sotelo que, aparte de tener muy bien organizada su economía gracias a sus contactos y a su marido, el señor Carlos Arenillas (famoso por sus pantagruélicas comidas), es la mejor patrocinadora de este libelo socialista que se llama “Educación para la ciudadanía” ( faltaría precisar qué clase de ciudadanía es la que pretende educar con tal panfleto: será la de la amoralidad, falta de ética y, muy probablemente, la homosexual).

Pero la joya de la corona, la más especial de las ministras y el ojito derecho de ZP, es la inconmensurable Magdalena Álvarez. Verán ustedes, si hubiera sido una persona modesta, humilde, y capaz de reconocer sus errores, quizá hubiera conseguido conmovernos por aquello de la compasión que suelen generar, en el ciudadano, aquellas personas que además de ser gafes parece que el sino se empeña en castigar especialmente; no obstante, como la señora ministra de Fomento, además de haber demostrado su incompetencia, parece que se jacta de hacerlo todo bien y de que los que estamos equivocados al reprobarla somos un atajo de indocumentados; no es merecedora de nuestras simpatías ni mucho menos de nuestra comprensión y disculpa, por lo que no nos queda más remedio que recordarle su desastrosa labor en el tratamiento de la huelga salvaje de El Prat; su desconcierto en el tema del AVE de Barcelona y su completo fracaso en los problemas de los trenes de cercanías de dicha ciudad. Sus inauguraciones fantasmas con Talgos en lugar de Aves, en Valladolid, y sus desquiciadas, horteras y poco convincentes excusas en el Parlamento, salvándose de una reprobación gracias a las habituales rémoras del Gobierno que pasaron factura y consiguieron una pila de millones a cambio del voto que eximiera a la ministra. Ahora presume porque ha logrado que el AVE llegara a Málaga. Pero ya le salió el callo en el pie, porque han empezado a retrasarse y ¡claro! quién tiene la culpa es Siemens. Pero se dice que el convoy salió con 40 minutos de retraso porque el maquinista llegó tarde ¿Es que sólo tienen uno? Pretende la ministra que, con ayuda de la prensa afín, se olvide el pasado y todo el mundo la acepte como una buena gestora.¡Por un perro que maté…! Pero no pierdan de vista la propaganda porque, si nos fijamos en los titulares de los acólitos de ZP, no se ha inaugurado una Ave a Málaga, sino ¡cientos de ellos! Y habrá quien trague, claro.

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