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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Fiesta de la familia cristiana

Roberto Esteban Duque
Redacción
lunes, 24 de diciembre de 2007, 04:01 h (CET)
Según el Instituto de Política Familiar (IPF), en la actualidad, la familia se ve amenazada por dos graves problemas, agigantados notablemente por las “leyes regresivas” del Ejecutivo: las rupturas familiares y la “explosión del aborto”. El IPF denuncia que las rupturas matrimoniales se han visto favorecidas y potenciadas con la aprobación del divorcio “exprés”, una ley perturbadora y lesiva en orden a solucionar la crisis matrimonial, al suprimir el período de reflexión y conceder la solicitud del divorcio sin causa y de un modo unilateral. Asimismo, el citado instituto recuerda que España es “el país de la Unión Europea donde más han aumentado los abortos”. Uno de cada seis embarazos, según el informe del IPF, acaba en un aborto provocado. Los hechos parecen incontrovertibles: el elevado número de abortos unido a la baja natalidad provocan en España un “invierno demográfico” y un alarmante envejecimiento de la población. La celebración “Por la familia cristiana” el próximo domingo día 30 en la Plaza de Colón se convierte así en un magnífico escenario cuya pretensión será reconciliar con la verdad a los matrimonios y familias de España.

En el momento de ejercer un católico su derecho a voto, deberá tener en cuenta que el principio de la inviolabilidad de la vida es el primero de los principios bioéticos racionales de la persona, y que hay comportamientos absolutamente injustificables desde cualquier punto de vista, tales como el homicidio, el aborto y la eutanasia. Un católico observará siempre la necesidad de "un respeto sin fisuras a la vida, desde su inicio a su fin natural”. Es verdad que la vida física no agota todo el valor de la persona, ni representa el bien supremo del hombre; sin embargo, constituye el “valor fundamental”, precisamente porque sobre la vida física se apoyan y desarrollan los demás valores de la persona. La inviolabilidad del derecho a la vida del ser humano inocente es un signo y una exigencia de la inviolabilidad misma de la persona.

Hay atentados, relativos a la vida naciente y terminal, que suscitan problemas de especial gravedad por el hecho de que tienden a perder el carácter de “delito” y a asumir el de “derecho” hasta pretender un reconocimiento legal por parte del Estado y la sucesiva ejecución mediante la intervención gratuita de los mismos agentes sanitarios. Estos atentados golpean la vida humana en situaciones de máxima precariedad, cuando está privada de toda capacidad de defensa. Más grave aún es el hecho de que se produzcan precisamente dentro y por obra de la familia. Según Martínez Camino, portavoz y secretario general de la Conferencia Episcopal Española (CEE), "las leyes del aborto son injustas y deben ser modificadas para proteger la vida de los seres humanos concebidos y no nacidos".

Pero un católico, además, a la hora de votar no deberá tampoco sustraerse a los derechos de la familia y del matrimonio como institución, ni al derecho de los hijos a ser concebidos, traídos al mundo y educados por sus padres. El futuro de la humanidad se fragua en la familia; y, sin embargo, hay que reconocer que las últimas leyes aprobadas relativas al matrimonio y la familia dificultan la misión de ésta al servicio de la vida. Para que la familia pueda realizar su vocación es necesario y urgente que sea ayudada mucho más por parte del Estado. Las familias deben trabajar para que las leyes e instituciones del Estado no violen de ningún modo el derecho a la vida ni el derecho a educar a los propios hijos.

La celebración “Por la familia cristiana” deviene plegaria con el fin de que no se deje sola a la persona, el matrimonio y la familia; para que “la conjura contra la vida”, de la que hablaba Juan Pablo II, exponente de una constante alteración de las relaciones entre personas y familias, pueblos y Estados, no alcance la entraña de la sociedad española; con el objeto, en fin, de mostrar al mundo, como sostiene el cardenal Rouco, el significado trascendente del amor conyugal y el derecho insustituible de los padres a educar a sus hijos en sus propias convicciones. Léase y vótese en conciencia.

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