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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Pasajeros fastidiados

Octavi Pereña
Octavi Pereña
jueves, 27 de diciembre de 2007, 01:33 h (CET)
La tele a menudo se hace eco de los incidentes que ocurren en los aeropuertos y nos muestra imágenes de pasajeros desesperados tumbados por el suelo con las cabezas reposando sobre las bolsas de mano, debido al retraso o cancelación del vuelo que los llevaría al lugar donde pasar las vacaciones. Con suerte, algunas de estas personas se las aloja en hoteles. Una persona inmunizada a estas incidencias debido a su trabajo, bautiza a las víctimas de la pasión viajera: “pasajeros fastidiados”.

Esta desagradable experiencia bien la podríamos considerar una metáfora de la vida. Realmente somos viajeros que nos encontramos de paso por este mundo hacia una existencia eterna de salvación o de condenación,, que no puede describirse con palabras. Referente a nuestro viaje terrenal, que por cierto sabemos cuando lo iniciamos pero no cuando finalizará, se nos enseña a “contar los días para adquirir sabiduría de corazón”, como recordatorio de la brevedad de la vida física para que nos preparemos para la nueva condición que nos aguarda. Pues bien, durante este viaje de duración indefinida se nos presentarán diversidad de situaciones fastidiosas.

Si el lector es mujer, quizás sea una víctima de la plaga tan extendida de violencia doméstica o de género, como se prefiera llamarla, que sobrelleva la situación con resignación para no escandalizar o guardar en el anonimato la triste suerte que lleva. Tal vez es un padre o madre que es el blanco de los malos tratos filiales, que desgraciadamente se van poniendo de moda. Es posible que se vea afectado por una remodelación empresarial y peligre su puesto de trabajo. Si este escrito llega a manos de un barcelonés, puede ser posible que sea uno de los afectados por el gran apagón que afecto a miles de usuarios de energía eléctrica, o uno de los sufridos pasajeros de los trenes de cercanías de RENFE, en cuyo caso el fastidio es mayúsculo. Podemos añadir más situaciones fastidiosas: Un familiar drogadicto, un hijo juerguista, una enfermedad crónica……Se dan tantas situaciones que no sabemos cómo quitárnoslas de encima y, si en alguna ocasión alguien consigue desprenderse de una de ellas, en un santiamén se presentan de nuevas.

La propaganda que hacen las clínicas dermoestéticas puede ser una ilustración de que con dinero nos podemos desprender de aquello que nos desagrada y que nos fastidia. La verdad es que por esta vía jamás conseguiremos liberarnos por completo de aquello que nos molesta y que hace fastidiosa nuestra vida. Los fastidios siguen haciendo de las suyas a pesar de los cambios externos que puedan darse y las angustias se sieguen produciendo sin cesar.

Seamos sinceros. Mientras estemos en este mundo no podremos expulsar del todo aquello que nos molesta. Hemos de aprender, nos guste o no, a convivir con estos estorbos. La pregunta es: ¿qué puedo hacer para que no me dañen?

La filosofía vigente de la vida nos enseña que las cosas negativas no deben posesionarse de nuestras personas. Idea absurda porque todo aquello que consideramos negativo es una realidad palpable e ineludible en nosotros. La cuestión radica en si lo que consideramos negativo realmente lo es. La Biblia nos enseña que todas estas situaciones fastidiosas que se nos presentan nos son útiles. Tienen la finalidad de hacernos comprender nuestra debilidad e impotencia y nos acercan a Dios, fuente de poder, a buscar el socorro necesario para enfrentarlas victoriosamente. El problema radica en la incredulidad, falta de sabiduría tan extendida, que anida en nosotros y que nos impide acercarnos a pedir ayuda a quien en verdad pude ofrecérnosla. Para acercarse a Dios es preciso creer que existe verdaderamente. De ahí la importancia del consejo apostólico que nos ayudará a salir del atolladero en que estamos metidos y del que no sabemos como salir: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Santiago,1.5).

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