Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Lo que va del cachete a la bofetada

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 28 de diciembre de 2007, 23:02 h (CET)
En verdad que este Gobierno, cuya última singladura ya está tocando su fin, nos tiene acostumbrados a las más diversas y rocambolescas peripecias, pero, por lo visto, su capacidad para ponernos a todos de los nervios es ilimitada y, sus salidas de tono e incontinencias, parece que, por mucho que se hayan pegado contra el aguijón de la imperecedera realidad, no tienen freno. Primero nos sorprendieron con los matrimonios de homosexuales; luego quisieron ponernos a dieta de carnes grasas; un poco más tarde quisieron que viviéramos en casas-lata de conservas con los inventos de la ministra Trujillo; a punto estuvieron de privarnos beber vino; taimadamente nos ocultan la llegada de la crisis de las hipotecas; se cargan los trenes de cercanía con el AVE que no llega y, si lo hace, es a costa de superar baches y lagunas y, por si fuera poco, algunas estaciones están inasequibles para los ciudadanos; pero su máximo logro, su verdadero triunfo, ha sido estudiar y poner en práctica todos los medios de que dispone el Estado, que no son pocos, para acabar con la familia tradicional y hundir los valores morales y éticos de la ciudadanía, en especial de los jóvenes. Se comenzó implantando en la enseñanza, obligatoriamente, la famosa Ley de Educación para la ciudadanía, incumpliendo y violando la Constitución que impide al Gobierno interferirse en la educación de los hijos que, por descontado, corresponde a los padres. Pero, no satisfechos con tamaña insensatez y visto que el TC parece que no existe en España y que, por lo visto, prefiere entretenerse en aquello de ver cuál de los magistrados tiene más grande la cabeza, en lugar de cumplir con su misión de defender el cumplimiento de los preceptos constitucionales; se han salido con una de sus habituales meadas fuera de tiesto con lo de la prohibición del típico, tradicional e inofensivo “cachete”.

En primer lugar, deberíamos precisar el sentido que se le atribuye al término, porque si bien en el diccionario se lo define como un golpe con la palma de la mano en la cara o el carrillo la interpretación habitual es la de dar un golpe en cualquier parte del cuerpo menos en la cabeza, en cuyo caso es un coscorrón o un pescozón. Pero, es lógico que todo debe medirse en su justa medida y se debe distinguir, no sólo la acción en sí, sino su intensidad, el contexto en el que se produce el castigo y la función que se le atribuye al acto de cachetear. El pretender generalizar aplicando una norma restrictiva atribuible a cualquier tipo de cachete, es tanto como privar a los padres a una de las pocas facultades que se les han venido atribuyendo desde que el mundo es mundo. Me imagino a nuestra madre comín, Eva, reprendiendo al travieso Caín e intentando que dejara de jugar con la mandíbula del burro” Mira, Caín, que ya me tienes harta, ¿cuántas veces tengo que decirte que con esta quijada te puedes hacer daño o lastimar a tu hermano? Seguramente si a Caín le hubieran dado un buen cachete, no hubiera acabado con el pobre Abel de un quijadazo de no te menées. En Catalunya se usa una palabra para definir la ecuanimidad, la moderación y el buen sentido, es el “seny”, que podría traducirse al castellano como la “sensatez”. Bien es cierto que en el Tripartit no parece que lo practiquen mucho, a la vista de cómo van las cosas en la autonomía (¿o debiera decir nación?), pero esto es desviarnos del tema. El hecho es que, si a los padres se les priva de poder corregir a una criatura de corta edad con lo único que los niños son capaces de comprender, un cachete o un cachetito, si se quiere; ya me dirán ustedes cómo se le hace entender a rorro que no debe de meter el dedito en los agujeros del enchufe de electricidad o como corregirle cuando quiera tirar del mantel con el peligro de que le caigan los platos encima.

Un poco de cordura, señores. Sepamos distinguir las diferencias entre lo que es una bofetada, con lo que ésta supone de vejación, humillación y descrédito para quien la recibe, de lo que es un simple cachete cuya función no sólo es la de corregir, sino, en la mayoría de casos, la de crear en el niño una llamada de atención que le sirva de defensa para preservar su integridad, al asociar aquella acción que le pudiera dañar con el cachete, inocuo y preventivo, que le han propinado sus padres. Me gustaría que todos estos sesudos varones y mujeres, que tanto presumen de psicólogos y defensores de los menores, sean capaces de encontrar un método más sencillo, más aleccionados y más eficaz de un cachete a tiempo para corregir una conducta inconveniente o peligrosa de un menor. Vaya usted a razonar con un niño de tres años que ha cogido un cuchillo de la mesa de la cocina, y que está jugando con él, pretendiendo explicarle los peligros de manejar un objeto punzante y cortante y de la conveniencia de que lo deposite con cuidado en su sitio; cuando usted está temblando de que, de un momento a otro, el chiquillo se saque un ojo.

Quizá, lo que debieran haber modificado, estos sabios del PSOE, es la ley que considera menores a las personas hasta que cumplen los 18 años. No casa muy bien esta protección especial que se les concede a estos sujetos, de casi dos metros de altura y más fornidos que sus padres, con una ley que intenta protegerles, ¿de qué y de quién? Está demostrado que muchos de los delitos de agresiones proceden precisamente de estos “protegidos” por la Ley. A quien debieran proteger las leyes es a sus padres que, en ocasiones, son vapuleados, escarnecidos y humillados por sus propios hijos. Dónde se ha visto este abuso absurdo de que sujetos, hombres hechos y derechos, puedan vivir a expensas de sus padres y, dónde, que deban aguantar todas las barrabasadas de hijos drogadictos, alcohólicos o antisistema, sin poder librarse de ellos por el mero hecho de que no hayan querido abandonar el domicilio familiar o por no tener la mayoría de edad. Y ahora ustedes, los socialistas, por pura demagogia van a impedir a los padres que corrijan a sus hijos con un simple cachete. Es posible que, si a muchos de estos muchachos, que han seguido el camino del delito, de la drogadicción o de la agresión y el crimen, sus padres les hubieran administrado, a tiempo, un buen chachete u otro correctivo similar, no hubieran caído en las redes de la delincuencia o el vicio. Todo es cuestión de mesura y, el hecho de que se produzcan abusos por parte de algunos padres descastados, no es óbice ni motivo para que se presuma que todos los padres son maltratadotes. Tenemos al Gobierno para que se ocupe de aquellos menesteres que superan las posibilidades de los ciudadanos como tales, sin embargo, esta clase de intrusismo anticonstitucional que, con la colaboración de una Justicia desgastada y devaluada, intenta el Gobierno, no es más que un síntoma de su totalitarismo y de sus intenciones de convertirse en el factotum, tipo Gran Hermano, con poderes amplios para dirigirnos a todos hacia los fines que se ha propuesto: la abolición de las libertades individuales y la implantación del Estado omnipotente y avasallador. ¡No, gracias!

Noticias relacionadas

El nefasto cuento de la lechera del separatismo catalán

“Es lastimoso que seamos seducidos por nuestras propias bufonadas e invenciones” M.E de Montaigne

Sin retorno

a locura melancólica no tiene sentido; pero el reto del progreso no admite enajenaciones

Sardana catalana en el Club

Convocados Meritxel Batet, Francesc Carreras, Juan Carlos Girauta, Juan José López, Josep Piqué y Santiago Vila

Chiquito

Un ángel más nos ha abandonado este fin de semana

Las familias requieren de un bienestar social

Hace falta más coraje para combatir intereses mezquinos
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris