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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

Con buen nombre por las lenguas de las gentes

Ángel Sáez
Ángel Sáez
miércoles, 26 de diciembre de 2007, 02:38 h (CET)
“–Una de las cosas –dijo a esta sazón don Quijote- que más debe de dar contento a un hombre virtuoso y eminente es verse, viviendo, andar con buen nombre por las lenguas de las gentes, impreso y en estampa. Dije, con buen nombre, porque, siendo al contrario, ninguna muerte se le igualara”. Miguel de Cervantes Saavedra

Encuentro, no sólo teórica, sino prácticamente, un evento imposible dar una cuenta escueta y exacta, quiero decir, sacar a colación de las pocas líneas, que he previsto que contenga o vayan a conformar este texto, los nombres de todas las personas que, de una forma u otra, en mayor o menor grado, han contribuido a que servidor (usted, desocupado lector, ya sabe, para unos, E. S. O., un andoba de Cornago, Otramotro, para otros) fuera un hecho apodíctico, una realidad literaria irrefutable; a las que hoy, lunes, 24 de diciembre de 2007, cumpleaños de mi dilecto primo Jesús Roberto (ergo, querido, con cariño y de corazón, ¡muchas felicidades!), Nochebuena, me apetece un montón rendirles el tamaño homenaje que se merecen, testimoniarles mi admiración proba y darles muestras bastantes de mi gratitud inconcusa, admiración a espuertas y respeto venerando. Permítaseme que las aglutine, concentre o resuma en torno a los genios y las figuras de dos de mis más reputados maestros, uno, tratado, don Jesús Arteaga Romero, sacerdote Camilo, navarro, como el que firma abajo, quien, por cierto, el pasado 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción, eso supe el otro día, celebró (ahí es nada; por lo tanto, ¡enhorabuena!) sus Bodas de Oro, 50 años de profesión religiosa; y otro, al que sólo he tenido la oportunidad de poder rozar con las yemas de mis dedos a través de sus prolongaciones o renuevos literarios y quien, felizmente, obtuvo (pues se había hecho digno acreedor al sumo galardón de las Letras españolas) el Premio Cervantes en 2004, don Rafael Sánchez Ferlosio, romano (o sea, eviterno), quien me ganó definitivamente como relector suyo con una obrita estupenda, “Pecios”, que a muchos náufragos y fracasados puede parecerles la repanocha, el colmo de los colmos. Y es que, como escribiera don Rafael, “las mismas cosas tienen, en distintos días, distintos modos de acontecer y lo que ocurrió bajo la lluvia (de premios, felicitaciones y enhorabuenas) sólo bajo la lluvia (de lágrimas y milagros) puede ser contado”.

Cuánta razón le asistía (tanta, que le desbordaba por los cuatro costados) a Anne Dudley Bradstreet cuando sentenció que “la autoridad sin sabiduría es como un pesado cincel sin filo; sólo sirve para abollar, no para esculpir”. Tres cuartas partes de lo mismo cabe afirmar de las palabras que escogió Jacques Deval para sentar cátedra al acertar en reconocer que “una alegría compartida es una alegría doble; una pena compartida es la mitad de una pena”.

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