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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Paisajes con trasfondo

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 24 de diciembre de 2007, 04:01 h (CET)
A cada uno de nosotros le sucederá a diario cuando mire a su alrededor, una PANORÁMICA cambiante nos enseña sus variados matices. ¿Qué alcanzamos a detectar? ¿Cómo lo percibimos? Se trata de imágenes externas, sí, en su origen; pero los registros de ellas son elaborados y almacenados por cada uno de los sujetos observadores. Nos acercamos a unos territorios de la intimidad intransferible, es lo que uno capta, nunca serán idénticos los registros de diferentes personas. Parafraseando el comienzo del poema “Mi Hogar” de Lígia Hansen, esa es una región profunda por la que sólo yo transito. Cada yo con sus regiones propias. El poema acaba diciendo: “La verdad es que vivo allí”. Vivo en mis cosas. De igual manera, las panorámicas impregnan al observador, son vivencias peculiares y particulares de uno mismo. Lo que hagamos con dichas observaciones, vendrá a continuación. ¿Para bien? ¿Cómo infortunio? En esas tesituras se originarán tantas respuestas como individuos existan.

Sobre todo, la propensión de cada uno, su mentalidad, junto con los entornos sociales, influyen con poderosa eficacia para que cuaje una determinada forma de encuadrar los paisajes. Ni más, ni menos, una mirada muy personal. Sin menospreciar otras definiciones, son patentes una serie de MODALIDADES que pudiéramos calificar de cósmicas. Una determinada gente sólo es capaz del sentimiento isleño; más allá de su cerco, ni les interesa, ni conciben panoramas sugestivos. También se da el grupo opuesto, el de los continentales, ciudadanos aplicados para cuestiones de grandes extensiones; quizá por que lo cercano les incomode. Aunque puedan existir algunas realidades estratosféricas, una cosa es eso; muy diferente será la circulación exclusiva por esas alturas, paisajes siderales muy alejados. Algo así ocurre con los virtuales, reflejados a través de chips o pantallas, con unos contactos simulados.

De lo dicho se deduce un trasfondo que se ejercita por detrás de las imágenes visibles, unas apariencias con retranca disimulada. Resulta fácil la observación de quienes se desenvuelven entre llanuras, la planicie es su expresión más fehaciente, sin altibajos, sus espresiones son romas, con muy pocos alicientes. Otros encuentran sus acomodos en las hondonadas, con poca luz y poca aireación, figuras turbias en definitiva. Como un paso más tenebroso, están los que transitan por simas sinuosas y tétricas, su elección se aproxima a unos grados casi incompatibles con la vida; pese a lo nefasto de estas miradas, abundan en comportamientos impensables que todos lamentamos. Son esquemas GEOGRÁFICOS, que podemos completar con las visiones de quienes piensan y disfrutan circulando por laderas ascendentes hacia cumbres del pensamiento y las conductas.

Vayamos con datos más concretos. Saco a la palestra los que yo llamaría CUENTOS canallescos; pienso que pueden alcanzar tanta fama, que no una categoría elevada, como los cuentos navideños de los grandes autores. Por lo tanto, no se trata de la reedición de Dickens o similares. Baste una apreciación del cuadro que nos pintan con los “sabios” europeos y su presidente Felipe González; durante su mandato sucedió lo de los GAL, como también aquellas corrupciones de alto copete, muy recordadas aún en Navarra. ¿Sólo se recuerdan allí? Esto será distinto a los “Sabios de Grecia”, no me cabe ninguna duda. Qué decir sino de ese “progresismo” autoencumbrado que localiza su pastoreo entre las elites de Cuba; aunque luego vaya a por los Óscar de la fiebre americana, y luego pedirá el canón, no faltaría más. No pasa de un paisaje ensuciado por esas conductas, la pela y la desfachatez. Dirijamos una mirada al ministro Solbes, recurre al conejo como recomendación navideña y nos ilustra con lo que vale un euro, adobando sus afirmaciones con su desdén misericordioso. Ese desprecio al público es una auténtica burla a las personas con recursos escasos. ¿Efecto de su subconsciente? ¿Cómo hay que catalogarlo? Con estos y otros paisajes, ¡Menudo panorama!

Esto adquiere visos de una GRAN ESCAPADA. La mayoría pretende no levantar la mirada hacia los horizontes dignos. Acabamos de citar ejemplos de gente manipuladora, intentan dibujarnos un paisaje a su gusto; desprecian a los observadores potenciales. Otros procurarán no salir en la foto, eludiendo su exposición a la crítica. Con un tercer grupo de los que no prestan ninguna atención a los eventos y sus parafernalias. Como es fácil de apreciar, por unas razones u otras, se origina una huída, escapada desde la crudeza cotidiana, hacia una realidades poco claras y no pocas veces inconfesables. Por malicia o por desidia se dejan de afrontar aspectos cruciales en la vida, paisajes mentales, sociales o urbanísticos, que de todo hay. Esa falta de atención es como una droga, nos anestesia los sentidos, confunde la finura de unos posibles sentimientos.

Además de la huída esquiva, nos va la LEJANÍA, permanecemos embelesados ante lo exótico, incluso viajamos, en un alarde de búsquedas y aproximaciones hacia unas entidades o imágenes ajenas a nuestros compromisos. Se persiguen rituales extraños, ruinas míticas o conexiones inexplicables. Esta lejanía puede conducirnos hacia otras especies, con la veneración aparente de ciertos animales, a los que, por otra parte, enclaustramos en pisos y formas de vida antinaturales. No voy a insistir demasiado en las imágenes televisivas obtenidas en zonas geográficas muy distantes, es obvia la cómoda visión, por quedar al margen de las vivencias de aquí; no representan un problema acuciante para el espectador. A medida que nos perdemos en esas panorámicas, cada vez estamos menos preocupados por la elaboración propia de unos paisajes seductores.

Vamos hablando de unos esquemas que nos dibujan la forma de percibir lo que somos y por donde nos movemos. Fantasiosos hasta los extremos, perversos hasta la crueldad, tolerantes frente a las ignominias necias o simples observadores bobalicones; el muestrario resulta variopinto y en general poco estimulante. Agustín Berque es un estudioso de la evolución de los paisajes en las diferentes culturas; se hace la siguiente pregunta; “¿Cuál puede ser el sentido de un mundo en el que la verdad ya no se refleja en las cosas, pero tampoco en nosotros mismos?”. Predominan los artilugios, con el engaño siempre dispuesto, con las FALSIFICACIONES, de lo que sea, en todas las recámaras.

Con la Navidad se pone en marcha todo un elenco de iluminación y tramoyas consumistas; se promueve un notorio jolgorio vacacional; mas también subsisten sentimientos religiosos, pese a quienes traten de rebatirlos. No sería mala cosa, pienso que se trata de una saludable ambición a desarrollar, la reconversión de los citados cuentos canallescos, plenos de perfidias y componendas hoscas; siendo sustituidos por la recuperación de ideas solidarias, por unos proyectos en consonancia con la auténtica dignidad de las personas, de todas, y no solamente de las elites gobernantes. Ese es el cuento navideño necesario con los mejores PAISAJES de la NAVIDAD.

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